Autor Tema: Érase una vez el amor, y tuve que matarlo.  (Leído 940 veces)

KozumiSabaku Desconectado
« en: Abril 13, 2013, 12:28 pm »

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Érase una vez el amor, y tuve que matarlo.
« en: Abril 13, 2013, 12:28 pm »
Érase una vez el amor, y tuve que matarlo.

Efímero; una palabra que describe aquel sentimiento que todo ser humano siente en algún momento de su miserable vida. Sin motivos, sonrió cuando el viento frió acaricia mis cálidas mejillas pintadas con rubor en color rosa vivo. Mis labios se curvaron al ver aquella persona que roba mis pensamientos, pero… a la cual odio así mismo como le aprecio. No espero mucho de mi vida, ya que hasta donde he llegado ha sido por mi esfuerzo, y el consejo de mis respetados padres. Dolor y angustia no sentí alguna vez, ya que viví apartada de toda malicia.

Camine en silencio, con mucha calma, por los pasillos de la universidad. Tenía una hipócrita sonrisa plasmada en mi níveo rostro, el aroma de mi perfume me embriagaba. Observe a los montones de personas que se pasaban por enfrente de mí: sonriendo, riéndose a carcajadas y otros apresurados por llegar tarde a su primera clase. ¿Por qué yo no podía ser como ellos? Cada quien vive su vida al ritmo que desea; el tiempo lo mide, y traza su destino con sus acciones y palabras. Pase por un grupo de chicas rubias, eran la envidia de muchas, ya que son bonitas había que admitirlo, pero han conseguido su belleza con falsedades como el maquillaje exuberante y las cirugías plásticas. Eso no es de envidiar, sino de lamentar. Hablaban de un tema totalmente ajeno a mi conocimiento: el amor. ¿Desde cuándo he vivido sin enamorarme? He perdido la cuenta de los años que solo he vivido por superarme a mí misma, no le deje espacio para ese sentimiento tan egoísta. Aún recuerdo las palabras de mi divorciada madre “cuando los hombres te abandonen, ¿Qué te quedara? Exacto: nada; así que no te aferres a ninguno” ese ha sido prácticamente mi lema, no confiar en ellos. Aunque, tal vez solo esas palabras se crearon por el despechado corazón de mi madre, al ser abandonada por su marido ya que tenía una amante más joven que ella. El amor crea envidia; no lo necesito.

. –Disculpe, ¿esto es suyo? –me di media vuelta y mis ojos se toparon con aquellos ojos azabaches. Era alto y de test morena; despedía un delicado olor a ajenjo combinado con su perfume. –Sí, gracias. –tome el pañuelo que tenía en su mano extendida y me dirigí a mi salón de clases. Me pregunto si sus labios sabrán a ajenjo.

Al entrar al aula de clases, salude al profesor con un cordial buen día y me dirigí a mi asiento como todos los días: monótono. El profesor señalo que había un nuevo estudiante, ¿a mitad de curso? Primera vez que escuchaba algo así, pero tenía la leve esperanza que fuera el mismo de esta mañana. Solo tenía curiosidad, era eso…

Estaba en lo correcto: era él. Con una sonrisa de altanero y su ego encendido, entro al salón. Rápidamente me capto hasta donde estaba yo, se presentó y tomo asiento a mi lado. Su sonrisa se volvió amable y cálida, yo solo gire mi rostro y lo ignore. Él quedo confundido, pero en mi interior… yo sonreía. Quizás me culpes algún día por no decirte que me agradaba hablar contigo, pero mis principios, que fueron incrustados en mi corazón desde mi infancia, son más fuertes que un simple capricho de conocer a un hombre. Si, sé que eso que mi madre inculco en mi es erróneo, pero aun así cuando me fue dicho aquello, yo no razonaba lo suficientemente bien… y ahora me es totalmente imposible arrancar eso de mi vida.

. –He notado que me ignoras desde hace rato, y ya ha sonado el timbre de salida; ¿piensas salir o quedarte a dormir aquí? –La ironía estaba clavada en aquella pregunta, me ofendió un poco; estaba tan perdida en mis pensamientos que ni note nada; ni atención le preste al profesor… estoy en problemas, y debo alejarme.

