Autor Tema: Cerezos [ShoutaxSakura]  (Leído 707 veces)

Snade Desconectado
« en: Agosto 07, 2013, 10:56 pm »

  • Cantando me he de morir, cantando me han de enterrar. Desde el vientre de mi madre vine a este mundo a cantar.
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Cerezos [ShoutaxSakura]
« en: Agosto 07, 2013, 10:56 pm »
Shouta le pertenece a Widget. Me lo prestó para hacer una serie de One-shots.
Sakura es de mi propiedad.




Cinco de la tarde. 
El cielo estaba anaranjado ese día y se podía contemplar como las nubes iban adquiriendo diferentes tonos gracias a la luz del sol que amenazaba con extinguirse en el horizonte en cualquier momento.

El parque ese día se veía afectado también por la distorsión de la luz blanca.

El parque, uno de los tantos, pero no uno cualquiera, estaba un poco alejado de la ciudad capital. Se tenía que tomar el tren para llegar allí. Eran más de cuarenta minutos de viaje.  Pero eso, a Shouta no le importaba.
Además, se podría decir que era un basurero abandonado por la poca mantención del estado. Aunque en plena primavera, aquellos árboles de apariencia moribunda y frágil recobraban su belleza original: las flores.  Sus flores rosadas pálido, casi blancas. Árboles de cerezo.
Estos árboles le recordaban la felicidad que le causaba una persona; una persona que amaba desde que era un niño, aun cuando no era capaz de concebir en su pequeña e inexperta mente lo que era exactamente el “amor”.  Su hermosa Sakura. O “Sakura-chan”, como le decía todo el mundo en forma cariñosa.

Sakura era una chica colegiala de su edad, casi perfecta: Unos ojazos claros, avellanados y de largas pestañas; tez blanca y suave como la misma seda; voluptuosa para su edad; Cabello largo hasta por debajo de la cintura de color violeta y una encantadora personalidad suave, inteligente y femenina.

A sus quince años, no podía ver los defectos de su amada, porque para él, prácticamente no tenía ni uno. Tanto el físico como su forma de ser eran tan embriagantes que no podía resistirse a tal desprendimiento de feminidad que ella largaba. La imagen de la misma perfección.

Deseaba que fuera más que un cerezo florecido que pudiera contemplar, quería ir más allá que eso. Quería que fuera su adorada novia.

Llegó al parque y lo primero que hizo al poner un pie ahí, fue llamar a Sakura con su celular.

-¿Vienes en camino? – Preguntó paciente.

-Si… estoy en eso. Me cambié de ropa como me dijiste -  Comentó con esa dulce voz que poseía - ¿Para qué me pediste una cosa así? – Preguntó curiosa.

-No quiero que llames la atención con tu uniforme escolar – Suspiró un poco fastidiado. No porque ella lo hubiese molestado con su pregunta, sino porque de tan solo imaginar que otros veían el cuerpo de su amada y amiga de la infancia, le hacía hervir la sangre a tal punto que podría sacarle un ojo a alguien solo llevado por los celos -  Espero llegues pronto, Sakura…chan. En verdad quiero tener una cita contigo.

Sakura se ruborizó de inmediato al oír eso último.
Sonrió de una manera tierna, aunque no la pudiese ver en ese momento.

-Yo también quiero tenerla – Soltó en un tono relajante y muy bonito.

Esto sorprendió a Shouta, ya que hasta el momento, nunca había podido comprobar que Sakura sintiese algo por él más que amistad o simple sentimiento de compañerismo, algo así como un hermano mayor que está allí para todo y por todo. Esta vez ella mostraba indicios de que algo podría surgir entre ellos, dar un paso más hacia delante y formar otro tipo de relación.

Mudo por un momento, pudo articular unas palabras.

-¡Te amo Sakura! – Gritoneó sin contenerse.

La reacción de ella fue de leve sorpresa. Relajó considerablemente la mirada, la cual brillaba como dos gemas ante el crepúsculo, sonrió levemente y cortó.

Shouta pensó que había cometido la estupidez más grande del mundo.
¿Y si ahora lo detestaba por ser tan atrevido? ¿Si volvería a su casa por su inevitable impulsividad? ¡No podría contemplar el ocaso con ella!

El sol finalmente se metió.  Quería morirse.  Sakura lo había rechazado.

Desesperanzado, vio como una silueta femenina se acercaba a paso lento con una cajita envuelta en un pañuelo decorativo y muy colorido.
Una falda corta pomposa amarilla y unas calzas negras debajo resaltaban sus piernas. La musculosa, negra también, era ajustada por igual.
Era Sakura. Se veía hermosa. Como siempre. O tal vez más, por la ocasión.

—Siento la tardanza — Sonrió como si nada — Me tardé un poco porque había perdido esto que traje para ti — Se lo dio.

Eran galletitas en forma de estrellas, corazones y nubes.

—Siento si no están como esperas, es que mi madre al no saber cocinar nunca me enseñó y bueno… Te puedes imaginar — Agregó apenada. Su sonrojo era adorable.

—No hay problema, Sakura-chan. Me las comeré de todos modos. Gracias.

Ella clavó la vista en un punto determinado.
Shouta aprovechó a echarle otro vistazo. Notó que al costado de su cabeza le caía una delicada trenza que estaba amarrada con un moño negro.
Sakura solo usaba las trenzas que le hacía su madre en ocasiones especiales.

—Qué bonito lugar — Se acomodó la trenza. La acarició con los dedos.
—No tanto como tú.

Otro sonrojo.

—Gracias…

—Sakura-chan. No, Sakura — Esto hizo que ella alzara la vista — Tu eres el cerezo más bello del lugar  — Sacó un anillo —Tal vez sea demasiado pronto o yo sea demasiado estúpido, capaz hasta me lo tires por la cabeza, aunque no lo creo, porque eres una damita. Sé que no eres esa clase de chicas — Tomó un suspiro y le colocó el anillo con un precioso diamante en forma de pétalo de cerezo de color rosado pálido en el dedo — Cuando seamos grandes quiero que nos casemos. Tú eliges si tenemos hijos  — Tragó saliva, como si hubiera firmado su sentencia de muerte — ¿Qué dices? ¿Te arriesgas a ser feliz conmigo?

Sakura comenzó a llorar. Fue su reacción.

— ¡Sakura! Perdona si… — Recibió un beso en los labios. El beso más dulce y apetecible que hubiera pedido nunca.

—Quiero ser tu novia. Y si, también quisiera casarme contigo en un futuro. Te amo — Una sonrisa se formó en sus labios.

El viento sacudió su cabellera. Olía a cerezo japonés también.

—Vamos a ver los árboles. Te voy contar el futuro que quiero contigo debajo de ellos — Shouta le cogió una mano y le devolvió el beso.

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