Autor Tema: Inuyasha: Malos De La Cabeza [AMOR] [LEMON]  (Leído 26788 veces)

Sugarbabe Desconectado
« en: Marzo 08, 2012, 02:49 pm »

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Inuyasha: Malos De La Cabeza [AMOR] [LEMON]
« en: Marzo 08, 2012, 02:49 pm »
Disclaimer: Todos los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi. En éste fic, algunas de sus características y de sus tramas personales han sido modificadas y llevadas a un Universo Alternativo.

Advertencia: El siguiente fic puede contener escenas Lemon y puede tratar sobre drogadicción, alcoholismo, entre otros temas que sólo son aptos para mayores de edad.


Espero que disfruten este fic :)
Si les gusta, comenten y subo nuevo capitulo ;)

INUYASHA: MALOS DE LA CABEZA

CAPÍTULO 1
LA UNIVERSIDAD


      ¿Alguna vez has aprovechado tu adolescencia al máximo? ¿Hiciste los mejores amigos y pasaste los mejores momentos con ellos en la Universidad, por ejemplo?... La mayoría de los adolescentes, como yo, y tal vez como tú, salen del colegio con el sueño de ir a la Universidad. Y una vez dentro, sus expectativas se hacen pequeñas comparadas con todo lo que allí viven. Si en el colegio no tuvieron novios o novias, en la Universidad, las tienen. Si no tuvieron sexo, en la Universidad, lo tienen. Si no fueron a fiestas, si no consumieron alcohol ni drogas, ahora lo hacen... Sin embargo, nada será como mirar a sus amigos y encontrar el perfecto refugio en ellos.

      La Universidad de Tokyo recibía esa mañana a sus miles de estudiantes de vuelta a clases. Era un edificio de arquitectura moderna de 10 pisos, con grandes jardines, canchas y demases. Daban las 9:20, y el día estaba despejado y caluroso, con suave brisa.

      La bella muchacha de cabellos azabaches y ojos chocolate caminaba por la calle apresurada y nerviosa hacia el gran edificio. Era su primer día de clases y su primer año en la carrera de Ingeniería Comercial. Usaba un flequillo a lo ancho de su frente, su cabello era muy sutilmente ondulado y caía hasta su cintura, su piel era blanca y sus ojos, grandes y expresivos. Llevaba puesto un ligero vestido de verano amarillo pastel y unas mangas tejidas color crema. Era delgada, y tenía suaves, pero lindas curvas. Al hombro un bolso y en los pies, unas delicadas hawaianas color cobre. Entró y quedó impresionada con la magnitud del lugar y la cantidas de jóvenes como ella andando de aquí a allá. Sacó un papel de su bolso donde había anotado la sala de su primera clase, sacado de un e-mail que le envió la misma Universidad. Le preguntó a un guardia más o menos la ubicación de su sala y dió con ella.

      Kagome se asomó tímidamente y se encontró con cerca de 15 estudiantes en silencio. Todos eran nuevos, y era obvio que no se conocían, lo que la hizo sentirse mejor. No era la única. Tomó asiento en un lugar, llegaron unos 10 estudiantes más y se presentó la profesora. Era el ramo de Gestión I: Empresa y Gestión, y demostraba ser una profesora acogedora, pero también seria y exigente. Llevaba 10 minutos hablando, cuando una muchacha entró apresurada, dando un portazo. Se quitó los amplios lentes de sol azules y se dió cuenta de que todos la miraban.
-Ouch, siento llegar tarde- dijo, riendo avergonzada por lo bajo.
-Está bien, sólo por ser primer día- le dijo la profesora, haciéndole un gesto para que tomara asiento. La pelirroja dió un rápido vistazo y se dirigió sin pensar al asiento sobrante al lado de Kagome, mientras la profesora continuaba hablando.

      Ésta la vió acercarse, y se asombró y se admiró por su estilo y belleza. La muchacha medía 1,60 de altura, algo más pequeña que Kagome. Tenía la piel blanca, unos cálidos ojos almendrados de un verde esmeralda y el cabello rojo como el fuego, en suaves ondas y que llegaba hasta sus caderas, con flequillos a ambos lados de su rostro. Vestía una maxi blusa arremangada y desabrochada dejando un escote, la cual era de un celeste claro. Debajo, unas leggins azul marino hasta debajo de sus rodillas y en los pies, unas sandalias blancas. Apesar del tamaño de la blusa, se notaba muy bien que tenía un muy buen cuerpo y unas sensuales curvas. Llevaba también una cartera mediana de cuero color celeste y al cuello, una cadena de oro con un nombre en oro a modo de dije: "Asami". Kagome supuso de inmediato que ése era su nombre.

      Al sentarse a su lado, miró a Kagome y le sonrió. Traía sus largas y frondosas pestañas con rímel negro y los labios con un gloss rosa.
-Hola- murmuró, y se prestó a guardar sus lentes para escuchar a la profesora. Kagome sonrió también.
-Hola- le dijo, y descubrió que en el reverso de su muñeca derecha tenía tatuada una flor de loto en tonos violeta y lila. Y tenía otro tatuaje, cubriendo todo el empeine de su pié izquierdo y el principio de su pierna. Éste era un pez koi rojo con pequeñas olas de agua, nadando hacia arriba.

      La clase siguió su curso, la profesora les hizo una pequeña y sencilla actividad de introducción al ramo y luego los dejó salir más temprano. En eso, Kagome y la pelirroja belleza volvieron a intercambiar miradas.
-Siento no haberte saludado bien- dijo ella, y se tomó la licencia de intercambiar un beso en la mejilla con ella -Ayame Nijima, un gusto- se presentó, sonriendo. Kagome le sonrió de vuelta.
-Yo soy Kagome Higurashi, el gusto es mío.
-Ya que tenemos que salir de la sala, vamos a recorrer la Universidad. ¿Te apetece?- propuso Ayame. Kagome asintió de inmediato, y salieron a caminar sin rumbo.
-¿Cuántos años tienes?- le preguntó Kagome, para entablar la conversación.
-17, ¿y tú?
-17 también.
-¿Por qué optaste por Ingeniería Comercial?
-Quiero poder administrar alguna empresa y ganar mucho dinero, ¿sabes?- rió Kagome, y Ayame rió también.
-Igual que yo, tal vez quieras hacer negocios conmigo más adelante. Quién sabe- comentó Ayame, algo misteriosa.
-¿Sí?
-Sí, verás. Mi papá prometió ayudarme a construir un bar-discoteca cuando termine mi carrera.
-Wow, ¿en serio?- le preguntó la morocha beldad, sorprendida y maravillada.
-Claro que sí, si te animas, podemos ser socias- ofreció Ayame, acentuando su sonrisa.
-Sería fenomenal, pero aún nos quedan algunos años en la Universidad- rió Kagome, y la pelirroja rió junto a ella.

      A lento caminar, conversaron y compartieron muchas cosas de sus vidas en general. Les sorprendía la confianza que se estaban inspirando y lo fácil que estaban congeniando. Kagome le contó que venía de una familia de clase media que cuidaba un templo y vivía junto a su madre, su hermano y su abuelo. Ayame le mencionó que vivía junto a su padre, su madrastra y sus hermanastros. Kagome supuso que venía de familia de clase alta por lo costoso que parecía su atuendo y cada cosa que tenía. Sus largas uñas con manicure a la francesa parecían de peluquería, percibió que su perfume era el Can-Can de Paris Hilton, su cartera era Louis Vuitton y su teléfono era un iPhone blanco. Sin embargo, no quiso preguntar nada sobre eso y al parecer Ayame tampoco alardeaba sobre esas cosas.

      Caminando y caminando, llegaron a las terrazas traseras de la Universidad, donde muchos chicos y chicas compartían. Había un Starbucks que daba hacia afuera con cómodas mesas y sillones.
-Estupendo, Starbucks. ¿Quieres un café? Te invito- le ofreció alegre la pelirroja a la morocha.
-Pues sería genial, gracias- contestó ella. Hicieron la fila, pidieron sus cafés y Ayame se dispuso a pagar cuando se dió cuenta que tenía sólo un billete de 50 yenes y no tenía cambio ni ella ni la cajera. Estaban tratando de pensar qué hacer, cuando una muchacha le tocó el hombro a Ayame.
-¿Qué sucede?- le preguntó amablemente la muchacha de piel blanca, cabello liso color chocolate y ojos marrones. Estaba acompañada por otra muchacha de cabello negro y ojos chocolate.
-No tengo cambio. ¿Por casualidad tú tienes?- le preguntó Ayame.
-¿De cuánto?
-50.
-Yo tengo- le guiñó un ojo la muchacha, sonriéndole y buscando su billetera en su bolso. Ayame le sonrió e hicieron el cambio.
-Gracias- le dijo, y entonces pagó. Ayame y Kagome recibieron sus cafés y fueron a sentarse afuera a los sillones. Continuaron conversando, y unos momentos después se acercaron el par de chicas que habían visto recién.
-Hey chicas, ¿les importa que nos sentemos con ustedes?- preguntó la de pelo negro, sonriendo al igual que la otra chica.
-No hay problema, siéntense- les contestó Kagome, sonriendo junto a Ayame. Ambas se sentaron muy alegres.
-Sango Baisotei, un gusto conocerlas- se presentó la que le había hecho el cambio a Ayame. Su cabello era tan largo como el de la pelirroja, y usaba flequillo recto. Era de la misma altura que Kagome, y tenía una figura algo similar a la de Ayame. Traía puesta una musculosa ajustada a rayas blancas y rojas, jeans pitillo, zapatos bajos blancos y un bolso blanco al hombro.
-Y yo soy Rin Erizawa, un gusto- se presentó la otra chica. Ella llevaba puestos unos short de jeans, un strapless verde limón y sandalias verde oscuras, con una cartera al hombro. Era de la misma altura que Ayame, tenía unas curvas tan suaves como las de Kagome y llevaba el mínimo de maquillaje. Su cabello era del mismo largo que el de Kagome y también usaba flequillo.

      Kagome y Ayame se presentaron, y comenzaron a simpatizar de inmediato, entablando conversación de manera fluída. Ayame les ofreció cigarrillos Marlboro Light, pero era la única que fumaba junto con Sango y ella ya tenía los suyos.

      Sango y Rin eran compañeras de Derecho, también de primer año y buscaban formar amigas al igual que Kagome y Ayame. Sango venía de una familia de clase media-alta, y sólo vivía con su padre y su hermano. Rin vivía sólo con su madre y abuela, cuya familia era de clase media igual que Kagome. Terminados sus cafés, decidieron irse a sus clases porque aún quedaba una, pero no sin antes intercambiar sus números de casa, celulares, direcciones de Facebook y MSN.

      Ayame y Kagome tuvieron su clase de Introducción a la Economía y salieron algo más temprano pues sólo era una clase de presentación.
-Bueno Kagome, nos veremos mañana. Vine en el auto de mi hermanastro, así que me iré con ellos- explicó Ayame, apenada de tener que dejarla. Kagome rió levemente, enternecida.
-No te preocupes, ve. Cuídate.
-Tú cuídate- le dijo sonriéndole, se besaron en la mejilla y tomaron caminos distintos.

      Ayame se dirigía a uno de los ascensores, cuando sonó su iPhone con Rude Boy de Rihanna. Era uno de sus hermanastros.
-Inuyasha, ¿dónde estás?
-Ya en el estacionamiento. Esperándola, mi lady- bromeó el chico. Ayame rió.
-Voy para allá- dijo, y cortó.

      En el estacionamiento, la chica se dirigió al impresionante BMW Z4 plateado, con el par de chicos de cabellos también plateados conversando. El dueño del auto era el más serio y alto de los dos, medía 1,85 y su nombre era Sesshoumaru. Su hermano, Inuyasha, medía 1,80 y parecía algo fanfarrón. Ambos tenían la piel blanca, el cabello largo con flequillo y los ojos dorados, y eran igual de guapísimos.
-¿Cómo estuvo su primer día?- les preguntó ella, llegando alegre y cálida.
-Bien- resumió Sesshoumaru, con voz grave mientras su hermano bostezaba.
-Si no hubiera sido por los chicos, hubiera sido un asco- contestó Inuyasha.
-¿También hicieron amigos? Genial.
-Sí, son Miroku y Koga. ¿Y tus amigas?- le preguntó Sesshoumaru.
-Kagome, Sango y Rin- contestó Ayame, alegre.
-Somos 4 y 4, ¿no es formidable?- le preguntó Inuyasha, bromeando. Ayame rió.
-Ya, vamos a casa- les dijo, subiéndose en el lugar del copiloto.

      Inuyasha y Sesshoumaru habían entrado a estudiar Ingeniería en Informática, pues tenían especial destreza en esos terrenos y soñaban con crear su propia marca de computadores.

      Con Ayame, se conocían hace 2 años y desde el principio, tuvieron una química casi de hermanos. Hace 3 años, sus padres se hicieron novios, hace 2 se casaron y hasta ahora viven juntos. La madre de Ayame murió cuando ella tenía 7 años, mientras el padre de ellos murió a los 5 años de Inuyasha y a los 7 de Sesshoumaru.

      La mansión de Tetsuya e Izayoi estaba ubicada en el barrio alto de Tokyo. Era simplemente impresionante, sofisticada y lujosa. Ambos vivían en la parte de adelante, mientras que los chicos tenían su mansión igual de grande en la parte de atrás, después de la gran piscina.     

      Los 3 eran unos adolescentes mimados. Tetsuya era dueño de la cadena de hoteles 5 estrellas más grande de Tokyo, el que también tenía hoteles en China, Estados Unidos e Inglaterra. Izayoi por su parte, había heredado la automotora Kuwabara de manos de su padre. De ahí que Sesshoumaru poseía ese BMW Z4, mientras que Inuyasha tenía un Aston Martin DB9 Coupe en burdeo y Ayame, un Volkswagen Beetle blanco. Les tenían abiertas tarjetas de crédito de sus tiendas favoritas y además, Visa y Master Card para que compraran lo que quisieran. Además, no les coartaban su libertad en cuanto a fiestas.

      Ya en casa, Ayame se dedicó simplemente a matar el tiempo a solas. Hacia el atardecer, se encontró con sus nuevas amigas en MSN y estuvieron hasta la media noche conversando sin parar. Era increíble la facilidad con la que había hecho amigas tan geniales, estaba realmente muy feliz.

      Al día siguiente, anduvo con Kagome a todos lados y también con Sango y Rin entre breaks. A la salida, las invitó a pasear al centro comercial en su auto. Las chicas aceptaron encantadas, y no podían creer la belleza de su auto cuando lo vieron.
-¡Wooow!- dijo Kagome, emocionada.
-¡Es un Volkswagen Beetle!- exclamó Rin, atónita.
-¡De éstos se ven poquísimos en Tokyo!- le dijo Sango, sorprendida. Ayame rió.
-Vieran los autos de mis hermanastros, se mueren- les dijo, cuando notó que venían ellos -Allí vienen- les volvió a hablar, indicándoles. Las chicas se ordenaron riendo avergonzadas.
-Hola- las saludó Inuyasha, a unos pasos de ellas.
-Hola- le dijeron todas al unísono. Los encontraron muy guapos, pero a Kagome le encantó Inuyasha y a Rin, Seshoumaru.
-Oigan, ellas son Kagome, Sango y Rin- las presentó Ayame.
-Inuyasha- dijo él, quien se quedó mirando a Kagome por unos momentos.
-Sesshoumaru- se presentó él, sin mirar a ninguna en particular.
-¿Van a casa?- les preguntó Ayame.
-Sí, ¿y ustedes?- le contestó Sesshoumaru.
-Al centro comercial.
-Nos vemos en casa, entonces- les dijo Inuyasha, y se despidió con la mano.
-Chao- se despidieron las chicas, y Sesshoumaru sólo les dió una mirada. Los chicos caminaron, y las chicas se subieron al auto.
-¿Qué les parecieron?- les preguntó Ayame, pícaramente.
-Demasiado apuestos- contestaron Kagome y Rin al unísono, lo que hizo a todas matarse de risa.
-Tranquilas, chicas. Podrán conocerlos a través de mí- les guiñó el ojo Ayame, haciendo partir el auto y continuaron riendo.
-Ya que Kagome y Rin ya los escogieron, ¿tus hermanastros no tienen amigos que nos presenten?- le preguntó Sango a Ayame, con picardía.
-Sí, me dijeron que tienen dos amigos más. Ahí están los nuestros, Sango- volvieron a reír.

      La salida al centro comercial fue lo mejor que pudieron haber hecho. Exploraron todo lo que había, Ayame y Sango hicieron algunas compras, y Ayame le regaló unas cosas a Kagome y a Rin. Almorzaron Mc Donald's, estuvieron unos momentos afuera y luego Ayame las dejó en sus respectivas casas.


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Mística
« Respuesta #1 en: Marzo 10, 2012, 08:23 am »

Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #1 en: Marzo 10, 2012, 08:23 am »
Wow, para comenzar, estuvo muy interesante. Buena redacción, no noté faltas de ortografía, aunque yo para eso soy muy mala y además, el capítulo estuvo tan interesante que de haberlas, no las hubiera notado xDDD

Bien, sucedieron varias cosas en este capítulo. Las chicas se conocieron, se hicieron amigas, conocieron a los chicos... me gusta Sesshou xDDD. Me impresionó el lujo en el que viven Ayame y sus hermanastros, sus autos, ¡wow! ¿no hay manera de que salga por ahí un ferrari? y si es rojo, mejor hahaha, ewe.

Muy buen capítulo y me agradó la manera de como lo haz desarrollado. Debo confesarte que no leo lemon, así que te agradeceré mucho el aviso cuando alguno de los capítulos lo tenga xDD

Y un último consejito, sin pretender incomodarte uuu, Mmm, he notado que a la mayoría le gusta la estética en los párrafos y se ve mejor si en cada punto y a parte, o en cada párrafo, das doble espacio, así quedan separados los párrafos y la lectura se hace menos pesada y mejor enfocada. Por alguna razón, el que los párrafos estén juntos hace pesada la lectura, quizás se deba a que no es lo mismo leer en la pantalla del pc que directamente de un libro.

Me gustaría saber que más sigue, así que espero:

¡Continuación!

Agracias por compartir tu fic con nosotros xDDD

¡Cuídate!

Sugarbabe Desconectado
« Respuesta #2 en: Marzo 10, 2012, 10:13 am »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #2 en: Marzo 10, 2012, 10:13 am »
Geniaaal, kerida ;)
Seguire completamente tus consejos y pronto subire continuacion, aunke el tercer capitulo se viene lemon XD
Pero puedes saltarte esa parte, los capitulos no seran completamente lemon :)
Muxas gracias, un beso!


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Sugarbabe Desconectado
« Respuesta #3 en: Marzo 10, 2012, 06:23 pm »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #3 en: Marzo 10, 2012, 06:23 pm »
CAPÍTULO 2
QUÍMICA PURA


      Llegando a casa, Ayame encontró a Inuyasha y a Sesshoumaru tomando el sol luego de un par de chapuzones y fumando hierba. Los 3 fumaban y sus padres sabían, pero ellos guardaban sus propias plantas a salvo y en secreto en otro lugar. Aún así, no fumaban siempre.
-Hola, guapos- les dijo ella, cariñosamente.
-Ayame, ven aquí- le pidió Inuyasha, incorporándose en la reposera.
-Dime.
-Con Sesshoumaru pensamos...
-No, yo no pensé nada- lo interrumpió Sesshoumaru, quien dió la última fumada y le ofreció a Ayame. Ella lo recibió sin decir nada.
-...que sería buena idea que saliéramos mañana después de clases por unas cervezas, tus amigas y nuestros amigos- continuó explicando Inuyasha. Ayame rió.
-Pero, ¿cómo saber que tus amigos son interesantes también?- inquirió la pelirroja, fumando.
-Para eso está Facebook, sígueme- propuso Inuyasha, llevándola a la mesa de la terraza donde estaba su laptop plateada encendida.
   
      Mientras Ayame continuaba fumando, Inuyasha buscó en su Facebook el perfil de Miroku Arishima.
-Él es uno de mis amigos- le explicó Inuyasha, mostrándole las fotos del cautivador chico de ojos de zafiro y cabello negro amarrado en una coleta.
-Ya veo, es lindo- comentó Ayame, en verdad no le entusiasmaba y volvió a fumar.
-No me agrada mucho para tí, es algo casanova para sus cosas- le comentó Inuyasha, tranquilamente.
-Bueno, a Sango puede que le guste.
   
      Inuyasha puso entonces en pantalla el perfil de Koga Ryusaki. Sus ojos celestes y su largo cabello negro amarrado en una alta coleta le encantó de inmediato. Era en verdad muy atractivo y sugerente, se veía simpático y vestía muy bien.
-Me gusta- sonrió Ayame, entregándole el cigarro de marihuana a Inuyasha.
-Entonces, ¿qué dices?- preguntó Inuyasha, sonriéndole también.
-Mañana- le guiñó un ojo ella, volteando y dirigiéndose a su mansión.
-No puede faltar nadie, ¿eh?- le aclaró él, y ella le mostró su pulgar en señal de aprobación.
   
      Hacia el anochecer, Ayame se reunió con las chicas en MSN para contarles la noticia.
      MSN:
Ayame: chicas, mañana despues de clases iremos por unas cervezas con mis hermanastros y sus amigos. PROHIBIDO DECIR QUE NO!
Sango: :O
Rin: estoy dentro! :D
Kagome: wow, geniaaal! gracias, ayame! jajaja
Sango: excelente, yo tambien voy! ;D
Ayame: asi me gusta, chicas ;) sango, creo que miroku esta para ti jejeje tiene los ojos azules y el cabello negro corto, amarrado en una coleta
Sango: mmm suena muy bieeen!
Kagome: jajajajajajajajaja
Rin: jajajajaja y el chico que sobra, ayame?
Ayame: sera para miii (H) jajajajajaja es super atractivo (L) jajaja
Sango: genial, estamos todas listas :D
Rin: siii ;) jajajajaja
Kagome: estupendooo (L)
Ayame: chicas, LAS QUIERO CON LA MEJOR ROPA. y kagome: TE MAQUILLAREMOS! ;)
Sango: siii, de todas formas ;)
Kagome: jajaja :( bueno, chicas
Rin: te veras aun mas linda (L)
Ayame: esperenme!
   
