Autor Tema: Una Historia Contada de la A a la Z (Z) FIN  (Leído 2141 veces)

Nostalgie Desconectado
« en: Octubre 04, 2015, 11:45 am »

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Una Historia Contada de la A a la Z (Z) FIN
« en: Octubre 04, 2015, 11:45 am »
Hola, yo de nuevo xD

Esta historia la escribí  para una actividad en otro foro al que estoy inscrita, así que la idea de utilizar el abecedario no es mía, pero sí la historia.  La actividad consistía en escribir algo utilizando una letra del abc por día, así que teníamos qué publicar todos los días un escrito independiente con la letra correspondiente, pero decidí darle seguimiento a cada escrito, así que de esta manera nació esta pequeña historia que me gustaría compartir con aquellos que les gusta leer y todavía andan por este foro.

Etiquetas: Fantasía, criaturas fantásticas, ficción en general. (Simplemente absurda xD)

A de Amor

La puerta de la habitación se cerró cuando él salió.  De nuevo sola.

Susana suspiró y miró a su alrededor mientras la tristeza modificaba su rostro. El amor entre ella y su esposo era muy fuerte y debía serlo puesto que por él se despojó de su verdadera naturaleza, pero desde que se mudaran a esa granja por motivo de que su suegro había resultado herido al caerse del corcel mientras arreaba el ganado vacuno, rompiéndose una pierna y un brazo, su único hijo, o sea, su esposo, tuvo que hacerse cargo de la granja, así que ahí estaban, viviendo aislados de la vida de la gran ciudad en donde el último año fue muy feliz, porque la metrópolis había sido un territorio nuevo para ella y lo disfrutaba.

Pero el problema en sí no era que vivieran en la granja, pues ella misma provenía de un lugar similar,  aunque mucho más bello. Lo que más bien la hacía sufrir, eran esas largas horas de soledad que pasaba día tras día, pues Santiago; su marido, estaba fuera de casa desde antes de despuntar el alba, hasta mucho después de que el sol se ocultara, porque había mucho trabajo, así que poco lo veía.

Cavilando en sus tristes pensamientos, sintiendo marchito el corazón, se levantó de la cama y fue a sentarse ante el mueble que contenía un gran espejo. Todavía estaba oscuro, pero no necesitó la luz para ver su silueta reflejada en el cristal y notar que su aura había menguado bastante en los últimos días, entonces recordó con preocupación las palabras de advertencia:

“Al romper la regla, expones a que los mundos se mezclen. Si su amor tambalea, será el caos"

Pero ella no había querido entender. Se había enamorado de él, aunque no era fácil alimentar ese amor, el equilibrio de todo.

Nostalgie Desconectado
« Respuesta #1 en: Octubre 11, 2015, 11:48 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (A)
« Respuesta #1 en: Octubre 11, 2015, 11:48 am »
B de Bruja

El jarrón fue directo a su rostro, pero Santiago logró esquivarlo al agacharse y los finos pedazos de porcelana al estrellarse estrepitosamente contra la puerta, cayeron detrás de él. Se levantó mirando a la mujer, sorprendido por tal recibimiento.

—¿Qué te pasa? —inquirió calmo.

Lejos de responderle, le arrojó ahora una pequeña cajita musical que le había regalado al cumplir el año de casados, pero también logró esquivarla moviéndose a un lado, sin embargo, el cepillo para cabello siguió a la cajita y éste dio en su cabeza.

—¡Ya basta, bruja! ¿Qué rayos te ha picado?

—¡Lo olvidaste! —le gritó ella tomando ahora del tocador, un tarro de crema, doblemente airada porque la llamara bruja. Ella era algo más excelso que una de ésas, así que odió la comparación.

—¿Qué olvidé? —inquirió el hombre francamente muy afectado, pasando revista en su mente por si de veras había olvidado algo, pero no, según él no.

Esa bruja, —porque sí, en ese momento su esposa parecía una—, no estaba en sus cabales de nuevo, como venía sucediendo en los últimos días. Le reprochaba que trabajaba todo el tiempo, que ya no le prestaba atención y siempre andaba triste... y él se sentía culpable.

Susana no comprendía que para que la granja funcionara, debía dedicarle todo su tiempo. No solo era una granja cualquiera, allí se cultivaban varios tipos de granos, se criaba diferente clase de ganado y se producía queso que, junto con los demás productos que la granja producía, como huevos, tocino y carnes, era para importar y aunque ella lo ayudaba mucho en el trabajo referente a las inmediaciones de la casa, él siempre andaba de un lugar tras otro supervisando todo, por lo que poco o nada se veían durante el día, de hecho, pasaba más tiempo con María, la asistente de su padre y ahora la de él, de ahí que se sintiera culpable, porque María... ah, no quería pensar en ese momento en su tentadora y bonita asistente.