. –No, yo ya me retiro. Adiós. –Intente ser lo más cortante posible y marcharme de allí como alma que lleva el diablo, pero me lo impidió. –Disculpa, ¿Cuál es tu nombre? –Suspire cansada del día, ya pronto iba a oscurecer, y quería descansar, tomar una ducha fría y relajarme un rato para despejar mi mente. –Alice, ese es mi nombre. –Ni mostré interés en el nombre de él, como una indirecta de que me dejase en paz y me dejara ir de una buena vez. –El mío es Luis, mucho gusto Alice. –el sonrió ampliamente y sin despedirme me aleje yendo directo a la salida, rezando porque no me detuviese una vez más. –Me gustaría salir contigo, no conozco a muchas personas y pues eres la única a quien le hablo. –Un sonido retumbo en mi interior, como si algo se quebrase; exacto… era mi paciencia al límite. – ¿Eres idiota o qué? ¿¡No has notado que te estoy evitando desde hace rato!? –Salí del salón totalmente enojada. No quería verlo, no necesitaba verlo.

. –No lo odias por tu madre, sino por ti misma; la única idiota aquí eres tú, Alice. –esa voz, era mi mejor amiga Natasha. –Vete, no necesito de tus consejos. –Comencé a caminar dándole la espalda. –Alice… ¿es porque se llama igual a él? ¿Al mismo chico que te abandono aun cuando te prometió amor eterno? ¿Ese que se fue sin decir adiós, y que no sabes nada de él? –Me di vuelta para notar el rostro de mi amiga. –Natasha, ¿Por qué lo… —Ella me interrumpió. –Si no estás dispuesta a aceptar la realidad, ¿para qué vives? –Sin despedidas, ella ser marcho.

Trague grueso, sus palabras habían dado en una grieta de mi corazón; lo hizo sin piedad, y dolió demasiado. ¿Así se siente cuando yo evito a alguien? Parece que esto es el famoso karma. Dichoso aquel que aún no lo conoce. Ahora que lo notaba, Luis no había salido del salón. Por curiosidad abrí la puerta, no mucho, solo lo suficiente para poder “espiar”. Lo que vi me sorprendió. Él estaba tendido en el suelo, algo negro se escurría por debajo de su cuerpo. No podía ver bien, ya que pensé que él se enojaría por entrometerme en sus asuntos. Lo vi escribiendo algo en el suelo, pero era como si hubiese puesto tinta en sus dedos y lo pasara por el suelo.


¡Entra!

Una voz extraña grito en mi interior, y como si alguien me empujase entre al salón cayendo de rodillas en el suelo frió. Me levante rápidamente y encendí la luz lo más rápido que pude. Coloque una mano en mi boca, intentando ahogar el grito desgarrador que amenazaba con escapar de mis labios. No podía creerlo, no quería creerlo: él estaba tendido en el suelo, muerto… un gran charco de sangre estaba bajo su cuerpo y en el suelo estaba escrito:

Érase una vez el amor, y tuve que matarlo
Mi amada Alice.

Recordé todo; aquel pañuelo yo se lo había dado a Luis cuando éramos niños, ¿Por qué no me di cuenta antes? El solo intentaba recuperar todo el tiempo que paso. Y yo… solo lo evitaba, me siento totalmente estúpida. Me acerque a él, y le di un beso en sus fríos labios ya inertes, poco después llame a la ambulancia y ya no quiero recordar más.
El amor está muerto en mi vida, y así será toda la eternidad.

Fin.

~Todo tiene su final~


NyanmaruRulz~

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« Respuesta #1 en: Mayo 29, 2013, 09:13 am »

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Re:Érase una vez el amor, y tuve que matarlo.
« Respuesta #1 en: Mayo 29, 2013, 09:13 am »
Me encanto, sencillamente me encanto.

Es el estilo de historia q me encanta leer.

Me hubiese gustado q fuese más una historia más larga para q pudieras profundizar Bn en lo q le paso a alice cuando era niña con ese chico, lo mismo con su mama y su padre, lo q paso Bn en esa universidad y lo q decía su amiga, etc.

:)

Si tienes otras historias de amores trágicos, solo envíame un MP con los links para leer :D

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