      Inuyasha le estaba hablando en otra ventana de MSN.
      MSN:
Inuyasha: linda, les dije a los chicos que te agregaran a Facebook. dame los Facebook de tus amigas, con Sesshoumaru las agregaremos :)
Ayame: ok :) Kagome Higurashi, Sango Baisotei y Rin Erizawa
Inuyasha: gracias! (K) acepta las solicitudes! (koga penso que eras hermosa)
Ayame: jajaja esplendido ;)
   
      Entonces, volvió a la conversación con las chicas para avisarles y se entusiasmaron con la idea de salir con ellos aún más.
   
      Ayame aceptó las solicitudes, y de inmediato se percató de que Koga estaba conectado. Lo dejó así, sólo se dedicó a mirar sus fotos y las cosas de su muro. Continuó hablando con las chicas, cuando él tomó la iniciativa.

      Chat de Facebook:
Koga: hola, ayame :)
Ayame: hola :)
Koga: espero no te moleste que te tenga en Facebook sin conocerte aun...
Ayame: jajaja tranquilo, no hay problema ;)
Koga: jajaja genial :)
   
      Así continuaron su primera conversación, cargada de química y magia. Ambos se sintieron muy a gusto conversando aunque fuera por Chat, y depronto ansiaban que llegara el día siguiente para verse en persona.
   
      Al día siguiente, acordaron juntarse a eso de las 5 en los estacionamientos. Las chicas se reunieron una media hora antes de la hora acordada, y fueron a los baños a prepararse. Sango maquilló a Kagome, siendo aconsejada por Ayame y Rin. Kagome sólo usaba maquillaje para ocasiones especiales, pues pensaba que se veía mejor al natural y éso era verdad, pero las muchachas pensaban que se vería mejor con algo de maquillaje. Todas estaban guapísimas, en verdad iban a pasarla genialísimo.
   
      Ayame traía puesto un enterito ligeramente ajustado, strapless con short, en negro con flores blancas y con gris. La parte de arriba tenía un bolado y el short llevaba una delgada pretina para afirmarlo. En su hombro izquiero, siguiendo su clavícula, lucía el tatuaje de un colibrí en pleno vuelo, en tonos azul, verde esmeralda y celeste. En los pies, llevaba unas sandalias bajas abotinadas en gris y un bolso cruzado negro. Su cabello iba peinado en una trenza que nacía por sobre su oreja izquierda y caía sobre su hombro derecho, dejando sus flequillos libres. Sus ojos iban cargados al rímel y sus labios, de un intenso rojo.
   
      Terminaron de maquillar a Kagome, y en realidad estaba bellísima. Las demás retocaron sus maquillajes y esas cosas, y luego partieron a los estacionamientos. De lejos se escuchaba a los chicos hablando y riendo. Ellas venían cuchicheando y riendo nerviosas en silencio, y ellos pudieron notarlo de inmediato. Koga mantuvo su mirada en Ayame y ella no la despegó de él, hasta que se saludaron.
   
      Él era... demasiado guapo. Lo que lo hacía así era su piel morena, su 1,83 de altura, sus ojos celestes y su hermosa sonrisa. Vestía una musculosa blanca, unos short sueltos de jeans y unas Adidas con caña blancas con negro. Su cuerpo era delgado y fibroso, y tenía tatuajes al igual que ella. En el costado izquierdo de su cuello, llevaba un tribal negro. En su brazo izquierdo, desde la muñeca al codo, llevaba una partitura de música y todo con notas, y flameando junto a pequeñas estrellas. En su brazo derecho bajo su hombro, un lobo ahullándole a la luna. Por último, en su pantorrilla derecha, un tigre bajando.
   
      A su vez, él encontró en ella a una diosa en cuerpo de mujer. Muy encantadora, atractiva y sensual, se veía mejor en persona que por fotos. Además, olía delicioso, tenía una voz dulce y sensual y unos dientes muy blancos.
   
      Luego de que todos se saludaran e intercambiaran algunas palabras, comenzaron a discutir sobre el lugar al que irían. Pronto decidieron asistir al J Rhythm, un bar-discoteca en uno de los barrios bohemios más concurridos de Tokyo, el que tocaba reggae, dancehall, rap y hip hop.
   
      Camino en el auto de Ayame, a ésta última se le había olvidado preguntarle algo a las chicas, antes de meter la pata.
-Chicas, quisiera preguntarles algo- les dijo depronto, interrumpiendo sus risas. Todas la miraron tranquilas pero algo extrañadas.
-Dinos- le dijo Sango.
-¿Alguna de ustedes consume marihuana?- preguntó. Rin y Kagome se miraron entre ellas, mientras que Sango rió levemente.
-¿Por qué, trajiste algo?- le preguntó. Ayame rió junto a ella.
-Mis hermanastros y yo tenemos algunas plantas criadas de forma natural, y Sesshoumaru secó algo ayer.
-Genial, veremos como está. ¿Y ustedes, chicas?- les preguntó Sango a Kagome y a Rin.
-Yo nunca la he probado, pero no niego cierta curiosidad- reconoció Rin.
-Pues yo tampoco la he probado, y prefiero dejarlo así- dijo Kagome.
-Está bien, chicas. Nadie las obligará aquí. Y Rin, cuando quieras probarla, puedes quedarte a dormir en mi casa y cuidaré de tí por si te pasa algo. Tú sabes, todos reaccionamos distinto- explicó Ayame, y Rin le sonrió.
-Gracias, linda- le dijo, y luego continuaron hablando de otras cosas.
   
      Llegando al bar, se estacionaron, se encontraron, escogieron una larga mesa adentro con unos largos sillones y tomaron asiento. Ayame y Kagome quedaron juntas, al lado de ésta última estaba Inuyasha, lo seguía Sesshoumaru, luego Rin, Sango, Miroku y finalmente Koga, volviendo al lado de Ayame. De inmediato pidieron jarras grandes de cerveza para todos, y entonces se pusieron a conversar entre ellos.
   
      Koga y Ayame encendieron sus cigarros y comenzaron a conversar de inmediato. La química y la magia alrrededor de ellos se multiplicaba por mil ahora que estaban lado a lado. Se contaban cosas sobre ellos y sobre su vida, y se coqueteaban mutuamente.
   
      Mientras tanto, los chicos pasaban por momentos parecidos, pero no iguales. Kagome estaba interesadísima en Inuyasha, y a él sólo le parecía linda y simpática, por lo que se mostraba más que nada jactancioso. Sango hacía lo posible por atraer a Miroku y lo estaba logrando, y él pensaba que ella era la más hermosa, pero también las demás estaban buenas. Rin y Sesshoumaru eran los más normales. Apesar de que ella se sentía muy atraída hacia él, ambos hablaban lo justo y necesario, y en verdad él no parecía muy entretenido que digamos.
   
      Cuando llegaron las cervezas, todos comenzaron a soltarse y pronto a Ayame se le hizo agua la boca por fumar marihuana.
-Oye, ¿y tú fumas?- le preguntó a Koga. Él asintió -Mis hermanastros trajeron algo de nuestro cultivo personal- alardeó ella en tono de broma, y rió junto a Koga. Miró a Inuyasha, y le hizo un gesto disimulado. Él le devolvió la mirada, ella le hizo el gesto técnico de cuando se fuma marihuana y él entendió de inmediato. Buscó en el bolsillo de su jean y sacó un paquetito pequeño pero grueso y se lo entregó. Ella le guiñó el ojo y se lo pasó a Koga.
-Se me hace que es harto- comentó el chico, y lo olió, mientras ella buscaba algo en su bolso -Huele bien- dijo, y ella sacó un paquete de smokings.
-¿Lo haces tú o yo?- le preguntó ella, coqueta.
-Deja verte cómo lo haces- le contestó él, seductor. Ayame le guiñó el ojo, y entonces se puso a "fabricar".
   
      A eso de las 9, no había ninguno que no estuviera medio borracho o volado, en el caso de Ayame, Koga, Inuyasha, Sesshoumaru, Sango y Miroku. Kagome debía irse o su madre iba a estar muy preocupada, por lo que le dijo a Ayame sobre ésto. Y bueno, en verdad todos tenían que irse, ya era suficiente como primera ocasión que se reunían.
-¿Podría irme contigo?- le preguntó Koga a Ayame, sonriéndole. Ella le devolvió la sonrisa y le guiñó un ojo. Habló con Inuyasha para que por favor se llevara a Kagome, y le pidió a Sesshoumaru que se llevara a Rin, Sango y Miroku.
   
      Todos se despidieron, Ayame se subió al volante y Koga en el asiento del copiloto.
-Iría a algún lugar a comer algo, maldita marihuana que me da hambre- se quejó apenada Ayame, riendo levemente mientras partían.
-Detengámonos en algún lugar, yo invito. También tengo hambre- ofreció Koga, luego de reír junto a ella y volvieron a reír.
-Podríamos comer en Subway, a los dos nos gusta- recordó ella, era uno de los gustos que tenían en común en cuanto a comida.
-Será exquisito.
   
      Ayame demostró su habilidad tras el volante apesar de estar drogada y algo borracha, y en unos momentos se vieron entrando a un Subway relativamente lleno. Ella pidió el sandwich de atún pues lo adoraba, y él, el de carne. Se sentaron en una mesa algo apartada, muy cerca el uno del otro. Cualquiera que los veía, hubiera pensado que eran novios. Por unos momentos, sólo cruzaban miradas y se reían avergonzados de lo hambrientos que estaban, sin cruzar una palabra. Cuando iban en la mitad, Koga notó que Ayame tenía la comisura de los labios manchada con mayonesa y en un suave gesto, la limpió con su servilleta. Ella se sonrojó y se le acercó para besarlo coqueta y suavemente en la comisura de sus labios. Koga se estremeció y se sonrojó mucho más que ella, y continuaron comiendo en silencio, pero ahora más calmos, y casi sin parar de mirarse.
   
      Al terminar, Ayame suspiró de lo satisfecha que estaba y Koga rió, lo que hizo reír también a ella. Después, terminaron de tomarse sus bebidas.
-Wow, estaba sabroso- dijo Kouga, hechándose hacia atrás.
-Sí, muchas gracias- le dijo ella e iba a besarlo nuevamente, cuando Koga se adelantó y la besó en la boca. Quedaron mirándose de cerca por unos segundos, Ayame estaba sorprendida pues le derretía que le robaran besos. Se miraron las bocas, y Koga esperaba con ansias a que ella le devolviera el beso, a lo que ella apretó sus labios contra los suyos. Pronto, abrieron sus bocas en un acto reflejo y comenzaron a explorar sus bocas y a acariciarse las lenguas suave y profundamente. Los escalofríos recorrían sus cuerpos al tiempo en que se daban cuenta de lo bien que el otro besaba. Al final del beso, Ayame le mordió el labio fuerte y traviesamente.   
-Ouch, eso duele. Pero me gusta- rió leve y seductoramente Koga, lo que hizo reír también a Ayame. Ambos permanecían sonrojados
-Esperaba que me besaras.
-¿En serio?
   
      Ayame sólo asintió, y le acarició el rostro.
-Yo también lo esperaba, y ahora espero mucho más- dijo él, lo que impresionó a Ayame y la hizo sonrojarse aún más -Me sentí atraído a tí desde que ví tu foto en Facebook. Eres una delicia- reconoció.
-Y tú- reconoció ella también, el le acarició el rostro y volvieron a besarse.
   
     Pasaron otros momentos más así, y decidieron irse. Koga enlazó su mano con la de ella sorpresivamente, como si fueran novios. Ayame se sintió aún más a gusto así, y volvieron al auto.
-¿Te dejo en tu casa?- le preguntó, luego de que se pusieran sus cinturones.
-No, no. Sólo déjame en el centro y tomaré un autobus- contestó él.
   
      Y la chica lo hizo, pues en unos momentos encontró lugar para estacionarse en el centro de Tokyo. Koga se sacó su cinturón y se acercaron para besarse, de forma suave y profunda. Se estaban deseando y atrayendo tanto, que Koga se la hubiera llevado a otro lugar donde estuvieran solos. Pero de un momento a otro, ambos sentían que era mejor dejar que las cosas fluyeran su curso y de hecho, se sentían muy a gusto así.
-Te llamaré cuando llegue, nena. Ve con cuidado- le dijo él, disponiéndose a bajarse.
-Bueno, que llegues bien a casa- se despidió ella con un movimiento de su mano. Koga se bajó y al caminar, se daba vuelta riendo a mirarla a cada momento, y Ayame no lo perdió de vista desde su auto.


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« Respuesta #4 en: Marzo 11, 2012, 09:22 am »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #4 en: Marzo 11, 2012, 09:22 am »
Este capítulo contiene partes LEMON!

CAPÍTULO 3
SUBE LA TEMPERATURA


      La semana que siguió, empezó de lleno con las clases. Las chicas se reunían en todos los breaks, y a veces, también con los chicos. Era obvio que pronto iban a ser un gran grupo de buenos amigos. Por su parte, Ayame se veía en ocasiones a solas con Koga y cualquiera que los veía daba por hecho que eran novios. Por un momento, ambos habían pensado estúpidamente que iban a saludarse en la Universidad como si nada hubiera pasado, pero se equivocaron. Se saludaron con un beso espontáneo, suave y profundo. Y era increíble lo bien que se llevaban y lo bien que se veían juntos. Conversaban mucho, reían, se acariciaban, se abrazaban, se besaban, y todo en completa calma y relajo, como si no hubiera nada que los apresurara. Sin duda, disfrutaban muchísimo el uno del otro.
   
      Lo que pasaba entre los otros chicos, era algo diferente. El casanova de Miroku continuaba coqueteándole a Sango, pero sus amigos bien sabían que también le andaba coqueteando a otras chicas por ahí y Sango aún no se percataba de eso. Sesshoumaru y Rin, poco a poco, agarraban confianza y hablaban más, y estaba logrando hacerlo reír más seguido. Y Kagome, estaba ilusionadísima con Inuyasha, apesar de que comenzaban a llevarse mal. Ésto era porque Inuyasha era demasiado engreído y fanfarrón, Kagome era de carácter fuerte y no lo soportaba.
   
      Para el sábado, el Centro de Estudiantes de la Universidad, les tenía preparada una fiesta de bienvenida en una de las mejores discotecas de la ciudad. Ayame quedó de ir con Koga y Sango, con Miroku. A Kagome no le dieron permiso para salir, y Rin tenía el cumpleaños de otra amiga. Sesshoumaru decidió salir con otros amigos a un bar porque casi no iba a discotecas, e Inuyasha fue con un par de amigos por su propia cuenta.
   
      Esa noche, Ayame vestía una remera amarilla fluorescente, la que le quedaba grande y ancha. Tenía un cuello amplio que mostraba todo su hombro derecho, mangas cortas y llegaba hasta su cintura, enseñando lo que quedaba de su vientre plano y firme, con un piercing plateado en el ombligo. Jeans pitillo ajustados azul oscuro tiro bajo y con pretina, y en los pies, zapatos estileto de cuero dorados con taco bajo. Esta vez, llevaba su cabello rojo extremadamente liso, gracias a su plancha para pelo. Sus ojos iban maquillados con amarillo, delineador negro alrrededor de todo su ojo y rímel. Sus labios llevaban un gloss rosa claro. Se cubrió de perfume, se cruzó un pequeño bolso dorado y partió a la casa de Koga.
   
      Éste la había invitado a fumar marihuana y a beber unas cervezas antes de salir a la discoteca. Ella llegó sin mayores inconvenientes a la casa de segundo piso en un barrio de clase media-alta a 15 minutos del centro de Tokyo. Luego de estacionarse, tocó el timbre y esperó.
   
      Un momento después, se asomó una bella mujer de unos 40 años, piel morena, grandes ojos celestes y melena negra. Traía puesto delantal y se sonrieron con Ayame, mientras ella se acercaba a abrirle la reja.
-Hola, tú debes ser Ayame- le dijo, haciéndola pasar amablemente.
-Sí, y usted debe ser la mamá de Koga- respondió ella y se saludaron de beso en la mejilla, riendo. En eso, Koga se presentó corriendo en el umbral de la puerta.
-Mamá, te dije que iba a abrir yo- le dijo, avergonzado y sonrojado cuando vió a Ayame junto a ella.
-Vamos, no es problema para mí. Además, tú sabes que quería conocerla- dijo la mujer, sin parar de sonreír. Ayame se sonrojó ante el comentario y rió levemente. Koga la miró y rió también, tímidamente -¿No van a saludarse?- les preguntó ella, riendo pícaramente.
-Claro, si entras- le dijo Koga, sonrojándose aún más.
-Qué niño tan complicado- se resignó la mujer, y entró. Ayame se le acercó a Koga y entonces se besaron.
-Te ves hermosísima, aunque me gusta más tu cabello al natural- le dijo él en voz baja cuando se miraban de cerca luego del beso. Ayame acentuó su sonrisa.
-Gracias, nene- dijo,y entonces Koga la hizo pasar. Lo primero que se encontró fue el living, con cómodos y bellos sillones, piso alfombrado, mesa de centro y un amplio plasma, en el que un hombre de unos 40 años veía un partido de fútbol acompañado por una cerveza. Éste se le quedó mirando con una amplia sonrisa a Ayame, y se puso de pié de inmediato para saludarla. Tenía los ojos verde claro, la piel blanca y el cabello chocolate.
-Hola, me llamo Hinata. Soy el papá de Koga- se presentó. Ayame le devolvió la sonrisa de inmediato, y se estrecharon las manos.
-Yo soy Ayame, es un gusto- le dijo ella.
-Pensé que Koga exageraba sobre tu belleza, pero veo que es verdad- dijo él, riendo leve y respetuosamente. Ayame volvió a sonrojarse.
-Oh, muchas gracias- dijo. Koga la tomó de la mano y la arrastró para que salieran al patio de atrás. Pasaron por la cocina, y su mamá parecía cocinar algo.
-¿Cómo se llama tu mamá?- le preguntó Ayame, ya en el patio. Tenían una mesa de terraza y unas cómodas sillas.
-Kokomi- contestó Koga, llevándola allí. Tomaron asiento, y Koga sacó un pequeño paquetito que contenía la marihuana de la que le había hablado.
-Te pareces más a ella- le comentó. Koga rió leve y tímidamente.
-Es verdad, aunque no sólo nos parecemos en lo físico.
-¿Les has hablado de mí?- preguntó ella, acercándosele con su silla. Koga volvió a reír avergonzado.
-Nunca les hablé tanto de una chica- reconoció él sin mirarla, aparentaba estar concentrado armando el cigarrillo.
-Me halaga- dijo ella, lo tomó del rostro y lo obligó a darle un beso.
-¿Quién no hablaría de una preciosidad como tú?- preguntó él, luego del beso.
-No creas que yo no hablo de tí.
-No he conocido a tu familia aún- bromeó mirándola, y rieron.
   
      Fumaron marihuana y justo cuando terminaron, Kokomi se apareció trayendo una fuente con papas fritas.
-No tenía que molestarse- le dijo Ayame, enternecida.
-Déjala, ésta mujer es así- le dijo Koga, poniéndose de pié.
-Trae los condimentos, yo les traeré unas cervezas.
   
      Ayame esperó, Koga trajo mayonesa, ketchup y mostaza, y Kokomi les trajo un par de Heineken de litro con dos vasos.
-En unos momentos saldremos con tu papá- le avisó Kokomi a Koga, mientras él abría una botella.
-Está bien, pásenla bien.
-Ustedes también, cuídense- les dijo a ambos Kokomi, cariñosamente.
-Gracias- le dijo Ayame.
-Ha sido un gusto conocerte.
-El gusto ha sido mío.
   
      Comieron felizmente y se bebieron las dos cervezas. Faltaba poco para las 12 de la noche, por lo que decidieron que era hora de irse a la fiesta. Ayame le preguntó a Koga por el baño, y él la llevó al baño del segundo piso, omitiendo el baño de visitas. Ella se lavó los dientes, retocó su maquillaje y perfume y salió. A la vez, Koga estaba saliendo de la que seguramente era su habitación. Se acercaron en el pasillo y se besaron, para después salir de casa y ponerse en marcha a la discoteca.
   
      Allí, ya llegaban los jóvenes a disfrutar de la fiesta, y Ayame y Koga entraron también. Adentro estaban todos muy animados y alegres, la música era genial y el lugar, amplio y bien adornado. Compraron una botella de cerveza y se sentaron en unos sillones al costado de la pista de baile. En eso, vieron entrar a Sango y a Miroku y les hicieron señas para que los vieran. Se sentaron junto a ellos, y Koga hizo otro porro para fumar junto a ellos. Luego, ellos compraron otra cerveza y así estuvieron un buen rato compartiendo juntos.
   
      A eso de las 1:30, los chicos decidieron sumarse a toda la otra gente que bailaba. Estaban tocando dancehall, rap y reggae, los ritmos que mejor bailaba Ayame, y Koga no lo hacía nada de mal. Comenzaron a bailar pegados, y pronto se cautivaron por la forma en que bailaban y se coordinaban. De vez en cuando, hablaban, reían o se besaban.
   
      Sango también disfrutaba del baile con Miroku, pero alguien a quién vió la hizo salir de su "concentración". Era Inuyasha, bailando con una chica... algo vulgar. Le tocó el hombro a Ayame y se acercó a su oído.
-Inuyasha está bailando con una chica allí- le indicó disimuladamente. Ayame miró y frunció el ceño. La chica le parecía algo vulgar igual que a Sango, y lo peor era que estaban bailando apretado. Era de piel pálida y cabello negro, liso y largo.
-¿Y ésa puta?- se atrevió a preguntarle Ayame a Sango al oído. Ella rió y le hizo un gesto mostrándole que no tenía idea.
   
      En fin, ambas chicas decidieron olvidar el asunto para continuar disfrutando. La noche transcurrió mejor a cada momento. Pasaron de las cervezas, al ron y al vodka, y también se fumaron un par de porros más. Estaba apunto de terminar la fiesta y a ésas alturas, los 4 estaban borrachos, pero nadie como Sango. Ella y Miroku ya se habían dado su primer beso, así que ahora Miroku la tenía sentada en los sillones para que se sintiera mejor. Ayame y Kouga continuaban bailando, pero ya se deseaban con locura y estaban excitadícimos. La marihuana y el alcohol los hacía imaginarse en la cama, poniendo aquella química que tenían en total práctica. Ayame sabía mover su cuerpo y sobre todo sus caderas de tal forma, que Koga ya se la imaginaba sobre él, y Ayame se volvía loca al imaginarse a Koga desnudo y rodeándola con sus brazos. Sus besos se habían tornado más apasionados y profundos que de costumbre y sus abrazos eran mucho más apretados.
   