Y esa situación la tenía por demás descompuesta, así que miró a Susana levantar la mano que sostenía el tarro y arrojándoselo, le recordó su olvido, dolida, llorosa y temerosa  por las consecuencias que traería su apagamiento.

—Habíamos hecho planes para ir a esa obra y, ¿qué haces tú? Me dejas plantada. ¡Te había dicho que quería en verdad ir a verla!

Pero jamás le dijo que estaba haciendo hasta lo imposible por alejarlo unas horas de la granja... de María. No quería seguir pensando mal, pero la disminución de su aura no la engañaba, mas ¿cómo decirle que desde el momento que lo eligió puso en peligro a su gente y a la de él? ¿Que una traición por su parte era impensable?

Afortunadamente el frasco no le dio y Santiago se apresuró a llegar al lado de ella para tomarla por los brazos y así evitar que tomara el florero que adornaba una esquina del mueble.

—Habíamos quedado de ir la noche del jueves 23, fecha exacta de la presentación, no éste que es 16, pero anda, vamos ahora al  teatro y veamos si por arte de magia los apareces para tu beneplácito.

—¿El 23? —balbuceó incrédula, cediendo de pronto su mal humor— ¿Estás seguro? Pero el boleto dice jueves 16.

Él movió la cabeza de un lado para otro y tomando las entradas de la obra, las que ella había estrujado decepcionada mientras toda la tarde lo esperó, se las mostró señalándole:

—Es el jueves 23, mira, y el palco es el 16 ¿cómo pudiste confundirte?

—¡Oh!

Susurró, luego lo abrazó y aclarándose la voz, le dijo:

—No permitas que me apague. Ya no pases tanto tiempo con María.

Él correspondió al abrazo sin decir nada, porque su culpabilidad no lo dejó.


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« Respuesta #2 en: Octubre 17, 2015, 09:02 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (B)
« Respuesta #2 en: Octubre 17, 2015, 09:02 am »
C de Caballo

—¡Tía!— gritó el niño de nueve años entrando a la sala como torbellino, nervioso y alegre a la vez— ¿Dónde está mi tío? La yegua  va a tener al potrillo y mamá ya está en el establo.

Susana se levantó del sofá en donde había estado la última hora leyendo, con el par de siameses felinos sobre su regazo, los que saltaron con delicada agilidad al suelo en cuanto se puso de pie y ahora ronroneaban frotándose en sus tobillos. Miró sorprendida a Felipe, el hijo de María, quien se había acostumbrado a llamarlos tíos, puesto que tanto él como su madre vivían en la hacienda desde que ella quedara viuda de uno de los trabajadores de su suegro, así que este había decidido hacerse cargo de la joven y su hijo que contaba entonces con cuatro años.

—¿Cómo? ¿No le faltan días todavía? Tu tío tuvo que llevar algunas reses a la hacienda vecina, no hace mucho que se fue. ¿Ya le hablaron al veterinario?

Felipe asintió y enseguida salió corriendo rumbo al establo, con Susana detrás de él.

En el lugar estaba María, lo que sorprendió a Susana, pues pensaba que se había ido con Santiago como siempre y aunque en general se llevaban bien, en esta ocasión María rehuyó el contacto, tanto visual como oral con ella.

Susana pretendió no darse cuenta y puso toda su atención en el asunto que la había llevado ahí. Don Fabián su suegro, acomodado en su silla de ruedas, daba instrucciones a uno de los empleados que en ese instante atendía a la yegua que yacía recostada en el suelo visiblemente en mal estado, sin poder ayudarla mucho, así que suspiró aliviado cuando el veterinario llegó.

Mientras tanto, el nerviosismo de Felipe creció, porque su abuelo, como llamaba a Fabián, le había prometido regalarle al potrillo si la yegua lograba tenerlo, pues había tenido una gestación difícil y el veterinario siempre aseguró que no llegaría a término, lo que parecía un hecho ya que aun le faltaban varios días.

—La yegua está muy delicada —anunció el veterinario mientras la ayudaba con el nacimiento de su hijo—. Si no logra expulsarlo, tendré que abrir, pero no garantizo que ambos sobrevivan.

El niño se asustó al escucharlo,  pues desde que tenía uso de razón, quería un caballo que fuera solo suyo y si era uno que crecería a la par con él, pues qué mejor, así que hincándose a un lado de la yegua, trató de animarla con su tierna voz.

—Yo sé que tú puedes, sé que sí —Acarició su crin con cariño transmitiéndole tal vez su ilusión.