      Depronto, Sango llegó corriendo acompañada por Miroku.
-Ayame, voy a vomitar- le dijo a duras penas la chica. Ella reaccionó de inmediato y la arrastró a los baños. Entraron juntas a uno y Sango vomitó instantáneamente, mientras Ayame le afirmaba el pelo.
-¿Ya está?- le preguntó Ayame, cuando pareció no querer vomitar más.
-Dios, hace tanto que no vomitaba. ¡Gracias, Universidad de Tokyo!- exclamó Sango, riendo a carcajadas y Ayame se sumó a sus risas, ayudándola a ponerse de pié. Se dirigieron a los lavabos, y Sango se enjuagó la boca.
-Te llevaré a casa, linda- le dijo Ayame.
-No, nada de eso. Yo sé que quieres acostarte con Koga, y no arruinaré tu momento- dijo Sango, apuntándole de cerca con el dedo y riendo estruendosamente. Ayame no se aguantó las ganas de reír -Y él tiene tantas ganas como tú, así que debes aprovecharlo- aconsejó Sango.
-No lo sé, ¿sabes? Estoy borracha y volada.
-Él también lo está. No hay nada de qué avergonzarse- dijo Sango y volvió a reír junto a Ayame -Vamos, nena, no seas tonta- le dijo y la tiró del brazo para que salieran del baño. A la salida, se toparon con Inuyasha. Éste las miró y se rió burlón.
-¡Mírense lo borrachas que están!- exclamó, cuando él estaba igual de borracho. Sango rió de nuevo junto a él.
-¿Quién era esa puta con la que estabas?- le preguntó Ayame, muy serena. A Inuyasha se le acabaron las risas.
-No es una puta, es una chica como cualquier otra- le contestó, algo molesto.
-Pues no tenía pinta de ser una chica normal. ¿La besaste?
-Sí, ¿y por qué te importa tanto?
-Sólo ten cuidado, nada más- le dijo algo entristecida, en verdad no quería referirse a Kagome, pero a ella y a Sango les molestaba ésto por ella.
-¡Já! Y tú, ¿te vas a casa?
-No lo sé, capaz que me vaya con Koga.
-Cuídate, ya sabes- le dijo, y siguió su camino al baño. Ayame prefirió dejar el asunto de lado y arrastró a Sango donde los chicos, la fiesta ya estaba terminando y todos se disponían a dejar el lugar. A la salida, los 4 se despidieron.
-¿Estás segura que no quieres que vaya a dejarte?- le preguntó Ayame a Sango en secreto, cuando se daban un cariñoso abrazo.
-Tú tranquila. Espero que tengas todos los orgasmos que puedas- contestó Sango en voz baja, y ambas se rieron por lo bajo.
   
      Ayame y Koga dejaron a Sango y a Miroku y caminaron de la mano al Volkswagen Beetle blanco. Koga la detuvo antes de que se subieran, la trajo hacia sí tomándola de la cintura y la besó impetuosamente.
-Oye, preciosa...- comenzó a decirle después del beso, muy cerca de ella y tímidamente.
-¿Sí?- preguntó ella aparentando inocencia, cuando en verdad sabía lo que él iba a decirle.
-¿Irías conmigo a casa?- le preguntó en voz baja. Ayame sonrió leve y coquetamente, y asintió -¿En serio? Nena, no tienes que ir si no quieres- sonrió él.
-Sí quiero- dijo ella en un murmullo seductor. Él se mordió el labio deseoso y se dieron un último beso para subirse al auto y partir.
   
      Camino a la casa de Koga, éste se atrevió a tocarla en la entre pierna, por encima y por debajo de toda su ropa. Ella hizo lo mismo pero por menos tiempo, pues debía cuidar del volante. Se besaban apasionadamente y se tocaban en cada semáforo, era el deseo y el placer que los llevaba.
-¿Y tus padres?- le preguntó Ayame cuando se estacionaba, había olvidado éso.
-No iban a volver a casa, se quedaban donde unos amigos suyos- contestó Koga. Sus hermanos tampoco iban a estar pues se iban de fiesta, como le había mencionado a Ayame.
   
      Koga abrió paso para Ayame y cuando estuvieron encerrados bajo llave en el living, comenzaron de inmediato a besarse apasionadamente. Entre besos, él la dejó semi desnuda, sólo en ropa interior, y se detuvo a observarla. Traía puesto un sostén sin breteles blanco de media copa y unos sensuales collaless también en blanco. La acarició toda con calma, mientras ella lo miraba sonriendo seductoramente. Llegó a su perfecto trasero y de allí la pegó a él para que volvieran a besarse. Ella le quitó la remera para tocarlo mientras continuaban besándose y luego lo hizo sentarse en el sillón. Procedió a quitarle los jeans de la forma más sensual que había visto en su vida y debía mirarla para creer lo que estaba por hacerle. Ella tomó entre sus dedos ésa parte de su cuerpo que le demostraba a ella lo caliente que lo tenía y comenzó a darle los más exquisitos mimos con su boca. Ésos minutos se hicieron largos para Koga, quién gemía suavemente y pronunciaba el nombre de ella. Pronto sus ganas de torturarla él también, lo hicieron tomarla entre sus brazos, y ella rodeó su torso con sus piernas. Koga subió cuidadosamente las escaleras y llegando a su habitación iluminada por la luz de la luna, la depositó delicadamente sobre su cama. Lo primero que hizo fue quitarle el sostén, el que dejó ver sus medianos, redondos, firmes y hermosos senos. Los tocó, los besó y los mordió, haciendo que Ayame gimiera de placer. Después bajó por su vientre dejando un camino de besos y le quitó el collaless. Para su sorpresa, Ayame pagaba para ser lampiña y lucir el encanto de ésa zona que comenzó a besar y a lamer a su antojo, mientras escuchaba a Ayame pedir más. Él la torturó por mucho tiempo, hasta que ella le pidió que lo hiciera. Koga se ubicó deseoso encima de ella quién habría sus piernas hacia él y lo recibió por fin dentro suyo. Gimieron al unísono al sentirse finalmente uno los dos por primera vez, y se besaron apasionadamente, mientras Koga comenzaba a moverse. El éxtasis y el placer comenzó a correr más rápidamente por sus venas, haciéndolos gemir una y otra vez a cada beso, cada caricia, cada abrazo, y cada posición nueva que tomaban para continuar disfrutando. Ayame pasó cada segundo con la sensación de acabar, pues Koga la tenía pidiendo más. Lo observaba sudando y gimiendo por ella, y éso la calentaba aún más. Koga no creía posible lo irresistible que era Ayame. Se veía tan preciosa y sensual disfrutando de todo ese placer y ese deseo, dejándole ver y explorar cada centímetro de su delicioso cuerpo, que por un momento deseaba nunca salir de dentro de ella. Paulatinamente, el placer les cobró la cuenta y los hizo acabar de una forma que los llevó más allá del cielo, y que hizo a Koga dejar considerable parte de sí dentro de Ayame. Sus cuerpos se relajaron, se abrazaron y se dieron un beso suave, profundo y calmo, jadeando de cansancio y placer. La incomparable sensación permaneció en ellos unos segundos más de lo normal, mientras se observaban agotados. Ayame se acurrucó entre sus brazos y Koga le acarició el pelo.
-¿Quieres dormir, cariño?- le preguntó el moreno a la pelirroja. Ayame asintió -Buenas noches. Date la vuelta para abrazarte- le sonrió. Ella le sonrió de vuelta y se besaron nuevamente. Ayame se dió la vuelta y Koga la abrazó firme por la cintura.
-Buenas noches, nene- murmuró ella, y a los momentos después, estaban profundamente dormidos.
   
      El muchacho moreno despertó a eso de las 10 de la mañana. Miró a Ayame durmiendo a su lado, sin creer lo que había pasado entre ellos la noche anterior y admirando lo bella que se veía así, con su espalda al descubierto. Se levantó, se puso sus boxers y fue a revisar si no había llegado nadie a casa, y por suerte no. Sin embargo, era evidente que nadie podía ver a Ayame allí. Se acostó a su lado y la acarició para despertarla.
-Ayame- murmuraba, y la chica despertó poco a poco, hasta darse cuenta de la presencia de él y sonreírle ampliamente. Le acarició el rostro y se acercó para besarlo suavemente -¿Cómo te sientes?
-Ni te cuento- le dijo, en tono seductor. Rió junto a Koga levemente.
-Y bien, ¿te gusté?
-Me encantaste. ¿Y yo a tí?
-Cielos, eres una completa delicia.
   
      Rieron sutilmente y se volvieron a besar, hasta que Ayame recordó a los padres y hermanos de Koga.
-No ha llegado nadie a casa, ¿cierto?- preguntó, preocupada. Koga negó con la cabeza -Koga, lo siento pero tendré que irme. No quiero que nadie de tu familia me encuentre aquí- le dijo, apenada. Koga sonrió apenado también.
-Lo entiendo, de hecho también me preocupa eso- dijo. Ella le guiñó un ojo y se besaron nuevamente. La muchacha se levantó y comenzó a vestirse, con Koga observándola.
-¿Sabes qué? Tengo una idea, ¿por qué no vas conmigo a casa hasta la noche y nos bañamos en la piscina?- preguntó, alegre y entusiasmada.
-¿No hay problema?- preguntó él, avergonzado.
-Para nada. Bueno, estará mi papá y mi madrastra, pero ambos son geniales.
   
      Koga lo pensó por unos segundos, pero aceptó entusiasmado y buscó su traje de baño para llevar, junto con su cepillo de dientes y otras cosas. En unos minutos, estuvieron en camino a casa de Ayame.
   
      Entre tanto, Sango despertaba dificultosamente en una cama y en una habitación que no recordaba. Se destapó, estaba en ropa interior y comenzó a asustarse. ¿Donde mierda estaba? Se levantó, se vistió enérgicamente, tomó su bolso e iba a salir corriendo, cuando chocó de lleno con Miroku en la entrada.
-Sango- le dijo, extrañado por su rostro de preocupación.
-¡Miroku! ¿Ésta es tu habitación?
-Sí, tranquila- dijo él tomándola del rostro. Sango suspiró de alivio y volvió a entrar, para sentarse a la orilla de la cama -¿Cómo te sientes?
-Como nueva. Estaba tan borracha- dijo la chica, tomándose la cabeza con las manos.
-Sí que lo estabas- rió con picardía Miroku. Ella lo miró, por un momento, horrorizada.
-Para, ¿por qué desperté en ropa interior?
-Llegamos a casa e intentaste tener sexo conmigo, pero te quedaste dormida cuando estabas en ropa interior- explicó Miroku, tranquilo y divertido. Sango se tapó la cara con las manos, era una de esas metidas de pata por borrachera en las cuales deseas que te trague la tierra.
-Demonios, lo siento- lo miró, sonrojada. Miroku rió relajado.
-No te preocupes.
-Puedo compensarte si quieres- ofreció ella, coquetamente.
-¿De verdad?- sonrió él, deseoso. Sango asintió.
-Ésta semana.
-Me parece genial.
-Ahora debo irme- dijo la chica, poniéndose de pié.
-Ok- le dijo él, y la llevó fuera de casa.
   
      Ayame y Koga llegaron a la gran mansión. Él no decía nada de lo impresionado que estaba al ver lo imponente que era el lugar. Ayame reía al ver su expresión.
-Wow, ¿aquí vives? No puedo creerlo- le dijo, cuando ella estacionó y se bajaron del auto. Ayame, Inuyasha y Sesshoumaru tenían cómo pasar directo a su casa sin pasar por la de sus padres, pero ahora Ayame quería llevar a Koga donde ellos.
-¿Quieres conocer a papá y a mi madrastra?- le preguntó. Koga sólo asintió -¿Estás seguro?
-Sí, ¿por qué?
-Porque ustedes los chicos tienen problemas con ése tipo de cosas- reconoció Ayame, y rieron juntos.
-Si te presenté a mis padres, es justo que yo conozca a los tuyos- dijo Koga. Ayame le guiñó el ojo complacida y lo arrastró de la mano a la puerta de la casa. Tocó el timbre y los recibió el mayordomo alegre y acojedoramente. Pasaron al living y esperaron por el papá y la madrastra de Ayame. Koga continuaba impresionándose por la belleza y elegancia de la casa, se notaba que eran una familia muy rica. En eso, se presentó una linda mujer de unos 50 años, de largos cabellos negros, piel blanca y ojos color miel, muy claros.
-Oh, hola Ayame- dijo al verla, sonriéndole cálidamente. Ella y Koga se pusieron de pié para saludarla, sonriendo también.
-Hola, Izayoi. Él es Koga- se lo presentó.
-Un gusto, señora- le dijo él.
-Qué chico más educado trajiste a casa, Ayame. El gusto es mío, mi nombre es Izayoi- dijo ella y en eso, llegó un hombre de unos 50 años, cuyo pelo era marrón, ojos turquesa y piel blanca.
-Hija adorada- dijo al verla, sonrió ampliamente y estiró sus brazos acercándose hacia ella. Ayame se apresuró y se lanzó a sus brazos, riendo levemente.
-¿Cómo estás, pa?
-No tan bien como veo que estás tú, pequeña- le dijo refiriéndose a Koga, y lo miró bajando la intensidad de su sonrisa.
-Papá, te presento a Koga- dijo ella, dándose cuenta de que Koga le devolvía la mirada.
-Ah, el famoso Koga- dijo él y se le acercó junto con Ayame, estirando su mano para saludarlo.
-Buenos días, señor- le dijo él sonriéndole levemente, mientras se daban un apretón de manos.
-Buenos días, yo soy Tetsuya. ¿Vienes a pasar el día aquí?- preguntó, curioso pero tranquilo. Koga se sintió como si estuviera frente a un policía de aspecto amable.
-Sí, Ayame me invitó.
-Ok, espero lo disfruten- le dijo y acentuó su sonrisa, para dirigirse a Ayame -Izayoi y yo saldremos a almorzar a un restaurante, pero nuestro cocinero estará aquí para el almuerzo.
-Bueno, papá. Que la pasen bien- les dijo ella.
-Ustedes también- les dijo Izayoi y los dejó, seguido por Tetsuya, quién le dedicó una última mirada de curiosidad a Koga. Ayame lo tomó de la mano y lo arrastró para llevarlo a la parte de atrás.
-Tu papá me miraba raro- le comentó. Ayame rió con normalidad.
-Pierde cuidado, siempre es así cuando traigo a chicos por primera vez- dijo. Koga hizo un gesto de no importancia, y dieron entonces con el patio de atrás, la piscina y todo eso. Koga no podía parar de sorprenderse al ver todo éso y al darse cuenta de que ella, Inuyasha y Sesshoumaru tenían su propia casa. Al mostrarle todo el lugar, se dió cuenta que ninguno de sus hermanastros había llegado -¿Quieres bañarte ahora?- le preguntó, cuando habían entrado a la habitación de Ayame. Koga sonrió seductor y se le acercó. Ayame rió leve y coquetamente, sabía lo que se planeaba y se besaron apasionada y frenéticamente. Ésta vez debían apresurarse, pues en cualquier momento iban a poder ser descubiertos y habían dejado la puerta abierta. Se quitaron la ropa velozmente, Koga se sentó en la orilla de la cama y Ayame se sentó con las piernas abiertas hacia él. Se besaron, acariciaron y masturbaron unos momentos, hasta que estuvieron listos para la acción. Ayame comenzó a mover sus caderas y a dar pequeños saltitos encima de él variando la velocidad y profundidad, mientras Koga la afirmaba de su trasero y de su cintura. Los dos se volvieron locos de inmediato, Koga la hizo apresurarse para acabar y Ayame le siguió el juego. En éso, el iPhone de Ayame comenzó a sonar estruendosamente.
-¿Quién diablos será?- preguntó la chica, jadeando.
-No contestes, volverán a llamar- la aprisionó Koga en un abrazo y un beso apasionado, que los hizo acabar de una buena vez. Ayame se obligó a volver del cielo y se quitó de encima de Koga para correr a contestar el celular. Y era Sango.
-Hola, Sango- le contestó, intentando no sonar agotada y excitada.
-Hola, guapa. ¿Estás en tu casa?
-Sí, ¿cómo estás?- le preguntó, mientras Koga la tomaba por atrás y la elevaba para arrojarla en la cama. Ayame lo miró tratando de aguantarse la risa y moviéndole el dedo para pedirle que no hiciera nada, pero él continuaba con sus zonas bajas dispuestas a continuar.
-Bien, ¿y tú?- le preguntó Sango y Ayame demoró en contestar, pues miraba cómo Koga le abría las piernas y comenzaba a besarla y lamerla.
-Eeehh sí, bien. ¿Pasó algo?- preguntó, aguantándose los gemidos que amenazaban por salir de su boca ante tanto placer.
-Nada, pero pensaba en lo de Inuyasha anoche. ¿Lo has visto hoy?- dijo, preocupada. Ayame se mordió los labios, pues Koga había rozado con su lengua cierta parte que la volvía loca y luego se disponía a penetrarla, poniendo las piernas de la chica flectadas hacia ella misma -¿Ayame?- le preguntó Sango extrañada, mientras Koga comenzaba a moverse dentro de ella y a gemir sutilmente, y a ella se le escapó un gemido en voz muy baja, que ella creyó casi imperceptible cuando se dió cuenta de que aún hablaba por su iPhone. Escuchó a Sango reír estruendosamente, se había dado cuenta de lo que estaba pasando -Había olvidado que ibas a acostarte con Koga, lo siento. Ya hablaremos más tarde. Un beso, adiós. Y mándale mis saludos a Koga- se rió de nuevo y cortó. Ayame dejó de lado el celular para seguir disfrutando junto a Koga.
   
      Unos momentos después, aparecieron como si nada en la piscina y románticamente de la mano. Ayame lucía un sexy bikini de animal print, cuya parte de arriba era de cebra y abajo, de leopardo. Se dispusieron a disfrutar de la piscina con unos buenos chapuzones, cuando se aparecieron Inuyasha y Sesshoumaru. Éste último venía bostezando y con una cara de sueño que nadie se la quitaba, e Inuyasha venía con una sonrisa en el rostro que se le borró de inmediato cuando vió a Ayame y a Koga saliendo de la piscina para saludarlos.
-Buenísimos días- bromeó Ayame.
-Hola, chicos- les dijo Koga.
-Hola. Disculpen, pero necesito dormir- dijo Sesshoumaru, pasando de largo. Inuyasha se detuvo a saludar a Koga y a Ayame, en silencio. Cuando se disponía a dejarlos solos, Ayame volteó a mirarlo.
-¿Te la tiraste?- le preguntó, obviamente refiriéndose a la muchacha de la discoteca. Inuyasha no contestó nada ni volteó -¡El silencio, otorga!- exclamó, algo molesta.
-Cariño, es obvio que tuvo sexo con ella- le dijo Koga, acariciándole el rostro.
-Me hace enojar, tú sabes,... por Kagome- reconoció Ayame, algo entristecida. Koga le sonrió enternecido y la abrazó.
   
      Hacia la noche, Ayame dejó a Koga en el centro de Tokyo, y se despidieron con un beso romántico y apasionado. De vuelta en casa, la chica llamó de inmediato a Sango.
-Fogosa- bromeó ella, y se largaron a reír.
-Antipática, ¿acaso no te tiraste a Miroku?- se atrevió a preguntar.
-No, no vas a creer lo que pasó- rió avergonzada.
-¿Qué? ¡Cuéntame!
-Miroku me contó que llegamos a su casa y tratamos de tener relaciones, pero me quedé dormida de golpe en ropa interior. ¡Y no recuerdo nada!- exclamó, y ambas volvieron a reír escandalosamente.
-Qué verguenza.
-Sí, tienes razón. Pero bueno, la otra semana será la venganza.
-¿De verdad?
-Por supuesto, tendremos más orgasmos que tú y Koga. Oye, ¿y cómo estuvo éso?
-Dios, es que no te imaginas lo bien que lo hace.
-Me dí cuenta cuando te llamé, ni hablabas- dijo Sango, y rieron juntas nuevamente.
-Nunca estuve con un chico mejor, creeme.
-Wow, ésas son palabras mayores.
-Sí que lo son.
-¿Hablaste con Inuyasha?
-No quiso hablarme, pero es obvio que se acostó con la tipa.
-Claro, qué chico no se acostaría con una puta así- dijo resignada Sango.
-Lo siento por Kagome, ¿sabes? Le está empezando a gustar, y no se sentirá bien si sabe que se folla a otra chica.
-Pero creo que es mejor que hablemos con ella y se lo digamos, antes de que sea tarde.
-¿En serio lo crees?- le preguntó preocupada Ayame.
-Sí, tampoco quiero que la pase mal.
-Mmm... Parece que tienes razón. Bueno, será mejor ver bien las cosas el lunes en la Universidad.
-Ok, linda. Aaahh, se me olvidaba. Un compañero mío te vió en la discoteca y dijo que estabas para chuparse los dedos- rió Sango, y Ayame sólo soltó una risita.
-Pues dile que gracias.
-Quiere que los presente, ¿qué dices?- preguntó Sango, sugerente.
-Sango, tengo a Koga.
-Ay, Ayame. No perderás nada con conocerlo. Te garantizo que no está nada de mal, ¿eh?- dijo Sango, y Ayame rió.
-Bueno, está bién. Cuídate, hermosa.
-Tú también, te mando un beso y un abrazo.
-Otros para tí- dijo Ayame, y cortó sonriendo satisfecha. Hace tiempo que no tenía un fin de semana en grande, y al parecer la Universidad de Tokyo prometía.


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Mística
« Respuesta #5 en: Marzo 11, 2012, 02:10 pm »

Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #5 en: Marzo 11, 2012, 02:10 pm »
Hola, ewe, ¿ya el capítulo 3? wow, esto sí que va demasiado aprisa xDDD Leí el 2, así que:

Me quedé así  :oooooh:

Ese par sí que va muuuy rápido.  uuuu, Buena escena donde se conocen por el FB y Msn, eso es muy real, así se conoce mucha gente xDDD

 Uuu, ¿así que tienen su propia plantación de Mari? hahaha, no sé si sean buenas compañías xDDD Kagome fue muy sabia xDDD.

La actitud de Sesshou me gusta xD.Muy buena narración, sobre todo en lo que trata del arreglo de las chicas xDDD

Saludos.

Sugarbabe Desconectado
« Respuesta #6 en: Marzo 13, 2012, 04:45 pm »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #6 en: Marzo 13, 2012, 04:45 pm »
Este capítulo contiene partes LEMON!

CAPÍTULO 4
LA ZORRA Y SU TUNDA


      Al mediodía del lunes, las 4 amigas acordaron juntarse unos momentos antes de entrar a clases para ponerse al día como corresponde. Cada una relató su fin de semana con detalles, y cuando Sango y Ayame les contaron sobre la fiesta de la Universidad, ambas intentaron aplazar el tema de Inuyasha hasta que Kagome preguntó por él.
-Inuyasha dijo que iría, ¿lo vieron?- les preguntó Kagome. Sango y Ayame se miraron, pero luego miraron a Kagome para disimular.
-Eeehh...- intentó comenzar Ayame.
-Kagome, verás... No queremos que te sientas mal, pero...- trató de decir Sango, cuando a Kagome se le transformó el rostro a la tristeza.
-¿Estuvo con otra chica?- preguntó, con tono apagado. Ayame asintió lamentándolo mucho. Kagome las miró a todas muy triste -Bueno, no importa. Después de todo, no había nada entre los dos- dijo, finjiendo que le estaba bajando el perfil al asunto.
-Piensa que es mejor que sepas sobre ésto ahora a que lo sepas cuando estés enamorada- intentó hacerla sentirse mejor Rin.
-No se preocupen. Me ocuparé de mis estudios y me sentiré mejor.
-Lo sentimos de verdad, amiga- le dijo Ayame.
-Gracias por habérmelo dicho, en serio- les agradeció Kagome con una débil sonrisa.

      No sabía por qué, pero le había dolido lo de Inuyasha. Él estaba comenzando a gustarle y a interesarle de verdad y creía tener aunque fuera una mínima posibilidad. Pero ahora se daba cuenta de que no era así. A pesar de ello, quería saber quién era la chica y ver qué tenía de especial.

      Fué a clases con Ayame y logró distraerse. A la salida, llegaron a buscarlas Sango y Rin para ir a reunirse con los chicos.
-Oigan, me robo a Ayame unos momentos. Díganles a los chicos que ya vamos- dijo traviesamente Sango, tirando a Ayame de la mano y apresurándola lejos de Kagome y Rin, a los ascensores.
-¡Sango, ¿qué sucede?!- exclamó riendo algo nerviosa Ayame.
-¡Ssshh! Sólo sígueme- le guiñó un ojo con picardía Sango.

      Kagome y Rin caminaron para bajar por las escaleras.
-No tienes que ir donde los chicos si no quieres encontrarte a Inuyasha, podemos ir a otro lado juntas- le sugirió Rin. Kagome negó con la cabeza.
-No es buena idea evitarlo, puede notar que algo pasa- le dijo, pues de todas maneras iba a dar la cara. Rin sonrió levemente, admirada.
-Bien dicho, pero sé indiferente- aconsejó. Kagome le sonrió levemente, y en señal de agradecimiento, le guiñó un ojo. 

      Sango apresuraba a su amiga Ayame de la mano hacia el casino, en el último piso del edificio. La pelirroja se cansó de preguntarle qué tramaba, pues no recibía respuesta concreta de su amiga. Entrando allí, Sango la hizo detenerse en el sector de las cientos de mesas y sillas.
-Espérame aquí, no te muevas- ordenó Sango pícaramente, y se dirigió a un grupo de chicos sentados, conversando y riendo en una de las mesas. Ayame vió a Sango acercándosele a un chico en particular, con el cual intercambió unas palabras y éste se puso de pié. Era alto y moreno, y su pelo negro azulado iba todo amarrado en una larga trenza. Sango caminó hacia Ayame seguida por él, quién acentuaba su sonrisa segura y confianza a medida que iba acercándose a ella. Cuando lo tuvo en frente, le fue inevitable reparar en lo guapo que era. Tenía los ojos azules y un cuerpo más bien fornido, 1,80 de altura.
-Ayame, te presento a Bankotsu. Bankotsu, ella es Ayame- los presentó Sango sonriendo traviesa.
-Es todo un placer- dijo él sin quitarle los ojos de encima.
-Hola- le dijo ella.
-Eres mucho más atractiva de cerca que de lejos. No me imagino cómo serás aún más de cerca- se atrevió a decirle. Una chica no hubiera aceptado comentario así de un chico si lo viniera recién conociendo, pero Bankotsu lo dijo de una manera que hasta sonó respetuoso. Ayame rió levemente, sonrojándose -Qué lindo como te sonrojas- continuó.
-No es necesario tanto elogio, no vivo sólo de éso- dijo ella en tono dulce.
-Se sabe que no, pero es un gusto que debo dar a los dos. Sango me contó todo lo que sabe de tí, pero omitió una parte, la muy puta- comentó, aparentando estar enojado. Sango y Ayame rieron ante tal broma.
-Bueno, pues pregunta- dijo Ayame.
-Quería saber si tienes novio.
-No tengo novio, pero tampoco estoy sola.
-Mierda, qué lástima. Pero dime, ¿tendría posibilidades de ser el segundo?
-Éso habría que verlo- ¿Lo estaba desafiando, y más encima en tono coqueto? Ayame se sorprendió, pero disimuló. Bankotsu rió como el villano de la película que se prepara para pensar en su próxima maldad.
-Me encantan los desafíos.
-Lo siento, debemos irnos ahora- dijo ella, sonriéndole.
-Vayan. Le pediré a Sango tu contacto, si no te molesta.
-No, está bién.
-Genial, hablamos.
-Ok- dijo Ayame, y agarró a Sango para llevársela volando -No me lo creo el que lo haya desafiado de esa forma. ¡Como si le estuviera coqueteando!- rió levemente y sin poder concebir esa idea, apesar de que en el fondo de su ser, creía inevitable coquetearle a un chico como Bankotsu.
-En tu lugar, le hubiera coqueteado deliberadamente. Dime si no está bueno- le dijo Sango riendo pícaramente y dándole codazos a su amiga.
-Puedes tirártelo tú si quieres, no me importa.
-¡Agh, Ayame! Se ha fijado en tí, entiende... Y aprovéchalo, pues no creo que con un chico así sea posible pasarla mal- Sango le guiñó un ojo muy segura. Ayame rió levemente tratando de ignorar a Sango, y tomaron el ascensor.

      En el Starbucks estaban todos los chicos, compartiendo y conversando. Miroku y Koga hablaban de fútbol animadamente, mientras los demás estaban "en pareja". Kagome ignoraba completamente a Inuyasha. Éste había notado su actitud y parecía estar casi encima de ella para obtener su atención. Sesshoumaru y Rin conversaban como normalmente. Sango y Ayame se integraron al grupo, Sango con Miroku y Ayame con Koga.
-¿Dónde andaban?- les preguntó Miroku a las dos.
-Acompañábamos a un amigo, se lo presenté a Ayame- contestó Sango abiertamente. Rin y Kagome se miraron disimuladamente, y Ayame le dedicó una mirada sorprendida y algo nerviosa a Sango. Todos siguieron en lo suyo, y Ayame disimuló, mirando a otro lado.
-¿Es cierto éso?- le preguntó Koga, con tono sereno. Ayame lo miró y se lo encontró mirándola fija y tranquilamente. Ella sólo asintió, y Koga percibió que el tema la ponía algo extraña -¿Por qué esa cara?
-Tonterías.
-Dímelo, no pasa nada.
-Pensé que te molestaría que tuviera otros amigos por ahí- dijo la pelirroja tímidamente, y el moreno rió enternecido.
-No, está muy bien, siempre y cuando seas mía- aclaró, acercándose para que se besaran suavemente.

      Entre tanto, Sango y Miroku estaban en pleno coqueteo.
-Oye,... ¿vamos a ir?- le preguntó Miroku en tono seductor. Sango sonrió coqueta.
-¿Dónde?- le preguntó, intentando parecer ingenua.
-Tú sabes, tienes que compensarme algo- contestó en voz baja. Sango rió por lo bajo.
-Claro que vamos- confirmó, y de inmediato se pusieron de acuerdo para ir a un motel el día siguiente, a eso de las 3 de la tarde.

      Faltaban unos minutos para volver a clases, cuando Kagome decidió irse antes.
-¿Vas a clases ya?- le preguntó Inuyasha, extrañado.
-Sí- contestó Kagome, con sencillez.
-Nos vemos allá, Kagome- la apoyó Ayame. Le guiñó un ojo, tomó su bolso y se fue.

      Estaba en verdad fastidiada por haber tenido que soportar a Inuyasha casi encima de él, sin poder entender por qué. Si se había tirado a otra chica, ¿por qué no la iba a buscar y la dejaba tranquila? Iba muy ocupada prestándole atención a su enojo, cuando tropezó en el último escalón hacia el quinto piso y calló de rodillas, enfadándose aún más. Algunos que estaban cerca rieron a escondidas, pero sólo uno se apresuró a ayudarla.
-¿Te ayudo? ¿Estás bien?- le preguntó, mientras la tomaba delicadamente de los brazos para auxiliarla. Sorprendida, Kagome miró al apuesto chico que la miraba con una sonrisa, levemente sonrojado.
-Estoy bien, gracias- murmuró Kagome, sonriéndole gentil. Él era muy apuesto y ordenado. De cabello chocolate corto y ojos oscuros, era tan alto como Inuyasha y de piel blanca.
-¿Puedo preguntar tu nombre?- dijo él. Kagome asintió ésta vez sin habla, nunca un chico le había preguntado su nombre sin conocerla.
-Kagome.
-Yo soy Hojo, ¿qué estudias?
-Ingeniería Comercial, ¿y tú?
-Arquitectura.
-¿Eres de primer año?
-Sí, ¿tú también?

      Kagome asintió encantada, y Hojo rió levemente, sonrojándose aún más.
-Si me permites, debo ir a clases. ¿Puedo tomar tu contacto?- preguntó el chico, tímidamente.
-Desde luego- respondió Kagome alegre, e intercambió sus datos de contacto con él. Se despidieron de forma simpática y cada uno siguió su camino.

      Ayame llegó a clases y se encontró a su amiga Kagome, sonriendo sola en su puesto.
-Hey, ¿sucedió algo que tienes ésa sonrisa?- le preguntó sonriendo curiosa, mientras se sentaba a su lado y los demás entraban. Kagome le mencionó lo de Hojo, y Ayame quedó entusiasmada y emocionadísima -Wow, espero te llame de verdad.
-Yo también, no estaría nada de mal que nos conociéramos y saliéramos.
-Así se habla- le guiñó el ojo Ayame, y luego se dispusieron a poner atención en clases.

      Al día siguiente, Sango y Miroku se reunieron a la hora de almuerzo para comer juntos e ir al motel. Aunque ambos tenían experiencias sexuales, ninguno había ido a un motel, por lo que ésta iba a ser toda una experiencia. Una especie de mucama los recibió en la entrada y los hizo pasar a la espaciosa casona llena de puertas por todos lados. Los llevó a la habitación reservada por Miroku y éste canceló, mientras Sango exploraba el lugar. Tenía una cama de dos plazas y media, veladores, LCD con cable y baño con toallas, shampoo y jabón, y estaba todo dispuesto para 4 horas de puro placer.

      La mucama los dejó a solas, ellos dejaron sus cosas para estar cómodos y comenzaron por besarse con calma. Al primer beso, se desearon mucho más y poco a poco, los besos se hicieron más apasionados y rápidos y se incorporaron las caricias algo desesperadas. Se desnudaron, se besaron y se lamieron el uno al otro completamente, regalándose placer a mil por hora. El cuerpo de Sango era como ningún otro. Cada parte era totalmente acorde con las demás, y era sencillamente, hermoso y sexy. Sango estaba cautivada por el cuerpo de Miroku, tan atlético y varonil, que de sólo verlo, se excitaba el doble. Estando listos para la mejor parte, Miroku ubicó las piernas de Sango sobre sus hombros y una vez dentro de ella, comenzó a moverse lentamente. Pronto, Sango le pidió que subiera la velocidad y él hizo caso de inmediato. Los gemidos de deseo era lo único que se escuchaba, mientras ellos variaban posiciones y se demostraban lo atraídos que estaban. Después de la primera hora de amor que finalizó con un alucinante orgasmo, vinieron otras 3 horas más que los dejaron casi sin aliento. Para terminar, antes de irse, tomaron una sensual ducha juntos.

      La gente en la calle los vió salir riendo traviesos y tomados de la mano, y Miroku fue a dejarla a su autobús para que fuera a casa. Cuando éste hizo su aparición, Miroku la estrechó entre sus brazos de la nada y se besaron suave y cariñosamente.
-Ay, Sango- dijo en voz baja luego del beso, cuando se miraban fijo y muy de cerca -Espero volver a tenerte- le dijo, lo que hizo acentuar la sonrisa coqueta de Sango. Ella sólo asintió, le dió un pequeño beso y corrió a tomar su autobús. No se perdieron de vista hasta que no fue posible distinguirse en la lejanía.

      A los 2 días después, los chicos quedaron de reunirse a almorzar, como ya era costumbre. Koga salió un par de minutos más tarde pues estaba terminando una actividad y corrió a la siga de sus amigos, no quería perderse un momento con ellos, ni menos con Ayame. Iba a paso veloz por las escaleras y cuando dobló a la siguiente, chocó de lleno con una muchacha.
-Lo siento, lo siento- se disculpó de inmediato aceleradamente, cuando notó de quién se trataba. Hace 7 meses fue la última vez que vió los ojos rojos, la piel blanca y el cabello negro ondulado caer hasta sus codos. Ella lo quedó mirando igualmente y lo reconoció de inmediato, era inevitable no hacerlo -Kagura- dijo él, sorprendido.
-¡Koga! Cielos, no puedo creer que estés en la misma Universidad que yo- dijo ella, sorprendida y emocionada, sonriendo ampliamente. Koga rió levemente.
-¿Qué estudias?- le preguntó, amablemente.
-Odontología, ¿y tú?
-Informática.
-Genial, los dos hemos conseguido nuestros sueños- comentó, recordando cada momento del pasado que vivieron juntos. Koga no supo qué decir, se le habían ido muchas cosas a la cabeza en el momento en que la vió.
-Así veo. Oye, debo irme. Ojalá encontrarnos de nuevo- dijo, y siguió rápidamente su camino.
-¡Hasta pronto, Koga!- exclamó ella, sonriendo emocionada.

      El chico hizo su trayecto al casino algo confundido. Kagura y él habían tenido una larga relación de 2 años y medio, la que había terminado por los excesivos celos y la exagerada forma en que ella intentaba acapararlo y aprisionarlo. Apesar de éso, él había estado profundamente enamorado de ella, y ella aún más de él. No podía negar que algo le había causado volver a verla, pero no había nada de qué preocuparse. Ayame no había abandonado su mente y corazón en ningún segundo, y olvidó todo cuando la vió sentándose a la mesa a comer con los chicos.

      Se saludaron con un apasionado y romántico beso, Koga dejó sus cosas y fue a buscar su almuerzo. El único que faltaba en el grupo era Inuyasha, quién no había dicho nada, pero de seguro que iba a almorzar con la chica de la fiesta. Todos almorzaban, cuando Sango notó a ésa chica llegar al casino y buscar a alguien con la mirada. Kagome estaba a su lado, por lo que le dió un suave codazo y se le acercó al oído.
-Ramera a las 14:00, la de pelo negro y mini-falda- le dijo. Kagome buscó con su mirada y la encontró. En verdad parecía una puta, las chicas no habían exagerado con eso. La muchacha corrió con una sonrisa en el rostro, dió con Inuyasha y se besaron apasionadamente. Kagome quitó la vista de inmediato para mirar a Sango, nuevamente deprimida. Ella le acarició el pelo y volvió a acercársele al oído -No es más linda que tú, amiga- intentó consolarla, y Kagome rió levemente. Le guiñó un ojo a Sango sintiéndose mejor, y continuaron comiendo.

      Inuyasha se sentía muy a gusto con Kikyo pues ella estaba tras sus huesos y era guapa y buena en la cama, apesar de que no sabía por qué le afectaban las actitudes de Kagome... ¿Las actitudes de Kagome? ¡Bah! Como si ella le gustara o le agradara. Era mejor pasarla bien con Kikyo mientras pudiera.

      Rin y Sesshoumaru hablaban una que otra cosa mientras almorzaban, pero Sesshoumaru había llevado todo el día tratando de enfrentar su timidez. Quería invitar a Rin a salir, pues le gustaba mucho y estaba sintiendo muchas cosas por ella, pero él no era para nada un Don Juan como Miroku. Al contrario, era tímido con las mujeres y además, no cualquiera le gustaba.
-Oye, Rin...- comenzó.
-Sí- dijo ella, atenta.
-Me preguntaba si... quisieras que saliéramos juntos hoy después de clases- ésto último lo dijo muy rápido, poniéndose todo colorado. Rin rió de nerviosismo y emoción -Bueno, si es que no tienes nada que hacer- terminó.
-Sí que quiero- confirmó ella sonrojándose, lo que hizo sonreír ampliamente por primera vez a Sesshoumaru.

      Entretanto, Koga miraba a Ayame comer en silencio, pensando en cómo mencionarle lo de su ex novia. ¿Por qué se le hacía tan difícil? Como si todavía sintiera cosas por Kagura.
-Nena...- comenzó, haciendo que ella lo mirara atentamente y le asintiera -Me encontré con mi ex novia- le comentó con simpleza. Ayame no sintió mayores incomodidades, sólo tragó para hablar.
-Pues, me alegro. El mundo es pequeño- le dijo y le sonrió. Koga acentuó su sonrisa aliviado y encantándose aún más con Ayame. Para ella, no parecía ser problema las ex que él tuviera.

      Durante el almuerzo, todos tuvieron la loquísima idea de planear una fiesta el viernes a la noche en casa de Ayame. Tetsuya e Izayoi se iban de viaje por el fin de semana a una casa que tenían cerca de las montañas, por lo que era obvio que los 3 hermanastros iban a quedarse a solas. La ocasión ideal para una fiesta en grande, con alcohol, marihuana, piscina, comida y quién sabe qué otra cosa.    

      Saliendo de clases, Sesshoumaru y Rin se encontraron a solas en el estacionamiento. Los dos parecían nerviosos quinceañeros en la primera cita de sus vidas, pero Rin intentó hacerlos sentirse mejor a ambos con toda su alegría. Sesshoumaru lo llevó a tomar una de esas copas grandes de helado que se toman de a dos como cualquier romántica pareja. Rin estaba encantadísima, nunca un chico se había tomado la molestia de llevarla a una cita como ésa y tratarla de la forma en que Sesshoumaru lo hacía. No paraba de sonreír, no creía que hubiera conseguido la atención de él con tan sólo ser como es y con darle la confianza suficiente. Sesshoumaru tampoco podía creer que hubiera terminado fijando su mirada en la muchacha que había pasado como cualquier otra a primera vista. Depronto se moría por pedirle que fuera su novia y no quería asustarla, pero no tenía nada más que ver sobre Rin, pues lo había visto todo y en realidad le encantaba. Por ahora, se limitaba a tomarla de la mano y a disfrutar de mirar cuanta belleza natural había en ella. No podía esperar al viernes para tenerla en todo momento.
   
      Para el viernes, los chicos juntaron el dinero y los hermanastros se encargaron de comprar todo para la fiesta. Acordaron reunirse todos en la plaza del centro de Tokyo, pues después de todo, era algo complicado llegar a tal mansión. Llegando a dicha plaza, los hermanastros fueron en busca de sus amigos. Conversando y riendo en una banca, estaban Sango, Miroku, Rin y Kagome esperándolos, quién también estaba junto a Hojo. Kagome le había preguntado con tiempo a Ayame sobre Hojo, y ella no iba a decir que no. Sin embargo, la sorpresa más grande fue cuando vieron a la chica que se le acercó a Inuyasha. Kikyo. Nadie dijo nada, sólo las 4 muchachas se mostraron molestas en silencio.
-¡Nos vamos ya!- anunció Ayame y agarró a Kagome de la mano para llevársela a su auto, siendo seguida por Koga y Hojo. Rin tomó a Sesshoumaru de la mano y se llevaron junto a ellos a Sango y Miroku, mientras que Inuyasha se fue solo junto a ésa "guarra".
   
      La fiesta comenzó animadísima.Habían hamburguesas a la parrilla para comer con queso, tomate, palta, lechuga y cebolla. Los hermanastros tenían a su disposición amplificadores para escuchar música fuerte, también habían traído suficiente marihuana y alcohol para toda la noche. Luego de mucha conversación y risas, de que comieran y de que la marihuana y el alcohol surtieran efecto, empezaron a bailar a eso de las 2 de la madrugada. Todos estaban extremadamente a gusto, menos Kikyo, ya que nadie la tomaba en cuenta más que Inuyasha.
   
      Cerca de las 5, se dieron un descanso luego de tanto baile, sentados en un círculo en el pasto. Fumaron, bebieron y comenzaron a conversar de temas más serios, era obvio que ya todos estaban ebrios. Koga y Ayame eran los únicos que se auto-excluían de la conversación, ocupados besándose y coqueteándose traviesamente. Ayame lo había excitado lo suficiente con sus bailes y ella lo sabía, por lo que depronto le dijo que iba al baño de su habitación y que lo esperaba allá. Koga se hizo el desentendido con los chicos, quienes nisiquiera notaron cuando los dejó.
   
      El moreno subió casi corriendo las escaleras, cerró la puerta de la habitación de Ayame con llave y se asomó al baño. Ella lo esperaba en su sensual ropa interior negra, apoyada en el lavabo y mirándolo provocativamente desde el espejo. Koga comenzó por agarrar y acariciar su trasero, mientras miraba la expresión de placer de Ayame en el espejo. Le bajó el collaless para meter su mano en su entre pierna, y Ayame giró su cabeza para ahogar sus gemidos en el beso apasionado de Koga. Después, él se quitó la remera y se bajó el pantalón y la ropa interior para acariciar sus glúteos con su masculinidad. Ayame se mordió los labios y lo obligó a que hiciera lo suyo, tomando aquello y llevándolo a su femeneidad, mientras subía una de sus piernas arriba del lavabo. Koga la complació y empezó a hacerle el amor, abrazándola contra él con sus manos en cada copa de su sostén y moviéndose cada vez más rápido. Sintieron el doble de placer al tener la oportunidad de mirarse al espejo, sin poder pensar en nada más.
   
      Abajo, Sesshoumaru y Rin se auto-excluyeron de la conversación también, pues se estaban poniendo muy románticos. Sesshoumaru no había podido parar de mirar a Rin mientras hablaba, y ahora se aguantaba las ganas de pedirle que fuera su novia. Se miraban fijo, se sonreían y se acariciaban, pero aunque estuvieran ebrios, era verdadero todo lo que sentían. Se besaron por primera vez tierna y suavemente, y los chicos ni se percataron de ello por lo animada que estaba su conversación.
-¿Te gustaría ser mi novia, Rin?- le preguntó él luego del beso. Rin rió levemente, sin poder creerlo.
-Vamos, no juegues.
-Es en serio, linda...- aclaró él de inmediato. Rin se volvió seria y sus ojos brillaron el doble -¿Qué dices? ¿Te gustaría ser mi novia?- repitió Sesshoumaru. Rin se tapó la boca con las manos, anonadada.
-No me gustaría, me encantaría- corrigió ella, ambos rieron levemente y se besaron para sellar su romance. Probablemente, uno de los primeros románticos noviazgos había nacido entre los alumnos de primer año de la Universidad de Tokyo.
   
      Por otro lado, Kagome intentaba pasarla lo mejor posible con Hojo, quién le agradaba y atraía mucho. Le había confesado a éste que había estado muy interesada por Inuyasha y él la comprendía muy bien. Sin embargo, Kikyo había notado que Kagome miraba a Inuyasha de una forma diferente a la que lo hacían las otras chicas, como si algo pasara con él. Por ésto, había comenzado a provocarla desde el principio con miradas amenazantes, ante lo que Kagome no se quedó sin responderle con el mismo tipo de miradas. Inuyasha si percataba de ello, estaba muy ebrio y acalorado, por lo que levantó la voz para invitarlos a todos a darse un chapuzón en la piscina. Todos aceptaron alegres y entusiasmados, era la oportunidad de que se les quitara la borrachera con el agua. Subieron entonces al segundo piso para ocupar habitaciones y baños, cuando Inuyasha advirtió que faltaban Ayame y Koga, y era obvio dónde estaban encerrados. Golpeó la puerta de Ayame con fuerza.
-¡Ayame! ¡Koga! ¡Dejen ya de follar, es hora de ir a la piscina! ¡Ahora!- les gritó con seriedad y firmeza. Adentro del baño, la pelirroja y el moreno estaban apunto de acabar.
-Voy a acabar, voy a acabar- murmuró entre gemidos Ayame, casi sin poder tolerar las ganas de terminar.
-Y yo, pero quiero estar más dentro tuyo. Por favor- murmuró un ruego Koga, apretándola aún más y aumentando la velocidad al máximo. Los dos se aguantaron una bocanada de aire, producto de la avalancha de placer que se les vino encima y de la descarga de Koga en Ayame. Posterior a tocar el cielo juntos, sus cuerpos se relajaron, Koga salió de dentro de ella y suspiraron entre suaves jadeos. Él la tomó del rostro y se besaron suave, dulce y profundamente, mientras ella lo abrazaba fuerte. El chico le acarició el rostro y se miraron fijo -Eres el cielo,... mi cielo- murmuró Koga. Ayame sonrió.
-Y tú eres el mío- confesó. Volvieron a besarse de una forma tan romántica, que nadie hubiera pensado en las fieras que se transformaban.
   
      El amanecer llegó y la fiesta terminó con todos en la piscina y Sesshoumaru vomitando de lo ebrio que estaba. Pronto, fue hora de que todos durmieran.
   
      A eso de las 2 de la tarde, Rin despertó a causa de su celular. Esa su madre para preguntarle cómo estaba y ella contestó a todo, muriendo de sueño. Cuando cortó, volteó y se encontró con Sesshoumaru, quién dormía como refugiado en su espalda. Rin comenzó a acariciar su rostro y a jugar con sus cabellos plateados, lo que despertó al chico. Éste sonrió al verla sonreír a su lado.
-Hola, niña mía- le dijo, en voz baja.
-Hola. ¿Estamos de novios?- preguntó sólo para confirmar la chica.
-Sí, no me digas que no te acuerdas- contestó él tranquilo, acariciándole el rostro.
-Sí lo recuerdo, sólo pensé...
-Tengo buena memoria aunque esté borracho, mi vida- la interrumpió él, haciéndola reír nuevamente. Ella se le acercó lentamente y se dieron un suave y apasionado beso. Era simplemente la mejor sensación el que estuvieran de novios, de seguro no habría nada que lo superara.
   
      Durante la semana siguiente, todo continuó normal hasta la mañana del martes. Kagome fue sola al baño rápidamente para no perderse el break con los chicos. Se lavaba las manos, cuando otra chica se detuvo a mirarla, a su lado. Levantó la vista y era Kikyo, quién la miraba con cara desafiante.
-Kagome, ¿cierto?- le preguntó, intentando sonar amigable.
-Sí, ¿y tu nombre era...?- la imitó Kagome, burlona. La chica frunció el ceño de molestia, se daba cuenta de que tratar con Kagome no iba a ser nada de fácil.
-Kikyo, querida. Vengo a pedirte de la mejor forma que te mantengas lejos de Inuyasha- éstas últimas palabras las enfatizó -Es mío, ¿me entiendes?
-A ver, Kikyo. Ni tú ni ninguna chica vendrá a darme órdenes a mí. Inuyasha es mi amigo, y no dejaré de verlo por tus celos de enferma mental- subió cada vez más el tono Kagome, haciendo que Kikyo la aventara contra la pared.
-¿Acaso no entiendes, estúpida? ¡No quiero que te le acerques!- le gritó, y Kagome la empujó el doble de fuerte.
-¡No lo haré y no vuelvas a tocarme, perra!- gritó Kagome, y comenzaron a tirarse de los cabellos. Las chicas presentes que habían estado observando asustadas y preocupadas, ahora salieron corriendo alborotadas del baño.
   
      Kagome y Kikyo estuvieron un buen momento tirándose del pelo, aventándose y golpeándose como podían, hasta que un par de profesores las separaron. Las regañaron y afirmaron en su camino a rectoría. Allí, las sentenciaron de inmediato por su falta: suspensión por 1 semana, simulando inasistencia. De hecho, debían dejar en ése mismo instante la Universidad. Cada uno de los profesores la escoltó a su sala. Ya en su sala, el profesor explicó el motivo por el que Kagome debía irse y Ayame no pudo ni intercambiar palabra con su amiga.
   
      Después de clases, todas se dejaron caer en casa de Kagome para hablar sobre el tema y todas estaban sorprendidas. Sin embargo, no había una que no apoyara la causa de Kagome, darle una tunda a una zorra.


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« Respuesta #7 en: Marzo 15, 2012, 05:37 pm »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #7 en: Marzo 15, 2012, 05:37 pm »
Si no hubiera sido por el "casi", este capítulo hubiera sido LEMON de principio a fin!

CAPÍTULO 5
ORGASMOS

 
      Un mes pasó volando para los chicos, quiénes no paraban de pasarla bien entre ellos. Su amistad se afiataba cada vez más y era extraño verlos salir a fiestas por separado. Aunque tampoco dejaban sus carreras de lado, pues estudiaban cuando era necesario y mantenían sus notas sin problemas.

      Sin embargo, las relaciones entre ellos habían estado evolucionando. Sesshoumaru y Rin continuaban juntos, apesar de que nadie creía posible que no hubieran hecho el amor. Y era una total verdad. Él no se había atrevido a tocarla apesar de las insinuaciones de Rin, no quería faltarle el respeto por nada. Pero Rin era una joven con necesidades de ser amada y deseada como cualquier otra, por lo que se impuso como meta provocar a Sesshoumaru hasta que finalmente la poseyera.

      Una tarde de domingo se quedaron a dormir siesta y descansar a solas en casa de él, mientras los demás iban a la playa. Veían una película romántica y Rin se aprovechó de la escena erótica para llevar a cabo su cometido.
-Wow, yo quiero eso- murmuró en tono sensual, algo que nunca había escuchado Sesshoumaru.

      La miró al lado suyo, y ella le devolvió la mirada deseosa. A él se le transformó la cara, su sangre estaba comenzando a calentarse más de lo normal. Rin metió su mano por debajo de su mini falda y comenzó a auto-complacerse a vista y paciencia de su novio, quién no podía creer lo rápido que estaba deseando hacerla suya. Rin se movía sexy, emitía dulces quejidos y no paraba de mirar a su novio de una forma que pronto hizo que las partes bajas de Sesshoumaru comenzaran a incomodar dentro de su short. Él no resistió más y depositó su cuerpo sobre ella. Se besaron apasionadamente y Sesshoumaru le mordió la lengua y los labios, pero éso no era suficiente para demostrarle cuánto la adoraba y deseaba. Desvistió en un abrir y cerrar de ojos a Rin para cubrirla de besos cargados de humedad y calidez. Ella sonreía de placer, por fin estaba obteniendo lo que tanto había esperado. Luego, ella lo hizo gozar hasta más no poder consintiendo su masculinidad con su boca y pronto él la aprisionó para abrir paso a su interior. Los dos aumentaron la frecuencia de sus gemidos a causa del amor y pasión que experimentaban en cada parte de su cuerpo y de su alma. Unos momentos después, estando Sesshoumaru sentado en la cama y Rin sentada sobre él abrazándolo con sus piernas, disfrutaron el orgasmo más amoroso de sus vidas.
-Dios, te amo- murmuró Sesshoumaru extasiado y respirando entrecortado luego de que todo acabara. Rin lo miró sorprendida, mientras que él la miraba fija y seriamente -Te amo, Rin- repitió.
-Yo también te amo a tí- murmuró ella en la misma actitud y estaba más que claro que nunca olvidarían su primera vez haciendo el amor de verdad.

      Kagome y Hojo llevaban un poco menos de un mes saliendo oficialmente, muy felices en verdad. Hojo ya era uno más de un grupo y hacía muy linda pareja con Kagome, eran tal para cual. Él no demoró en pedirle que fuera su novia, y ella no dudó en aceptar. Era su primer novio oficial, y por fin iba a disfrutar de vivir lo que era un romance más bien formal.

      Por otro lado, Inuyasha mantenía una relación abierta con Kikyo. No se había decidido aún a pedirle noviazgo porque era demasiado celosa y absorvente como para tenerla como novia, por lo cual se limitaba a tenerla para pasar un buen rato junto a ella. Paralelamente, empezó a observar desde afuera a Kagome como novia, y cada vez se daba más cuenta de que ella era todo lo que buscaba en una novia. Era muy amorosa, atenta, preocupada, dedicada y presente, pero siempre dándole la posibilidad a Hojo de tener su espacio personal. Ésto en particular le derretía y de la nada se encontraba fantaseando con ser novio de Kagome, además de que estaba comenzando a sentir cosas por ella. Se daba cuenta de que había sido un gran tonto al no ver lo hermosa que era, y ahora éso le jugaba en contra. En el fondo de su corazón, esperaba que rompieran con Hojo para poder mover sus cartas.

      Miroku estaba poniendo la paciencia de Sango al límite. Desde que comenzaron a salir y a tener algo así como un romance, Sango se dió cuenta de lo Don Juan que era en realidad. Lo peor, era que siempre lo pillaba en todas sus jugadas y lo aguantaba simplemente, porque lo quería mucho. Mas un día se sintió aburrida y lo mandó de forma literal, a la mierda. Miroku quedó de verdad shockeado. Como un sin vergüenza, había creído que Sango iba a soportarle todo, pero se había equivocado completamente. Y ahora, probablemente y conociendo a Sango, no había mucho que hacer por la firmeza de su carácter.

      Entre Ayame y Koga, las cosas estaban cambiando mucho y poco a poco. Se estaba volviendo un romance que pronto desencadenaría en un hermoso noviazgo, sólido y estable. Tenían sus choques, pero sabían sobrellevarlos y en general, se llevaban estupendo. Se querían, se gustaban, se adoraban, se deseaban, sentían tantas cosas el uno por el otro, que era difícil contenerse. No obstante, Koga comenzaba a sentir miedo e incertidumbre. Veía como su romance con Ayame crecía inminentemente, y depronto se encontraba a sí mismo con un miedo que luchaba en eliminar día a día. Su última experiencia lo había hecho sentir tan mal, que temía que Ayame lo engañara, o que simplemente lo abandonara. Y estúpidamente para su propia conciencia, pensaba que aún estaba a tiempo de evitar todo eso. Por eso, le dijo a Ayame que se reunieran un sábado al atardecer en el la plaza del centro de Tokyo.

      Ella se alistó como si ésa noche se fuera a tratar de una cita como las numerosas que habían tenido hasta ese momento, pero en verdad ni sospechaba lo que Koga tenía en mente. Al bajarse de su auto, caminó y encontró a Koga sentado en una banca, quien se puso de pié para saludarla. Sin dudar, se lanzó alegre y cariñosa a los brazos de él, quién sólo la recibió. Luego, lo besó suave y apasionadamente, y se dió cuenta por la forma en que Koga le respondió, que algo pasaba. Cuando se soltaron, a ella se le había borrado un poco la sonrisa y se sentaron en la banca. Él respiraba profundo, nervioso y asustado, no sabía cómo llegar a Ayame. Sabía muy bien que no le iba a gustar nada, pero no podía tener todo éso atrapado.
-¿Iremos a algún lado?- le preguntó ella, mirándolo fijamente. Koga no le dirigía la mirada.
-No iremos a ningún lado, pequeña gatita- contestó él, sin ánimos.
-Pues entonces supongo que nos quedaremos aquí- concluyó ella, intrigada. Koga sólo asintió, atreviéndose a mirarla entristecido -¿Qué es lo que pasa, Koga?
-Ya quisiera que no pasara nada- contestó Koga, lamentándose. Ayame frunció el ceño, estaba comenzando a asustarse.
-Dime qué tienes, te ví llegar extraño.
-Pasa que no puedo estar más contigo- intentó resumir él, con el dolor de su alma. La garganta de Ayame se apretó amenazando con anudarse y su corazón se aceleró.
-¿Cómo es éso?

      Koga tomó aire.
-Lo siento, intenté no sentir ésto, pero ya no puedo combatirlo. Siento miedo de que todo ésto resulte mal, de que me traiciones o me dejes, Ayame. Dejemos ésto justo como está ahora, bello y cálido- le dijo sin más, se puso de pié y se dispuso a caminar para dejarla. Ayame reaccionó por inercia pues estaba sorprendida y extrañada por las súbitas palabras de Koga, las que con suerte pudo entender de la impresión. Lo siguió y lo tiró del brazo, haciéndolo volverse a mirarla de frente.
-No abandones lo nuestro, podemos luchar juntos por mantenerlo así siempre. ¿No quieres?- le preguntó, con una expresión en el rostro de preocupación que él nunca había visto.
-No es que no quiera. Siempre habrá algo intentando destruir todo lo que construyamos, y es mejor terminar aquí antes que ver cómo se irá a la mierda nuestra relación cuando tengamos mucho más que perder- contestó Koga, seguro de sí mismo. Ayame notó el miedo y la tristeza en sus ojos, y quitó sus manos de su brazo.
-Está bién, me voy- le dijo, con las ganas de llorar apoderándose de su ser. El corazón de Koga sintió un alivio, pero a la vez, una herida que se abrió y que lo opacó al ver a Ayame correr para subirse a su auto.

      La chica arrancó y aceleró todo lo que pudo para estar de vuelta en casa a la brevedad. Pasó corriendo por la casa de sus padres y llegando a la suya, rompió en llanto silencioso mientras entraba. Terminaba de subir las escaleras, cuando se encontró de frente con Sesshoumaru. A éste se le transformó el rostro al verla así.
-Ayame, ¿qué tienes?- le preguntó, deteniéndola. Ella se lanzó a sus brazos para llorar desconsoladamente. Sesshoumaru la abrazó y esperó a tenerla más calmada para poder hablarle. Una vez que se sintió algo mejor, Sesshoumaru la llevó a su habitación, y Ayame le contó todo. Sesshoumaru se limitó a escucharla, no sacaba nada con tirarle mierda a Koga, lo que más le importaba era el estado en el cual Ayame se encontraba. Estaba intentando consolarla, cuando Inuyasha llegó de sorpresa. Sintió indignación al ver a Ayame llorando así y observándola, le hizo sus preguntas a su hermano, porque era obvio que ella no iba a hablar porque lloraba sin parar. Se quedó callado un momento, y entonces se le acercó.
-Ven- le dijo, estirándole los brazos. Ayame se refugió en ellos como una niña pequeña -Vamos, no llores- le pidió, pero ella no se detuvo -Por favor- advirtió luego de unos momentos, y entonces no pudo más con su enfado. Tomó a Ayame de los brazos -¡Ya fue suficiente, Ayame! ¡Actúa como la gran y digna mujer que eres!- le gritó, en tono de regaño. Ayame paró de llorar con el susto y la cara de ira de Inuyasha. Él la soltó suspirando irritado para bajar el tono de su voz -El idiota de Koga no se merece una lágrima tuya, y te mereces siempre a alguien mejor- le aclaró, y dejó a sus hermanos a solas. Ayame se secó las lágrimas, sin duda Inuyasha la había hecho calmarse en cosa de segundos.
-Es cosa de tiempo, pequeña. Si no puede ignorar lo que siente por tí, volverá. Y yo estoy seguro de que lo hará, porque nunca ví a ningún chico mirarte y tratarte como él lo hace. Pero si no lo hace, da por hecho que no será el último chico que te querrá- le dijo Sesshoumaru con una leve sonrisa, y le acarició el rostro. Ayame forzó una pequeña sonrisa, y besó a Sesshoumaru en la mejilla. Él la dejó a solas con toda su tristeza y rabia.

      Pasó un mes duro y largo para Ayame y Koga. Los dos sufrían viendo al otro prácticamente todos los días, pero Ayame se estaba recuperando más rápido. No era la que había dado un paso atrás, por lo que no sentía culpa de nada y todos le aseguraban que Koga iba a volver a buscarla. Koga sentía cada vez más el peso de la culpa, pues le dolía estar sin Ayame, pero se sentía incapaz de arreglar lo arruinado.

      Ayame y Bankotsu se habían hecho muy buenos amigos desde que se habían conocido, y Bankotsu no perdió momento alguno para coquetearle e intentar seducirla. Mas no logró nada, pues veía a Ayame embobada con Koga. Cuando supo que rompieron se preocupó por Ayame pero a la vez se alegró. Éso significaba que iba a poder tenerla en el momento más inesperado, algo que lo excitaba totalmente.
 
      Ya sintiéndose mejor, Ayame dió inicio a insinuaciones hacia él y terminaron saliendo juntos. Pese a que aún no tenían relaciones sexuales, se llevaban muy bien juntos y lo mejor de todo, la pasaban genial. Koga los veía juntos y se volvía loco, era como si le pusieran un dedo en su llaga. Apesar de ello, se mantenía al margen.

      Cuando llevaban un par de semanas saliendo, un día Ayame se reunió con Bankotsu en el break de las 11 de la mañana. Se besaron suave y profundamente en el hall del gran edificio, y conversaron un poco. Bankotsu era de por sí seductor y con personalidad, pero ésa mañana, Ayame notó una actitud más traviesa que de costumbre.
-Oye, ¿te pasa algo?- le preguntó la chica, riendo curiosa.
-Sí, ¿por qué?- se hizo el desentendido Bankotsu, riendo también.
-Por tu cara.
-Tengo una idea, ¿sabes?- comenzó él.
-¿Sí? Dime.
-¿Has visto los baños que están junto a la Aula Magna?

      Ayame supo de inmediato lo que Bankotsu planeaba, y se excitó un poco de tan solo pensarlo. Asintió, sonrojándose levemente.
-¿Te gustaría que fuéramos?- insinuó, sonrojándose también. Ayame le guiñó un ojo coquetamente, y Bankotsu le tomó la mano para llevarla al lugar -Tenemos 10 minutos- dijo, y los dos se apresuraron.

      El Aula Magna estaba en el subterráneo -1, en un área a la que casi nadie iba, a no ser que se usara dicho lugar. Fueron, y revisaron disimuladamente que no hubiera nadie. Como no habían moros en la costa en los baños ni cerca de ellos, se encerraron con llave en uno de los baños para discapacitados. Los dos arrancaron sus motores besándose apasionadamente y tocándose por todos lados. Ayame estaba disfrutando mucho de todo éso, pero cierto era que no quería que su primera follada con él fuera en la Universidad.
-Bankotsu, no creo que sea buena idea hacerlo aquí- le dijo respirando agitada, mientras él le besaba el cuello. El chico se detuvo para mirarla.
-Tranquila, sólo quiero hacerte algo que estoy seguro que adorarás- murmuró seductor.
 
      Producto de que Tokyo pasaba por pleno otoño, ambos ya llevaban más ropa puesta. Ayame llevaba puestas unas leggins imitación jeans con un pullover en violeta con un estampado de los L.A. Lakers, ajustado, sin cierre y capucha, largo hasta tapar la mitad de su trasero, y unas zapatillas Reebok doble caña de charol en violeta, lila y blanco, con una correa de velcro. El cabello lo llevaba amarrado en una alta coleta dejando su flequillo libre, los ojos con un poco de sombra lila y mucho rímel, y los labios con un labial ligero color vino. Bankotsu procedió encontes a quitarle las zapatillas, los calcetines, las leggins y sus collaless. La tomó y la sentó a la orilla del lavabo. Abrió sus piernas, la observó un segundo y se inclinó para hacerla gozar al máximo. Bankotsu la besaba y lamía de una forma tan caliente que no creía real. Sus ojos azules la miraban gimiendo de placer suavemente desde abajo, mientras ella lo miraba la mayor parte del tiempo. En un poco más de 5 minutos, él la hizo llegar al cielo de golpe. Bankotsu notó esto porque su cuerpo tiritaba y se detuvo para mirarla teniendo un genial orgasmo.
-¿Qué sucedió, nena?- le preguntó intentando parecer inocente. Ayame abrió sus ojos soltando un último y sutil gemido, y rió levemente -¿Y?
-Delicioso- contestó Ayame, aún algo excitada. Bankotsu se mordió los labios deseoso de más, pero debían irse y además, sabía que pronto iba a tenerla en su cama.
-Voy al otro baño, te espero afuera- le dijo, y la dejó a solas. Ella rió avergonzada y se vistió sin borrar la sonrisa de su cara.

      El sábado, Bankotsu le tenía una cita muy especial. Quería llevarla en la noche a fumar marihuana y beber en uno de los cerros más altos de Tokyo, en su propio auto. Pasó a recogerla a eso de las 11 a su casa, en su Ford Ka negro. Ésa noche hacía algo de frío, pero era obvio que Ayame iba a acalorar la noche por sí sola porque se veía muy sexy. Traía puesto un vestido grueso de algodón negro manga larga, cuello tortuga y corto hasta la mitad de sus muslos. Al cuello, numerosos collares dorados de todos los largos, medias negras transparentes en las piernas y botas estileto de cuero negro hasta la mitad de su pantorrilla y taco alto aguja.

      Fueron en el auto de Bankotsu al cerro, no sin antes comprar vino y ron, y muchos cigarrillos. Se estacionaron al pie de uno de los barrancos más altos del cerro, pudiendo observar el mar de luces que era Tokyo de noche. Bankotsu dejó la radio de su auto a volúmen moderado y empezaron el ritual. Fumaron marihuana, bebieron, admiraron el paisaje, se besaron y abrazaron. A eso de las 3 de la madrugada, Ayame tenía el suficiente calor como para saber claramente lo que quería.

      En el momento en que se dieron un apasionado beso, llevó a Bankotsu a los asientos de atrás del auto. Se sentó a la orilla con los piés hacia afuera y le bajó los pantalones a Bankotsu para darle en el gusto tal como él lo había hecho ese día en el baño de la Universidad. Estuvo un buen rato así con Bankotsu agonizando de placer y deseo, hasta que decidió detenerse porque no aguantaba sus deseos por que le dieran su merecido.
-Dios, Ayame- gimió Bankotsu placenteramente ante la última y gloriosa mojada caricia que le hizo Ayame. Ella se quitó los collares y el vestido con una sonrisa ardiente, y Bankotsu se lanzó encima de ella para quitarle la ropa y darle placer por montones en todo su cuerpo. Ayame se dió la libertad de gemir tal como lo había hecho Bankotsu, abiertamente y en el volúmen que le daba la gana. A él le excitaba mucho más escucharla, por lo que pronto dejó lo que estaba haciendo en su entrepierna para quitarse la ropa y entrar en ella en los asientos traseros del auto. Eran tantas las ganas que tenía Bankotsu de hacerla suya, que empezó de inmediato a moverse rápido y fuerte, sin piedad. Así, Ayame comenzó a gemir más fuerte y él se mantuvo de la misma forma en el juego, y tuvieron un gran orgasmo en un poco más de 10 minutos. Luego, se vistieron de inmediato pues les iba a dar frío.
-Ahora quiero que vayamos a tu departamento, a tu cama- sugirió Ayame, terminando de vestirse. Bankotsu le guiñó el ojo y se fueron.

      La familia de Bankotsu era de Hiroshima y tenían bastante dinero, por lo que él arrendaba un departamento a solas en Tokyo para asistir a la Universidad. El departamento de Bankotsu era moderno y sofisticado, bien arreglado y ordenado. Al llegar, encendieron la televisión para mirar el cable, fumar marihuana, conversar y beber un poco. En seguida, comenzaron con los juegos sexuales. Y ésta vez, follar fue mucho más cómodo en la cama de Bankotsu. Ayame yacía de lado en la cama y Bankotsu, abrazándola firme desde atrás, la ayudaba a mantener su pierna arriba para llegar mejor a ella. Él estaba algo más controlado con sus emociones, por lo que varió velocidades y profundidades y Ayame pudo probar todo lo que podía hacer, así como él también. Hicieron varias posiciones y después de 40 minutos, ambos acabaron con Ayame en 4 y Bankotsu detrás de ella. Luego, se quedaron profundamente dormidos y abrazados, pues no quedaba más placer que sacar afuera... por ahora.     


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« Respuesta #8 en: Marzo 24, 2012, 12:10 pm »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #8 en: Marzo 24, 2012, 12:10 pm »
Este capítulo contiene partes sobre consumo de drogas duras y partes LEMON!

Agradecimientos especiales a mi amiga Nekros.

CAPÍTULO 6
EL VIAJE DE LOS MIL DEMONIOS


      Luego de casi dos meses, se acercaban las vacaciones de invierno, con lo que finalizaba también el primer semestre de clases. Por suerte, todos habían tenido buenas notas y ninguno había reprobado ramos. Sin embargo, aún quedaba algo de clases, lo que dió lugar a ciertos eventos en las vidas de los chicos.

      Miroku, después de haberse metido con muchas chicas de la Universidad y haber disfrutado plenamente de su soltería, se daba cuenta de que no había chica como Sango. La extrañaba y derrepente quería volver con ella para hacerla su novia. Ella, por su lado, había sido muy solicitada entre los chicos de la Universidad, pero ella no los tomaba en cuenta pues tenía ojos sólo para Miroku.
 
      Éste último comenzó a intentar llegar a ella por medio de Internet, a lo que Sango se mostró accesible pero distante. Luego, empezó a hablarle en persona pero Sango lo tomaba menos en cuenta que en Internet, por lo que un día le dió término a todo éso.
-Sango, ganaste. Seré muy claro y honesto, sólo te pido que me escuches- le pidió gentilmente, y ella lo miró entre sorprendida y extrañada -Siento ser el lujurioso que soy, pero después de estar con tantas chicas, me he dado cuenta de que te quiero sólo a tí conmigo. Voy a esperar lo que demores en perdonarme, para que seas mi novia. Éso es todo- terminó e iba a dejarla a solas, cuando ella lo detuvo.
-Es mi turno- dijo en tono de mandato. Miroku volteó a mirarla sorprendido -Me sorprende y alegra que hayas asumido las cosas, pero no te perdonaré tan fácil. El que quiere celeste, que le cueste- aclaró, y lo dejó ella a solas. Miroku la perdió de vista y sonrió, era lógico que iba a jugársela por el amor de Sango.

      Dentro de su soledad y de sus ganas de tener de vuelta a Ayame a su lado, Koga había comenzado a retomar contacto con Kagura. Sin duda, ésta aún sentía muchas cosas por él y se decidió a intentar revivir su historia. Koga se mostró reacio a la primera, pero pronto empezó a descubrir que él aún le tenía mucho cariño por la marca que había hecho su relación y finalmente, se dispuso a reanudar su relación con ella. Apesar de ello, todavía Ayame le rompía el corazón y lo peor era que creía que lo de ella y Bankotsu se iba a transformar en un romance en serio. No obstante, durante un par de días que se tomó para pensar bien las cosas, tomó la decisión de dejar a Ayame fuera y continuar junto a Kagura.
 
      Por su lado, entre Ayame y Bankotsu se estaba formando un amor sincero. Sobre todo Bankotsu, se estaba enamorando de Ayame. No podía creer que las coincidencias de la vida lo hayan hecho dar con una gran mujer a través de lo que era simple calentura. Pues Ayame era mucho más que sensualidad innata o una buena performance en la cama. Ella era inteligente, divertida, dulce, amorosa y muchas cosas más, una mujer que cualquiera desearía tener. Ya no resistía siendo sólo su cita, por lo que un día se decidió a sorprenderla.
-Sé mi novia- le pidió, de un momento a otro, sonrojado. Ayame lo miró casi en shock, nunca se lo habían pedido tan de golpe.
-¿Qué?- preguntó, riendo extrañada. Bankotsu también rió.
-Sé mi novia- repitió, como si fuera tan simple. Ayame sonrió ampliamente, pero no sabía qué decir por la sorpresa. Bankotsu volvió a reír al encontrarse con Ayame en silencio -Ya, di algo.
-Bueno- dijo la chica, riendo sonrojada.
-¿De veras?
-Sí, seré tu novia.

      Bankotsu rió y se besaron amorosa y apasionadamente. No tuvo idea del por qué, pero Koga vino a la mente de Ayame en un abrir y cerrar de ojos al sellar su noviazo con Bankotsu en aquél beso.

      Fue entonces que llegaron las esperadas vacaciones de invierno. Tetsuya e Izayoi le pretaron entonces su casa en Kioto cerca de unas montañas a los chicos por 1 semana. Pero, tampoco iban a ir todos. Inuyasha prefirió ir a otro lado con sus otros amigos pero sin Kikyo, y Bankotsu debía ir a visitar a sus familiares en Hiroshima.

      Un miércoles a la hora de almuerzo, llegaron en los autos de Sesshoumaru y Ayame a la casa de campo en Kioto. Ésta era muy grande, de madera, bastante sofisticada, cómoda y acogedora. Ayame y Sango decidieron compartir la habitación matrimonial, para que ni Miroku ni Koga se aprovecharan de las circunstancias. Sesshoumaru iba a dormir con Rin, Kagome con Hojo, y Miroku y Koga por separado.

      Habían llevado alimentos para cocinar desde su casa, mucha marihuana y mucho dinero para comprar alcohol o lo que fuera. Llegaron derecho a comprar alcohol, fumar marihuana y beber cerveza. Ésta vez, Rin se sumó al club de fumadores y se animó a probarla. Los únicos que no fumaron fueron Kagome y Hojo, a quienes nos le llamaba mucho la atención.

      Luego de fumar, de beber mucha cerveza y de comer algo que cocinaron, a Rin le sentó fatal su primera vez con la hierba. Daban las 7 pm, y la muchacha vomitaba como condenada en compañía de su novio Sesshoumaru. La llevó a la cama cuando no vomitó más y la dejó durmiendo profundamente, volviendo con los chicos a la sala de estar.

      A eso de las 9 pm ya estaban todos borrachos, pero aún continuaban las ganas de seguir enfiestados y de hecho, su fiesta estaba en pleno apogeo. Sin embargo, Ayame sintió que ya no podía aguantar más lo drogada que estaba por la marihuana y lo embriagada que estaba por el alcohol. Pensaba que en cualquier momento iba a desmayarse, por lo que se fue a acostar dificultosamente a la habitación pasando desapercibida. O éso era lo que creía. Ella y Koga se habían estado observando lo suficiente como para que cualquiera pensara que algo había ahí, y habían aumentado las miradas conforme aumentaba la locura. Al notar que subía las escaleras, el chico esperó un momento y se prestó a subir al segundo piso sigilosamente.

      Ayame dormía profundamente a la orilla de la cama, con ropa y todo puesto. Koga se bebió el último trago de su vaso para dejarlo en uno de los muebles, y luego se dispuso a hincarse en el suelo cerca de la cama y de ella. La miró unos momentos en completo silencio. Cielos, cuánto la extrañaba. Se acercó un poco más y le acarició el rostro, lo que la hizo despertarse de inmediato. Él se puso de pié muy avergonzado y se dirigió veloz a la puerta, pero Ayame ya lo había visto.
-¿Qué pasa, Koga?- le preguntó la chica, algo extrañada.
-Nada, nada. Me preguntaba cómo te sentías- contestó, volteando a verla, serio y tranquilo.
-Mal, no puedo seguir despierta- dijo ella, seriamente.
-Siento haber estado mirándote así- se sonrojó Koga, y ella igualmente.
-No importa.
-Supe que estás de novia con Bankotsu.
-Sí.
-¿Lo quieres? ¿Te gusta?- preguntó algo molesto Koga. Ayame frunció el ceño.
-Sí.
-¿Y estás feliz?
-¿Por qué tanta pregunta?- se molestó ella, lo que hizo molestarse aún más a Koga.
-Bueno, porque quiero saber. Pero no importa, duérmete- ordenó, y la dejó a solas. Ayame volteó en la cama y no tuvo tiempo para pensar en esa pequeña y extraña conversación, pues se quedó dormida al instante.

      La fiesta continuó hasta las 00 am, hora a la que todos se fueron a dormir a sus respectivos lugares. Sango vomitó antes de acostarse, por lo que Sesshoumaru y Koga la llevaron a la cama junto con Ayame. No hubo uno que no se acostara ebrio, pero sin duda habían pasado un primer día de vacaciones de invierno genial.

      La primera en despertarse a la mañana siguiente a eso de las 8 am fue Ayame. Había dormido lo suficiente y no tenía más ganas de dormir, por lo que se levantó con una resaca fatal y se dispuso a bañarse en el baño privado de la habitación. Se puso a pensar en la conversación con Koga, en verdad no recordaba muy bien lo que dijeron exactamente, además de que era lo único que habían hablado. Saliendo de la ducha, se encontró con Sango despertando. Se saludaron y comenzaron a comentar todo sobre el día anterior, riendo también. Por supuesto que Ayame le comentó sobre la conversación de Koga.
-Ése está celoso, te lo digo- le aseguró Sango, levantándose de la cama. Ayame negó con la cabeza, sonriendo sonrojada.
-No lo sé. Se me hace que tiene otra chica.
-Aunque la tuviera, yo sé que todavía piensa en tí. Claro, quién no pensaría en una mamacita del barrio alto como tú- dijo Sango, moviendo el trasero como lo haría una striper, lo que las hizo reír a ambas.
-Pero si entonces piensa en mí como dices tú, ¿por qué me dejó ir?
-Porque los chicos son estúpidos, Ayame. Puede que sepa que lo es como puede que no, pero lo que sí tiene claro es lo que siente por tí. Y siempre estará volviendo a tí de una u otra forma- le aseguró Sango, y se dispuso a meterse en el baño para ducharse también. Ayame quedó pensativa mientras se secaba, vestía, perfumaba, secaba su cabello y se arreglaba, a lo que salió Sango del baño.
-Vístete y arréglate, salgamos a comprar desayuno- le guiñó el ojo, encendiendo un cigarrillo matutino.

      Estando Sango lista, salieron de la habitación y les dejaron un mensaje en la sala de estar a los demás: "Fuimos a comprar para el desayuno, no se muevan de aquí. Buenos días, desgraciados! Jajaja!". En el supermercado de Kioto, compraron ingredientes para hacer hot cakes, crema, salsa de chocolate y frutillas en conserva. Estaban en el pasillo de los jugos, cuando Ayame se encontró con un conocido del barrio alto de Tokyo. Él era conocido por ser uno de los narcotraficantes del barrio alto y no perdió la oportunidad de encontrarse con ella para ofrecerle algunas cosas. Y fue como si cualquier persona encendiera césped seco. Al primer ofrecimiento, Ayame y Sango comenzaron a hacer preguntas entusiasmadas, hasta que le pidieron cocaína y ácido. Se vieron en los estacionamientos cuando ellas terminaron sus compras, y allí hicieron la transacción. Compraron lo suficiente como para que todos probaran, pero nada más. No tenían puta idea de la reacción de los chicos, pero por lo menos ellas querían probar.

      Ya en casa dando las 11 am, estaban todos despiertos como nuevos en la sala de estar y algunos fumaban marihuana. Rin estaba disfrutando por primera vez las verdaderas sensaciones de la marihuana, pues reía junto a Sesshoumaru y tenía los ojos enrojecidos.
-Ya llegó el desayuno- dijo a modo de saludo Sango, mientras entraba junto a Ayame.
-Paren de fumar- bromeó Ayame, a lo que Rin fue la que más rió -Está buena, ¿eh?- le preguntó divertida. Rin le guiñó un ojo y le hizo un gesto afirmativo con el pulgar. Entonces, miró a Koga. Éste la miraba fijo y serio, y ella le quitó la mirada.
-Chicas, las ayudaré a cocinar- les dijo Kagome, acompañándolas a la cocina.
-¿Cuánto demorarán? Díganme que 5 minutos, por favor- rogó Miroku.
-Sí, ya morimos del hambre- agregó Hojo.
-Podrían limpiar y no notarán la demora- sugirió Sango, guiñándoles un ojo.

      Entraron las 3 chicas a la cocina, y comenzaron a disponer todo para ponerse a cocinar.
-¿Cómo amanecieron? ¿Todo bien?- les preguntó Kagome.
-Sí, todo bien. ¿Y tú y Hojo?- le preguntó con picardía Ayame. Sango rió por lo bajo y Kagome sonrojó, sonriendo.
-Bien, bien.
-¿No hicieron nada?- preguntó Sango. Kagome rió.
-No, nada.
-Pero pronto pasará algo, ¿no?- preguntó Ayame.
-Ay chicas, no quiero pensar en éso- sonrió nerviosa Kagome.
-Ustedes se gustan mucho y se quieren, no creo que te trate mal siendo tu primera vez.
-Sí, pero me da miedo. Daría todo por no sentir dolor.
-Lo ideal es que estés segura y te relajes, nada más- aseguró Sango. Kagome miró a Ayame y ella le guiñó un ojo.
-Si es así, espero que todo salga bien cuando sea el momento.

      Sango asintió y le acarició el pelo, haciéndola sentirse mejor.
-Cambiando de tema, qué drogadas estaban ayer- rieron juntas.
-Y tú estabas borracha- le dijo Sango.
-Sí, pero creo que prefiero el alcohol antes que un porro.
-No lo sabes, no lo has probado- la corrigió Ayame.
-Tampoco sé si lo probaría, ¿qué hago si luego quiero probar más cosas?

      Sango y Ayame se dieron una mirada disimulada.
-Eso depende del control que tenga cada uno, nada más.
-¿Qué pensarías si consumiéramos otras cosas?- se atrevió a preguntarle Sango.
-¿Por qué? Compraron algo. ¿Qué compraron?- se preocupó Kagome.
-Cocaína y ácido.
-¿Qué? Están mal de la cabeza, ¿cómo piensan en algo así?- horrizada y asustada estaba Kagome.
-Kagome, oye- le dijo Ayame, tomándola de las manos para calmarla -No nos va a pasar nada, es sólo para probar. No nos volveremos adictos o algo así.

      Kagome suspiró resignada, decirles que estaban locas no iba a cambiar nada en verdad.
-Ok, está bien. Sólo pido que no les pase nada, moriría de la pena si fuera así- dijo Kagome en voz baja, algo apenada. Sango y Ayame sonrieron enternecidas.
-Prometido- le dijo Sango en nombre de las dos, y se abrazaron las tres juntas.

      En la sala de estar, Hojo y Koga limpiaban todo en conjunto, mientras Rin, Miroku y Sesshoumaru ordenaban las habitaciones en el segundo piso.
-¿Y? ¿Te acostaste con Kagome?- le preguntó Koga, luego de que conversaran y rieran bastante. Era tan cercano y amigo de ella como Miroku y sabía que era virgen, por lo que no quería que le hicieran daño.
-No, no. Ganas no me faltan, pero ella es virgen y... no quiero hacerla sentirse obligada ni nada de eso- explicó Hojo, siendo sincero.
-Es lindo estar con una muchacha virgen, mi ex novia lo era. Pero no es fácil. Bueno, encontrar a una chica que no es virgen es delicioso, pero una virgen es algo más delicado y especial. Debes valorar que Kagome sea así, éso habla el doble de bien de ella.

      Hojo le sonrió amistosamente, nadie le había dicho mejores palabras que Koga y por pura coincidencia, concordaba.
-Gracias, amigo. Creo que lo correcto es esperarla, y lo voy a hacer porque la quiero en verdad- dijo, y Koga dejó lo que hacía para tomarle mayor atención.
-¿Sí? Eso es hermoso.
-Sí, ¿sabes? Siento cosas por Kagome tan particulares y tan grandes que nunca me había sucedido.
   
      Koga no pudo evitar ponerse a pensar en Ayame.
-Tal vez me entiendas, he visto como miras a Ayame- continuó Hojo, haciendo sonrojar a Koga y siguió haciendo las cosas.
-¿Y cómo la miro?- preguntó, haciéndose el desentendido.
-Como si fuera lo más hermoso que existiera- dió en el clavo Hojo, sonriendo ampliamente. Koga volteó a mirarlo y rió nerviosamente.
-Bueno, ya todos lo saben. No me extraña que lo sepas tú también.
-Pero ella también te mira a tí, mucho. Si estuviera en tu lugar, aprovecharía ésta oportunidad para averiguar lo que significa éso- le dijo Hojo, dejándole mucho que pensar. Quizás no iba a ser mala idea acercársele un poco más a Ayame, ya que Bankotsu no podía hacer nada para estorbarlos... De hecho, sonaba tentador.

      Estando el desayuno listo, todos se sentaron entusiasmados a tomar el desayuno en el comedor y a conversar y reír todos juntos. Terminaban de comer, cuando Ayame se atrevió a contarles que junto con Sango habían comprado cocaína y ácido. Todos se mostraron primero sorprendidos y luego ansiosos y entusiasmados por tener la oportunidad para probar. Los únicos que decidieron quedar fuera de éso eran Kagome, Hojo y Rin.

      Se alistaron y salieron a dar vueltas por los campos, bosques y maravillosos lugares que ofrecía Kioto. Estaba todo cubierto de nieve y maravilloso, con el sol que acompañaba con sus levemente cálidos rayos todo el paisaje. Se tomaron miles de fotos, almorzaron en una fuente de sodas, continuaron sus paseos y fueron a una cafetería a eso de las 7 pm.

      Llegaron a casa e hicieron un campeonato de pool y se abstuvieron de consumir drogas o alcohol. Entrada la noche, algunos salieron a comprar jugos, gaseosas y bebestibles sin alcohol, pues con el ácido no iban a poder consumir nada de éso. Sólo compraron cerveza y ron para Kagome, Hojo y Rin.

      Ya reunidos, todos los que iban a consumir ésa noche estaban algo nerviosos y ansiosos por las pastillas que pronto les mostró Ayame. No tenían ni olor ni color y pronto entraron en las dudas sobre consumirlas, por éso Sango se tomó su pastilla pues no iba a botar su dinero a la basura. Entonces, todos la siguieron y se tomaron la amarga pastilla cada uno.

      La espera de los efectos fue algo aburrida. No dijeron nada, sólo escucharon música en inglés. No obstante, no se dieron cuenta cuando los efectos se presentaron. Se dilataron sus pupilas, creció su presión arterial y su temperatura corporal, empezaron a sudar, perdieron el apetito y el sueño y se les secó la boca, por lo que se pusieron a beber líquido como locos.

      Rin estaba bastante arriba pues se había fumado un par de porros y Kagome y Hojo estaban medio borrachos, pero su comportamiento no era nada comparado con el de los demás. Cambiaron la música a rap bailable, dancehall y reggae y cada cual le dió rienda suelta a la locura a su manera. Sango, Ayame, Miroku, Kagome y Rin bailaban juntos, Koga miraba sin parar a Ayame, y Sesshomaru miraba en el lcd El Señor de los Anillos con subtítulos.

      Sus sentidos cambiaron radicalmente. El techo ondulaba, el cuarto se les deshacía en colores, la música no eran ya ondas de sonido que recorren el aire sino gotas de plástico que les entraban por los ojos y los olores les rozaban la piel como si fueran viento. Sesshoumaru veía personajes y situaciones inexistentes en la película. Koga veía el cabello de Ayame brillar como escarcha y creía escuchar perfectamente los latidos de su corazón. Los chicos hablaban incoherencias, reían e inventaban coreografías absurdas.

      Después de un par de horas así, Miroku tomó a Sango de las manos para que bailaran juntos, pero el ácido enfatizó su postura frente a él y ése gesto le enfureció.
-No me toques, puto- levantó la voz, y sólo Kagome y Hojo se dieron cuenta.
-Pero Sango, yo te quiero a tí- insistió Miroku tratando de tomarla por la cintura, a lo que Sango le dió una bofetada.
-¡Sango, tranquila!- se le acercó Kagome, preocupada y nerviosa y entonces todos se percataron de lo que pasaba.
-No te vuelvas a acercar, o te juro que te golpeo- advirtió Sango.
-Sé que fui una mierda contigo, pero quiero arreglarlo- le rogó Miroku.
-Está bien, sólo que no quiero que me toques ahora- dijo firmemente la chica. Miroku aceptó y continuaron bailando como si nada.
 
      Rin quería descansar un poco, por lo que se sentó en el sillón junto con Sesshoumaru, quien la recibió entre sus brazos y se pusieron a conversar. Cuando Rin se fue a sentar, Ayame se dió cuenta de que Koga la miraba del sillón y le sonrió coquetamente. Koga le sonrió de vuelta, y ella le hizo un gesto para que bailara con ella, ante el cual él no se negó. Pronto quedaron fuera de los juegos de los chicos, y se internaron en un juego de coqueteo travieso, como si fueran adolescentes de 15 años recién conociéndose.

      Así pasó una hora, Rin se quedó dormida en el sillón junto a Sesshoumaru, quién no despegaba la vista de la televisión. Sango estaba llevándose mejor con Miroku, y tuvieron la loca idea de salir a caminar por la nieve un momento. Kagome y Hojo se les sumaron, después de todo, preferían cuidar que no les pasara nada malo a causa de los efectos del ácido. Sesshoumaru salió de su trance y pidió que los esperaran, así que fue a dejar a Rin durmiendo en la habitación y se fue con ellos. Nadie se dió cuenta, pero Ayame y Koga se quedaron solos en la casa y en el momento en que los chicos cerraron la puerta, Koga posó sus labios sobre los de ella. Tanteaba terreno pues no sabía la reacción de Ayame. Ella quedó mirándolo y lo besó de vuelta. Koga supo que todo iría bien, por lo que la tomó del rostro y la besó apasionada y profundamente. Ayame respondió al beso que les quitó el aliento y los hizo imaginarse fuegos artificiales a su alrrededor.
-No quiero que digas nada ni yo quiero pensar en nada. Sólo quiero que me hagas el amor ahora- dijo Ayame, tomando a Koga de la mano para llevarlo al segundo piso. Él se excitó en un segundo al escuchar lo que le dijo y no le quitó la vista de encima hasta que se encerraron en la habitación en la que dormía él.

      Ya no existía Bankotsu ni Kagura en sus realidades del momento, lo único que pensaban era el uno en el otro. Era increíble el amor, el romanticismo, la pasión y el deseo que sentían a causa del ácido. Todo era como volver a conocerse y explorarse, la piel tenía otro tipo de suavidad, el calor era envolvente, los olores se enfatizaban, las caricias eran penetrantes, los sabores eran jamás pensados y sus lenguas hacían el amor a cada beso. Sentían que entraban dentro del otro y que podían sentir sus emociones, era simplemente una experiencia. Tuvieron varios orgasmos y muy seguido, pero simplemente no podían parar de hacer el amor. Se miraban y creían que lo único que querían era entrar en los ojos del otro, sumergirse en sus pupilas y nadar allí el resto de su vida. Al terminar, Ayame estaba casi toda cubierta de Koga y él la limpió suavemente, como si la acariciara. Se quedaron desnudos, mirándose el uno al otro, solamente pensando y observando lo que el ácido les mostraba del otro a través de sus ojos. Después de un largo momento así, Koga se dispuso a hablar.
-¿Por qué estás con él y no conmigo?- preguntó, melancólica y tranquilamente.
-Ya sabes- respondió seria Ayame.
-Ayame, no lo sé.
-Tú me dejaste, ¿qué querías que hiciera? ¿Que corriera tras de tí?- se molestó de inmediato. Koga frunció el ceño, también molesto.
-Sí, eso hubiera querido. Pero ahora yo quiero correr tras de tí- reconoció, enojándose. Ayame se enojó igualmente.
-Pues no corras, porque yo estoy con Bankotsu.
-Déjalo.
-¡No quiero!
-Sí quieres.
-No.
-Ok, luego no me busques cuando esté con Kagura.
-Vaya, ¿le pedirás que sea tu novia de nuevo?
-¡Sí, eso haré!- exclamó Koga, a lo que Ayame se levantó y se puso su collaless. Koga se levantó detrás de ella, asustado -Por favor, Ayame- rogó, y la abrazó por la cintura desde atrás para retenerla consigo -Déjame tenerte ahora que estás lejos de Bankotsu- continuó, y Ayame bajó su rostro tristemente. Él acercó sus labios a su oído -Puede que no seas mi novia ahora, pero algún día lo serás y te amaré como nadie lo ha hecho- prometió. Los ojos de Ayame se llenaron de lágrimas que sintió calientes caer por sus mejillas. Koga la sintió temblar y la hizo voltear para mirarla. Le rompió el corazón verla así, y en un segundo, sus ojos se llenaron de lágrimas también. Mientras ella lloraba, él secaba cada lágrima con su propio cabello y se aguantaba las ganas de llorar.

      Depronto, escucharon que todos entraban corriendo a casa. Los dos se calmaron y se vistieron a la rápida para bajar a ver.

      Al pié de las escaleras, estaba Sango temblando de terror y Sesshoumaru lloraba como un niño de 5 años, mientras los demás intentaban calmarlos. Llegaron Ayame y Koga descalzos corriendo por las escaleras, Koga llevando sólo sus jeans y Ayame llevando solamente el sweater de Koga.

      Sango pedía que la protegieran de un monstruo que vió en el bosque y Sesshoumaru lloraba recordando a su padre. Sin duda, el ácido los estaba haciendo experimentar distintas emociones de manera drástica y extrema. Posterior a una hora, pudieron calmarlos y luego todos decidieron irse a dormir, a pesar de que aún no tenían sueño. ¡Qué viaje de los mil demonios! Sin duda, era la noche más loca, alegre, triste y aterradora que habían vivido en toda su vida. Algo que nunca iban a olvidar.     


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Utau13Tsuki Desconectado
« Respuesta #9 en: Abril 09, 2012, 10:28 am »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #9 en: Abril 09, 2012, 10:28 am »
Esta muy bueno el fanfic

aunque no fue hasta los otros dias que me puso a analizar a los personajes por que se me habian olvidado XDD

oi, y añadete a Jakotsu, que como es gay, en la serie le gustaba a Inuyasha XDD
seria comico XD y no estaria de mas eso para el fanfic

Sugarbabe Desconectado
« Respuesta #10 en: Abril 09, 2012, 12:13 pm »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #10 en: Abril 09, 2012, 12:13 pm »
Este capitulo contiene partes sobre consumo de drogas duras y partes LEMON!

CAPÍTULO 7
ADMITIR


      Kagome despertó con un dolor de cabeza y una resaca impresionantes. Daban las 11 am y aún tenía sueño, pero volteó y Hojo estaba despierto, mirándola en silencio. Se sonrieron y se dieron un suave beso.
-¿Cómo estás?- le preguntó Hojo.
-Tengo resaca, ¿y tú?
-También. Tengo aspirinas, puedo traerte agua.
-No, no te preocupes. Sólo si me acaricias...- insinuó ella, como niña consentida, sonriendo coqueta. Hojo se le acercó para acariciarle el rostro y el pelo.
-Oye, te agradezco mucho esta invitación- comenzó él, y ella le hizo un gesto de silencio con su dedo.
-Me has dado las gracias varias veces, ya no es necesario. Eres mi novio, te quiero y no podía no traerte.

      Hojo acentuó su sonrisa, y se volvieron a besar. Ahora, el beso se tornó más apasionado y profundo. Era lógico lo que Hojo quería y Kagome lo estaba deseando también, pero continuaba teniendo miedo y empezó a temblar un poco. Dejaron de besarse y ella iba a decirle todo lo que sentía, pero Hojo entendió de inmediato.
-No tenemos que hacerlo si no quieres, no voy a obligarte- prometió Hojo. Kagome negó con la cabeza y lo volvió a besar con desenfreno.

      Él no sabía cómo mostrarle las ganas que tenía de hacerle el amor, pero Kagome se lo estaba demostrando en todas las formas que sabía y podía. Lo besaba dulce y apasionadamente, le acariciaba el pelo y la espalda, y lo abrazaba con fuerza. Quería mucho que él la tocara pero aún estaba muy temeroso, por lo que tomó una de sus manos y la llevó a su cuerpo. Se miraron y poco a poco, Hojo comenzó a dominar los confines del cuerpo de su novia.

      Le quitó la ropa y la admiró, mientras ella se dejaba observar en su timidez y vergüenza. Kagome se dió la licencia de observarlo mucho pues sólo había visto desnudos de hombre en películas, y muy poco. Cuando lo tuvo encima suyo, se dedicó a disfrutar del placer que él era capaz de darle, acariciándola, besándola y lamiéndola. Finalmente y antes de disponerse a entrar en ella, saboreó la femenina humedad de Kagome, haciéndola sentir verdaderas ganas de hacer el amor. Le costó mucho penetrarla, pero lo hizo con la mayor de las delicadezas y aún así a ella le dolió el proceso. Estando dentro de ella, empezó a moverse suave y lentamente, para que Kagome pudiera acostumbrarse. Ella se olvidó pronto del dolor y se prestó a sentir el placer. Apenas se sintió lista, le pidió más a Hojo, a lo que él la complació de inmediato. En el momento en que se encontró murmurando su nombre, Kagome no podía creer lo indescriptible de la sensación, que sin duda no se comparaba con ninguna otra cosa. Hojo tampoco podía creer que le estaba haciendo el amor a la novia más linda que había tenido, y le decía cosas románticas a cada momento. Después, todo ese amor, esa pasión y ese deseo salió de ellos sin previo aviso, haciendo que tuvieran un orgasmo celestial. Kagome reía levemente de sorpresa y de incredulidad ante tan intensa emoción. Hojo la miraba sonriendo, y se daba cuenta de que la quería el doble que al principio. Se miraron agotados y jadeando por unos minutos.
-Te adoro, princesa- murmuró Hojo, acariciándola.
-Y yo te adoro a tí- murmuró ella, y se besaron suave y profundamente. Creía que no iba a parar de sonreír en un buen tiempo, pues había perdido la virginidad por opción propia y con su hermoso novio.

      Sango despertó al lado de Miroku, aunque no cerca de él. Se revisó temiendo estar sin ropa, pero por suerte estaba vestida. Fue al baño y al volver, Miroku recién despertaba.
-Buenos días, Sango- le dijo él, sonriéndole. Ella sonrió levemente y se acostó a su lado.
-Hola.
-Veo que te sientes mejor.
-Sí, diablos que me afectó el ácido.
-A todos.
-Oye, siento ser tan antipática ayer- se sonrojó Sango, apenada. Miroku rió levemente y le negó con la cabeza, mostrándole que no había problema -Seré más agradable, lo prometo.
-¿En serio?- preguntó con esperanzas Miroku, a lo que Sango asintió -Genial- dijo, rieron y continuaron conversando normalmente. Sango pensaba que ya era hora de tratarlo mejor, después de todo le gustaba, lo quería mucho y ya fue bastante de complicarle la vida.

      Al cabo de una hora, Koga despertó en su habitación. Miró a su lado y se encontraba Ayame mirándolo fijo, quién le sonrió de inmediato. Koga sonrió también y estuvieron unos minutos así, hasta que se acercaron y se besaron suave y profundamente.
-No hay muchacha que se vea mejor que tú por las mañanas- murmuró Koga.
-¿Ni Kagura?- preguntó seriamente Ayame, y Koga frunció el ceño. La chica rió relajada -No te molestes, es una broma. No quiero que discutamos más, creo que ya tuvimos suficiente de ello- se sinceró. Koga sonrió levemente y asintió sereno -Quiero que sepas... que nunca te olvidaré... Me encantas y te quiero demasiado, pero le dimos un término a nuestra historia y yo tengo otra ahora que me gustaría que saliera bien. En verdad quisiera que fueras feliz también, Koga- se puso seria Ayame. El rostro de Koga se llenó de seriedad al escuchar sus palabras.
-Prometo que nunca le haré saber a Bankotsu que estuviste conmigo, para mí es un secreto absoluto y no voy a pensar mal de tí por ello. Siempre voy a quererte conmigo, pero te entiendo, nuestra historia se acabó y los dos tenemos derecho a continuar. Lo único que te pido es que no te alejes de mí, me dolería que no habláramos más ni que no nos viéramos en la Universidad y esas cosas- confesó él, y Ayame sonrió enternecida. Koga no pudo evitar sonreír también -Te quiero mucho, nena- murmuró, y se besaron suave y profundamente.

      Estando todos en pié, los chicos salieron todos juntos a comprar para el desayuno mientras las chicas se quedaban solas en casa haciendo el aseo de todo el lugar.
-Oigan, chicas...- comenzó a hablarles Kagome, sonriéndoles levemente. Todas la quedaron mirando para tomarle atención. Rin rió levemente.
-¡Tuviste tu primera vez!- exclamó, adivinando de inmediato. Ayame y Sango quedaron boquiabiertas, mientras Kagome se sumaba a las risas de Rin.
-¡Puta madre!- exclamó Sango riendo y Ayame también rió.
-¡Cuéntalo todo!- exigió.

      Kagome les contó todo con lujo de detalles, como suelen hacer las grandes amigas. Las chicas estaban eufóricas y emocionadas, alegres porque Kagome también lo estaba. Le aconsejaron que debía ir al ginecólogo y empezar a tomar pastillas anticonceptivas como ellas ya lo hacían, porque un embarazo era gratis.

      Hacia la noche, los chicos decidieron salir de casa. Se dirigieron al barrio de la bohemia, lleno de bares y discotecas y entraron a la discoteca más destacada. Era buenísima en verdad. No muy cara, grande, con muy buena música y gente más o menos de la misma clase que ellos.

      La fiesta empezó entonces, con mucho alcohol, marihuana, cigarrillos y baile. Para variar, ninguno se estaba midiendo y la que enloqueció primero fue Ayame. Estaba al extremo de mareada a causa de la marihuana y el alcohol, y depronto tenía la sensación de desmayarse en cualquier momento. Koga la cuidó en unos asientos un rato y luego se le acercó Sango y la llevó al baño.
-Cielos, estoy demasiado mal- dijo Ayame, mientras se encerraban juntos en uno de los baños.
-Traje la cocaína, te hará bien. ¿Qué dices?- sugirió Sango. Ayame la miró con dificultad y asintió. Inexperta, Sango dibujó 4 líneas en su carnet de identidad, usando también el de su amiga. Enrolló uno de sus billetes en forma de cilindro y jaló una línea por cada fosa nasal. Cierto era que también lo necesitaba, pues estaba empezando a sentirse mal. Posteriormente, le alcanzó el tubo de billete a Ayame y ella jaló las dos líneas por sus fosas nasales con dificultad, pero logró hacerlo de todas maneras -Ahora, debemos sentarnos hasta que nos sintamos mejor- dijo Sango, tomó a Ayame y salieron.

      Poco a poco y mientras conversaban, volvieron a sentirse lúcidas. Sesshoumaru, Miroku y Koga también consumieron, por lo que igualmente pudieron sentirse mejor. Sin embargo, Kagome, Hojo y Rin terminaron vomitando. Volvieron a casa a eso de las 5 de la mañana, cuando la discoteca terminó y todos se sentían mejor. Se quedaron enfiestados bebiendo en la sala de estar como solían hacer. Pusieron música más que nada para conversar, reír y cantar. Estaba sonando "Best of you" de Foo Fighters, y Sango y Miroku estaban comenzando a coquetearse. Puesto que se sentaban el uno al lado del otro, no demoraron en darse un "primer beso".

      Se miraban como si fuera primera vez que se hubieran besado y pronto sintieron unas ganas enormes de tener sexo.
-¿Hagámoslo?- le preguntó Sango al oído, coquetamente. Miroku asintió seductor, la tomó de la mano y se la llevó a la habitación.

      Ya allí, Miroku cerró con llave y ambos se desnudaron de inmediato. Estaban desesperados, se besaban frenéticamente y se acariciaban casi con violencia, como si el mundo se fuera a acabar. Sango acarició, besó y lamió la parte más sensible de Miroku con delicadeza, disfrutándolo totalmente. Desnudos, Miroku la sentó a orillas de la cómoda para abrirle las piernas y dedicarse a complacer la femeneidad de Sango con su boca. Posteriormente, él le acarició la entre pierna y sobre todo su punto débil con su masculinidad, hasta que ni él ni Sango soportaron más y Miroku entró en ella. Él no podía evitar moverse fuerte y rápidamente, y ella no podía evitar aprisionarlo en un fuerte abrazo. En cosa de unos 15 minutos, tuvieron un orgasmo que dejó el vientre de Sango empapado de Miroku. Se besaron, ésta vez romántica y tranquilamente y luego se miraron fijamente, sonriendo.
-Imagino que ésto significa que estamos juntos de nuevo- dedujo Miroku.
-Si no pretendes estar con otras chicas además de mí- advirtió Sango.
-Te prometo que no se volverá a repetir- prometió él, acariciándole el rostro. Sango rió levemente, se abrazaron y volvieron a besarse.

      La vuelta a Tokyo fue buena, pero algo triste. Todos hubieran tenido ganas de estar por más tiempo juntos, pero también era preciso compartir con sus familias y otros amigos. Sin embargo, pronto iba a tornarse todo color de hormiga.

      Luego de dejar a sus amigos en sus casas, Ayame y Sesshoumaru llegaron a la suya. Todo estaba en orden, pero sus padres no estaban y los empleados les dieron una horrible noticia. Inuyasha había tenido hace un par de horas un accidente automovilístico y estaba en la clínica más cara de la ciudad. Dejaron sus cosas y llegaron lo más rápido posible en el auto de Sesshoumaru.

      Se encontraron con sus alterados y preocupados padres, y se dispusieron a tratar de calmarlos. Esperaban a que les permitieran verlo, y justo después de unos momentos que llegaron ellos, se les acercó el doctor para dejarlos pasar. Inuyasha yacía en la camilla con cuello ortopédico, la mano izquierda vendada y la derecha enyesada, y con la frente también vendada. Estaba con oxígeno para pronto quedarse dormido y descansar, por lo que mantenía sus ojos cerrados. Izayoi casi se lanzó encima de él, y él abrió los ojos, muy apenado.
-¡Inuyasha! Hijo, por Dios- le dijo Izayoi, con la voz quebrada y tomándole la mano. Había llorado mucho, tenía los ojos enrojecidos y húmedos. Al verlo así, a Ayame se le llenaron los ojos de lágrimas. Sesshoumaru la contuvo, manteniéndose fuerte ante todo.
-Mamá, ya pasó. Estaré bien- le prometió Inuyasha, muy calmado y miró a Ayame y Sesshoumaru, sonriéndoles levemente -Los extrañé, ¿cómo la pasaron sin mí?- preguntó engreído. Ayame rió levemente apesar de la pena que sentía.
-Hablaremos cuando estés mejor, ahora debes descansar- le contestó Sesshoumaru, muy serio. Inuyasha les guiñó un ojo y cerró sus ojos, en verdad estaba muy cansado. Izayoi le acarició el pelo y el rostro, algo más calmada por verlo.
-Hay que dejar que descanse- dijo Tetsuya, refiriéndose a que debían salir. Izayoi asintió y salieron de la habitación.

      Los 4 se quedaron en la sala de espera hasta que llegó la noche y prefirieron no llamar a los chicos, pero pronto Rin llamó a Sesshoumaru y tuvo que contarle. Ella prometió no contarle a nadie pues iba a preocupar a todos, pero sí tenía que ir a acompañarlos a la clínica. Ayame prefirió llamar a Bankotsu para contarle que había llegado y preguntarle cómo iba todo en Hiroshima, aprovechando de comentarle lo de Inuyasha.

      La clínica sólo le permitía a dos personas quedarse durmiendo junto a los pacientes en las habitaciones, por lo que Sesshoumaru y Ayame decidieron quedarse. Izayoi se mostró reacia al principio, pero Tetsuya la convenció de que ya no le pasaría nada peor a Inuyasha y estaría bien bajo los ojos de sus hermanos. Se llevaron consigo a Rin, Ayame se sentó en una silla a la orilla de la cama de Inuyasha tomándole la mano, mientras Sesshoumaru observaba desde un sillón al frente de la cama. Pronto se quedaron dormidos al igual que su hermano, pero en un par de horas los despertó.

      Inuyasha tenía pesadillas, sonaba preocupado y angustiado y llamaba a Kagome, pidiéndole que por favor no lo dejara. Ayame y Sesshoumaru despertaron alarmados y se ocuparon de despertar a Inuyasha. Él los miró a ambos una vez que tuvo los ojos abiertos, suspirando y dándose cuenta de que aún estaba en la clínica.
-Diablos- murmuró, jadeando sonrojado. Ayame le acarició el pelo -Soñaba con Kagome- comentó, dificultosamente.
-¿Y éso por qué?- indagó Sesshoumaru, apesar de que sabía la respuesta al igual que Ayame. Inuyasha bajó la mirada y no dijo nada.
-¿Inuyasha?- preguntó Ayame, incentivándolo a hablar. Él los miró seriamente.
-Admito que...- comenzó, pero sentía su corazón estremecerse por lo que sentía y nuevamente calló unos segundos -Admito que siento muchas cosas por Kagome- dijo, y sus ojos brillaron al pronunciar su nombre. Ayame y Sesshoumaru se miraron en señal de confirmación de lo que ya sabían y comentaban hace tiempo.
-No tiene nada de malo- lo hizo sentirse mejor Sesshoumaru.
-Sí que es malo, ella está con otro- se enfadó Inuyasha.
-Me gustaría decir que no es tu culpa, pero lo es- le dijo Ayame y por unos segundos, Inuyasha la detestó.
-No me recalques mi error, ya lo tengo muy claro y me siento lo suficientemente mal- dijo, y sus hermanos se quedaron en silencio, lamentándose -¿Ustedes creen... que yo tenga posibilidades de estar con Kagome?- preguntó, tímidamente y con un dejo de esperanza en su mirada. Ayame miró a otro lado, sabía lo feliz que su amiga estaba con Hojo y no sabía qué decir -Díganme la verdad- dijo Inuyasha en tono de mandato. Sesshoumaru también había visto que Kagome no podía estar mejor en su relación con Hojo, pero no iba a dejar a su hermano desesperanzado.
-Si de verdad la quieres, tendrás que jugar absolutamente todas tus cartas- aconsejó. Inuyasha miró a Ayame entonces.
-¿Y tú qué dices, Ayame?- le preguntó, temiendo una mala respuesta de parte de ella. Ayame volvió a mirarlo, seria pero serena.
-A decir verdad, veo a Kagome muy feliz con Hojo- reconoció apenada. Inuyasha bajó la mirada entristecido -No lo sé, Inuyasha. Pero nada es imposible, ¿sabes?- fue lo único que pudo decirle. Inuyasha la miró y le guiñó un ojo.
-¿Podrían llamarla mañana y llamar también a los chicos? Quiero verlos, y quiero... hablar con Kagome- les pidió. Sesshoumaru asintió.
-Haremos que Kagome venga sin Hojo, no te preocupes- le aseguró.

      A la mañana siguiente, mientras Inuyasha despertaba algo mejor y tomaba su desayuno, Sesshoumaru y Ayame llamaron a los chicos y todos prometieron asistir después de almuerzo. Izayoi y Tetsuya llegaron y luego del almuerzo, les fue posible conocer a los amigos de sus hijos. Los dejaron unos momentos a solas con Inuyasha, y posteriormente, Ayame y Sesshoumaru se las arreglaron para dejar a Kagome y a Inuyasha a solas.
-Gracias por venir a verme, Kagome. En serio- rompió el silencio Inuyasha, nervioso y sonrojado, sin parar de mirar a Kagome.
-No es nada, tenía que venir. Somos amigos, ¿no?- quitó la mirada Kagome. Inuyasha continuaba poniéndola algo nerviosa apesar de su noviazgo con Hojo pero ahora que estaban solos, era peor. Inuyasha se quedó callado, había detestado éso que dijo Kagome sobre ser amigos, aunque fuera la verdad.
-No quisiera serlo más- dijo, tranquilo pero firme. Kagome lo miró extrañada, ¿qué le pasaba a Inuyasha ahora? ¿La odiaba o algo así?
-¿A qué te refieres con éso?- se molestó.
-A que quisiera que fuéramos más que amigos- respondió, sonrojándose el doble. La sorpresa, la tristeza y la confusión hicieron callar a Kagome, quién nunca se había esperado escuchar a Inuyasha diciendo algo de ése tipo. Se sonrojó y no le quitó los ojos de encima -Kagome, me he dado cuenta... de que eres la única chica que me gusta y que quiero tener como novia... Sé que estás con Hojo y que eres feliz con él, pero... te conquistaré... Lo prometo- terminó, decidido. Menos aún Kagome pudo hablar, ¿era ése un sueño? En unos segundos, recordó todo lo que había sentido por Inuyasha desde que lo conoció la primera vez y lo mal que se sintió cuando supo que se acostaba con otra chica.
-Lo siento, Inuyasha. Tengo que irme- dijo, tomó sus cosas y salió prácticamente corriendo de la habitación. En el pasillo, nadie pudo detenerla y sus amigas prefirieron dejarla ir.

      Kagome corrió y corrió hasta el subterráneo para irse a casa. Sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a sollozar en silencio, intentando no ser notada por nadie. Qué tarde se había dado cuenta de las cosas Inuyasha. Después de que ella hubiera estado con él sin problemas antes de Hojo, ahora que estaba en paz, tenía que venir Inuyasha a arruinarlo. ¿Arruinarlo era la palabra? No lo odiaba ni nada por ello, pero cierto era lo confundida y angustiada que se estaba sintiendo en ése momento. Tampoco iba a abandonar a Hojo inmediatamente por Inuyasha, pero necesitaba y anhelaba poner su mente en orden.

      Posterior a unos días, Inuyasha volvió a terminar su recuperación a casa. Sesshoumaru y Ayame pasaron mucho tiempo más a su lado, apesar de que él los alentaba a salir y no quedarse encerrados junto a él en casa.

      Por su parte, Ayame estaba pasando por un tiempo de extrema confusión al igual que Kagome. Lo sucedido en Kioto junto a Koga había puesto su cabeza y su corazón patas arriba. Bankotsu era su novio, lo quería mucho y sentía muchas cosas por él, pero Koga... era otra cosa. Su historia había sido demasiado genial y especial, y la sensación que él le causaba en su mente, en su corazón, en su alma y en su cuerpo era algo delicioso y difícil de ignorar. ¿Se había enamorado de Koga? No tenía idea, debía pensarlo y esperar a Bankotsu para hablarlo con él.

      Bankotsu llegó un día en la tarde a Tokyo y de inmediato invitó a su novia a tomar un café y comer algo a una distinguida cafetería, pues deseaba mucho volver a verla. Se reunieron y Ayame estaba muy feliz por verlo, aunque muy nerviosa también. Bankotsu notó de inmediato ésto, Ayame era muy expresiva y no dudó en preguntar, sin dejar de temer algo malo.
-Cariño, ¿te sucedió algo? Digo, ¿aparte de lo de Inuyasha?- preguntó mientras la tenía tomada de la mano, serio y sereno.
-Hay algo que quisiera pedirte... Es importante- contestó Ayame mucho más nerviosa, y miró a Bankotsu apenada. Él frunció el ceño, asintiendo -Necesito que me des un tiempo...- comenzó, a lo que Bankotsu se mostró sorprendido y molesto.
-Aaahh, el viaje a Kioto. Es por Koga, ¿cierto?- preguntó, soltándole la mano. A la pelirroja se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no dijo nada y él terminó de enojarse y entristecerse -Es mejor que rompamos en vez de que nos tomemos un tiempo- dijo. Las lágrimas de Ayame cayeron negras por sus mejillas, pero no podía pedirle que no rompiera con ella.
-Lo siento, Bankotsu. Te prometo que no fue mi intención- le dijo, con la voz quebrada. A Bankotsu le fastidió eso aún más y sus ojos se tornaron vidriosos con lágrimas de rabia.
-¡De todas formas me hiciste daño!- exclamó, y Ayame empezó a sollozar en silencio -Yo estaba enamorado de tí, Ayame... Pero ésto se queda hasta aquí- dijo, tomó sus cosas y dejó a Ayame abandonada.


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Utau13Tsuki Desconectado
« Respuesta #11 en: Abril 10, 2012, 11:56 am »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [Amor] [Lemon]
« Respuesta #11 en: Abril 10, 2012, 11:56 am »
Brutal!!!
aunque algo triste TT.TT

espero la conti... esta muy interesante
espero que pronto salga Jakotsu!! XDD

Sugarbabe Desconectado
« Respuesta #12 en: Junio 04, 2012, 09:01 am »

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Re:Inuyasha: Malos De La Cabeza [AMOR] [LEMON]
« Respuesta #12 en: Junio 04, 2012, 09:01 am »
Este capítulo contiene partes LEMON!

CAPÍTULO 8
FINALES Y COMIENZOS


      Koga veía videos en YouTube y permanecía conectado en Facebook ésa noche, bebiendo un café y fumando un cigarro. Terminando de ver un video en YouTube, volvió a Facebook para responderle en el chat a Inuyasha y a Kagome. Sin embargo, en las noticias salió algo que lo dejó sorprendido. Ayame había pasado de estar "en una relación" con Bankotsu, a "soltera". Dentro de la sorpresa y extrañesa, no pudo evitar sonreír levemente. Sin embargo, pensó que no podía ser tan cruel como para sonreír y sacudió la cabeza. No podía sentirse bien porque ellos habían terminado, siendo que Ayame podía estar mal.

      CHAT DE FACEBOOK:
Koga: oye maldito, no me mencionaste que ayame rompio con bankotsu
Inuyasha: no, no queria decirte porque se que vas a venir a buscarla de inmediato y ella necesita un tiempo de soledad
Koga: no lo voy a hacer, es obvio que necesita un tiempo de soledad. pero como esta? crees que es apropiado llamarla?
Inuyasha: no, es mejor que no. lo siento hermano, pero ella esta muy mal. se ha encerrado en su habitacion y con sesshoumaru preferimos dejarla sola, aunque ya la consolamos un momento cuando llego llorando
Koga: mierda, odio que llore. odio que este mal
Inuyasha: sesshoumaru y yo mucho mas, es nuestra hermana de verdad
Koga: cuidenla y subanle el animo, por favor
Inuyasha: tranquilo, estara bien. oye, si vuelves por ella, es de esperar que hayas roto con kagura. si llego a saber que no es asi, no sabes la golpiza que te llevaras y no me interesa que seas como mi hermano. ayame esta primero
Koga: jajajajajajaja no te preocupes por ello
Inuyasha: ;) confio en ti!
Koga: ;) gracias, hermano!

      Faltaba una semana para volver al segundo semestre de clases en la Universidad, e Inuyasha estaba casi totalmente recuperado del accidente. Además, el reposo y cuidados en casa le habían ayudado a aclarar su mente. Tenía que ir por Kagome, estaba decidido a conquistarla aunque significara pasar por encima de Hojo.
 
      Sin embargo, primero, debía terminar su "relación" con Kikyo. La invitó a comer algo a un Mc Donald's y allí se reunieron. 
-¿Sabes, Kikyo? Quisiera decirte algo importante, sólo espero que no te molestes- comenzó Inuyasha, muy tranquilo. Ella lo miró extrañada y asintió -Preferiría que no siguiéramos viéndonos ni nada de esas cosas- lo dijo con sencillez. El rostro de Kikyo se desfiguró a la molestia por ser rechazada.
-Me estás rechazando...- concluyó, algo horrorizada. Inuyasha se complicó un poco ante tal comentario.
-Es que hay una chica con la que en verdad quiero estar, y me dí cuenta hace poco de ello- reconoció.
-Está bien, está bien- lo interrumpió ella, muy enojada -No te preocupes. Quédate con ésa chica, yo me quedo con Naraku de Medicina- le dijo en tono de amenaza, tomó sus cosas y se fue muy indignada.
-¡La pasé muy bien, gracias!- le agracedió Inuyasha, quién se había limitado a mirarla irse mientras comía de su hamburguesa y bebía, sin darle mayor importancia.

      Todos volvieron muy animados al segundo semestre de clases en la Universidad, era obvio que disfrutaban mucho de andar juntos y se extrañaban.

      Miroku y Sango llevaban un tiempo considerable saliendo a citas juntos, pero él creía que era el momento de pedirle que fuera su novia. Se gustaban y querían muchísimo y simplemente ya era pérdida de tiempo seguir saliendo juntos sin tener una relación oficial.

      El primer día de clases, Miroku no asistió a la Universidad tal como solía hacer siempre al principio. Sin embargo, se presentó en el hall del edificio a la hora que Sango y Rin salían de clases. Habían acordado reunirse allí, pero ella no tenía idea de lo que se le pasaba por la mente a Miroku ese día.

      Llegó con un ramo grande de rosas rojas, el que Sango no pudo creer que lo trajera para ella. Rió nerviosa y Rin rió emocionada, temiéndose lo que iba a pasar.
-Miroku, qué hermosas rosas- le dijo Sango al encontrarse con él. El chico sonreía sonrojado y nervioso, con un aire de esperanza.
-Sí, son para tí- se las alcanzó amablemente. Sango las recibió como si se tratara de un bebé, y luego volvió a mirar al chico -Sango, yo... quería pedirte que fueras mi novia- dijo.
-Oh mi Dios- murmuró Rin alegre y emocionada, pero ninguno de los dos la escuchó. A Sango se le borró la sonrisa, estaba demasiado sorprendida y sonrojada además.
-Me tomas el pelo- comentó.
-No, es de verdad- dijo Miroku, riendo nervioso. Sango sonrió entonces, emocionada y sonrojada. Se lanzó a los brazos de Miroku y él la alzó para girar juntos. Se besaron mientras él aún la tenía suspendida en el aire, suave y apasionadamente. Luego, él la volvió a depositar en el suelo con delicadeza.
-Es el día más feliz en mucho tiempo, cariño- dijo ella, sin poder contener la felicidad en su corazón.
-Es el de los 2, nena mía- dijo él, sintiendo que ahora su mundo era de verdad, completo.

      Entre tanto, Koga esperaba la llegada de Kagura en una estación de subterráneo. Estaba tranquilo, pero sentía un peso que quería sacarse lo antes posible. Como primer día, había tenido la oportunidad de toparse con Ayame y sus sentimientos y deseos por ella estaban totalmente intactos. Parecía estar mejor por lo de Bankotsu pues estaba muy alegre y calmada, y además, aún existía entre ellos esa inevitable química en todos los sentidos. Tenía que romper con Kagura e ir tras Ayame y hacer lo que ella dijera con el propósito de volver a tenerla finalmente. Ya no resistía más.

      Vió a Kagura llegar apresurada y entusiasmada, alegre. Sin embargo, ella intentó besarlo en la boca y él le corrió la cara. Ella intentó ignorar dicha reacción, sin dejar de mostrarse extrañada.
-¿Cómo estás hoy?- le preguntó, algo preocupada y asustada. Koga la miró serio, y prefirió evitar la conversación de rutina para ir al grano y no hacerla perder más tiempo.
-Kagura, yo... lo siento, pero quiero estar con otra chica- comenzó. Ella se entristeció mucho, pero entendió de inmediato cuál era el motivo de tal situación.
-La pelirroja- concluyó, serena. Koga se sorprendió ante su reacción y comprensión. Asintió, y ella suspiró -Ok. Gracias por decírmelo- dijo, sin saber qué otra cosa decir.
-Fuiste un hermoso amor para mí, pero no sabía que ella era la chica de mi vida- le explicó Koga, intentando que no se sintiera tan mal. Kagura sonrió leve y apenada.
-Tú tambien lo fuiste, y entiendo que hayas encontrado a otra. Sólo espero que ella te ame a tí y que sean muy felices- dijo con los ojos llenándose de lágrimas. Se le acercó, lo besó en la comisura de los labios y apresuró el paso para volver por donde mismo había llegado.

      Koga la miró irse, pero a la misma vez vió venir ésa oportunidad definitiva que tenía de ir por Ayame. No pudo evitar sonreír, y volteó para caminar también y acentuar su sonrisa. La pelirroja invadió aún más sus pensamientos y sentimientos.

      Continuó caminando por el paseo comercial y de servicios y como si se hubiera tratado de un genio que le cumplió su sueño, vió a Ayame. Traía bolsas de compras y encendía un cigarro, parecía lista para irse. El corazón de Koga se aceleró y rió levemente al volver a darse cuenta de la deliciosa sensación que le causaba su prescencia. Estaba tan hermosa como siempre, y sus ojos lo encontraron respondiendo a su llamado. Ella sonrió automáticamente, emocionada y sonrojándose. Botó el humo y se apresuró al encuentro con Koga.
-Koga, ¿qué andas haciendo por aquí?- le preguntó, riendo levemente. Koga se le acercó y le besó la mejilla, cerca de sus labios, inspirando su perfume.
-Me reuní con Kagura- contestó aparentando normalidad, y Ayame se apenó un poco pues suponía que aún estaba con ella. Asintió comprensiva, volviendo a fumar -Ya no estamos juntos- continuó él, haciendo sonreír amplia e inevitablemente a Ayame. Ambos rieron levemente y se sonrojaron, nerviosos. Sabían lo que significaba estar solteros, y era obvio que iban a aprovechar por igual la oportunidad.

      Kagome había estado todo ese tiempo de aclaración de su mente, evitando reunirse con Hojo. Pero, tal como ella sabía, él pronto iba a molestarse de verdad e iba a querer averiguar la verdad. Como aquél día.

      Ella estaba en casa tranquilamente al atardecer, cuando Hojo la visitó de sorpresa. Se saludaron como normalmente en el living, pero no tan amorosamente, lo que preocupó de inmediato a Kagome. Sin embargo, tenía muy claro que pronto iba a tener que enfrentar su verdad.
-Bueno, Kagome. Dime, te escucho- comenzó él, molesto.
-Había estado intentando evitar éste momento, porque me pone demasiado triste. Pero creo que no mereces seguir así- comenzó de una vez Kagome, armándose de una vez para continuar -Pasa que quiero a Inuyasha... Y a nadie más... Discúlpame, Hojo- terminó, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sentía tristeza por haberle hecho éso a él, pero a la vez se sentía aliviada y cómoda quitándose aquél peso de encima. A Hojo se le transformó el rostro, no se esperaba que le dijera que sentía algo por Inuyasha después del bello noviazgo que llevaban juntos.
-Ya veo... No tengo nada más que hacer aquí- dijo desconcertado y dejó a solas a Kagome. Ella corrió a llorar a su habitación, pero tenía una razón para sonreír después.

      Era casi de noche y estaba completamente a solas en su mansión. Sus hermanos habían salido ésa noche, y él había preferido quedarse. Miraba el cielo oscurecerse en su ventana, pensando en ella. Su ser se revolucionó cuando la vió caminando de la mansión de sus papás a la suya, mirando a su ventana. La chica le saludó sonriendo con la mano y él sonrió nervioso automáticamente. Corrió a abrirle, de hecho casi se cayó en las escaleras. Al abrirle, ella parecía nerviosa y alegre por algo, con un sonrojo en sus mejillas. Él se sonrojó también, inevitablemente.
-Hola, Inuyasha. Siento llegar así, tan de sorpresa- se disculpó Kagome, algo avergonzada. Inuyasha rió levemente.
-Pierde cuidado, pasa- le dijo, algo ansioso. Ella entró, y volteó para quedarse quieta. Cuando Inuyasha cerró la puerta y volteó, quedaron de frente -¿Te sucedió algo? ¿Todo bien?- le preguntó, nervioso. Ella negó con la cabeza y suspiró, tenía que reunir fuerzas para decirle toda la verdad. Su verdad. Inuyasha se puso aún más nervioso, pues no tenía idea de lo que pasaba y al parecer, Kagome quería que él supiera algo, por lo que sólo podía esperar.
-Rompí con Hojo, porque... quiero estar contigo, Inuyasha- dijo en voz baja Kagome, como si fuera el más hermoso de los secretos. De hecho, para Inuyasha, lo era. Él sonrió levemente, sorprendido y sonrojándose el doble. Ella rió un poco y se sonrojó hasta las orejas, esperando a que él le respondiera.
-Soy yo el que quiere estar contigo- le dijo y no la dejó ni pensar ni respirar. Se le acercó veloz, la tomó del rostro y la besó suave y profundamente. Kagome correspondió de manera automática, y sólo ése beso hizo a sus mundos girar en descontrol. Cuando terminaron, se miraron fijamente y muy de cerca. Se deseaban muchísimo además de gustarse y quererse, pero Inuyasha tenía en mente ir más despacio que éso. Para su tortura, Kagome quería todo,... en ese mismo instante.
-Quiero que hagamos el amor- murmuró ella, deseosa. Inuyasha se sorprendió y tembló de nervios nuevamente.
-Kagome, no es necesario que lo hagas. Podemos esperar más, hacer las cosas con calma- explicó. Ella negó con su cabeza.
-No quiero que sea después, quiero que sea ahora- murmuró en tono de mandato. Inuyasha rió nervioso, pero ella sólo lo tomó del rostro para besarlo apasionadamente. Kagome se las iba a arreglar para calentarlo al punto de hacerlo cambiar de opinión. Su cuerpo clamaba por tener a Inuyasha dentro suyo y no iba a descansar por nada.

     Por primera vez en su vida, una muchacha que le gustaba muchísimo estaba tomando la iniciativa a todo volúmen. Kagome lo apretaba, lo tomaba del rostro, le acariciaba el pelo, le mordía la lengua y los labios. Para más remate, después comenzó a tocar y a manipular su masculinidad, y llevó su boca allí. En ése momento, la resistencia de Inuyasha llegó a su límite y cuando ella se detuvo, él se prestó a hacerle todo lo que había soñado hacerle. La llevó a su habitación y finalmente entró en ella. La soledad de la mansión escuchó todo el derroche de amor y placer sucedido en la habitación de Inuyasha, que los dejó dormir exhaustos hasta el otro día. 

      Después de ése repentino encuentro en la calle, ambos habían quedado en las nubes. Koga quería invitarla a salir lo más pronto posible pero sin parecer desesperado aunque en verdad lo estuviera. No obstante, no sabía que Ayame iba a darle una grata sorpresa.
   
      Se toparon un día en el chat de Facebook y comenzaron a hablar como normalmente, cuando Ayame dió el primer paso.

      CHAT DE FACEBOOK:
Ayame: oye, koga :$
Koga: dime :$
Ayame: queria preguntarte... si te gustaria salir conmigo... es decir, hacer todo de nuevo :$
Koga: :o es en serio?
Ayame: siii, en serio. muy en serio :D o tu no quieres?
Koga: por favor preciosa, como crees que no voy a querer? :D yo iba a invitarte a salir, pero ya que tu lo hiciste jajajajajajaja <3
Ayame: :o :$ geniaaal! <3
Koga: siii :$... ya te estaba extrañando demasiado :$
Ayame: :$ de verdad?... pues, yo tambien... despues de lo que tuvimos en Kioto, yo... no pude quitarte mas de mi cabeza... fue por eso que rompi con bankotsu :$
Koga: yo tambien rompi con kagura por ti :$... no podia hacerme el tonto con lo que siento por ti :$
Ayame: yo tampoco :$... somos unos tontos, ciertamente XD jajajajajajajajajaja :$
Koga: jajajajajajajajajaja :$ si, pero eso ya se acabo :) <3
Ayame: prometido! :D :$
Koga: completamente! :$ :* <3
Ayame: :* <3


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