Porque la yegua lo miró con ojos llorosos, reflejándose en ellos el último de los dolores y a la vez que  expulsaba al potrillo, exhaló su último aliento y en medio de esa exhalación alcanzó a sentir como las lágrimas del pequeño caían abundantes y tibias sobre su cabeza.

—Cuidaré a tu hijo y se convertirá en un hermoso caballo, lo prometo.

Pero no había necesidad de tal promesa, porque el potrillo era la criatura más hermosa que había nacido y en cuanto pudo levantarse, desplegó de sus costados un par de hermosas alas blancas que, aunque su madre ya no pudo ver, sí lo miró su tierno dueño que exclamó incrédulo:

—¡Abuelo, no es un caballo, sino un pegaso! ¿Cómo es posible?

Ni su abuelo ni nadie pudo responderle y retrocediendo bastante asustada hasta la puerta, Susana miró al pequeño pegaso y después los rostros maravillados de los demás.

“¡Oh, Dios!”, pensó sintiendo como se congelaba su corazón. “¡Esto lo confirma, es una realidad. Ha comenzado!”

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« Respuesta #3 en: Octubre 23, 2015, 04:50 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (C)
« Respuesta #3 en: Octubre 23, 2015, 04:50 pm »
D de Demencia

No podía parar de llorar, de hecho, sus lágrimas abundaban al mirarse en el espejo. El aura que la rodeaba era apenas un reflejo, confirmación de la traición a su amor. No podría evitar que más cosas raras para este mundo ni para el suyo, sucedieran.

—Susana —habló Santiago entrando, tan pasmado que no se fijó en su llanto—. Vengo del establo y no logro comprender qué cosa ha nacido ayer ahí.

—Es un pegaso —le informó ella tratando de retener sus lágrimas, más dolida de verlo—, y es mi culpa que haya nacido en este mundo, porque yo no debo estar aquí.

Demencia

Fue lo que pensó Santiago al escucharla. La demencia se había tragado el cerebro de su esposa, solo así podía explicar sus palabras... aunque quizás el también estuviera demente. ¿Es posible que la culpa que sentía lo había enloquecido? El potrillo no podía ser un pegaso, ¿verdad? Eso solo sucede en las historias de fantasía, jamás en la vida real. Estaba alucinando... todos ellos estaban alucinando. ¿Tal vez la cocinera estaba dándoles algún alucinógeno en las comidas?

Solo así podría comprender que se hubiese atrevido a poner los ojos sobre su asistente, pues amaba a su esposa y no comprendía cómo había pasado eso.

—Susana, los pegasos no existen —dijo tratando de mitigar sus arrolladores pensamientos.

—Tienes razón, no deben existir, no en este mundo. Ahora encárgate de que esté bien, que nadie sepa de él, porque si alguien más a parte de los trabajadores se entera, tu hacienda se convertirá en un circo.

Santiago se estremeció al escucharla, la miró y entonces notó que había estado llorando, tal vez durante toda la noche, no podía saberlo, pues era la primera vez que no pasaba las horas nocturnas con ella. Los asuntos con el otro hacendado lo habían retenido allá hasta esa mañana.

—Y, Santiago, quiero que sepas que esto solo es el principio y aunque comenzó aquí en tu hacienda, se extenderá a todos lados.

Santiago esperó a que siguiera hablando, pero ella no volvió a decir nada, porque no podía revelar más.

Así que el hombre salió preguntándose: “¿El principio de qué?”

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« Respuesta #4 en: Octubre 30, 2015, 09:45 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (D)
« Respuesta #4 en: Octubre 30, 2015, 09:45 am »
E de Elixir

—Eliv, sabes que al beber este elixir, no habrá vuelta atrás, que vivirás atada a ese hombre que de ninguna manera debe conocer tu verdadera naturaleza, porque si lo sabe lo condenarás y si te llegara a traicionar, se apagará tu esencia y los mundos pueden arruinarse, pues con cada cosa que cobre vida allá, aquí morirá algo, mucho o poco, no lo sé con certeza. ¿Es tu amor por ese mortal tan grande como para arriesgarlo todo? ¿Es su amor mayor que el tuyo?

—Lo amo y confío en él, quiero ir a su lado.

—Es muy egoísta de tu parte ceder a tus deseos, Eliv. Por algo existen las leyes sobre no tener alianzas románticas con los humanos; además bien conoces que los sentimientos de los mortales son corruptibles.

Eliv miró a la consejera real y le suplicó con la mirada que la comprendiera, pues aunque había controlado sus sentimientos de amor por el humano durante algún tiempo, al final no había podido más.

—Una y otra vez te ordenaron tus padres no volver al laberinto después de conocer al mortal, al que ni siquiera debiste salvar,  pero de nada sirvió y mira en lo que terminarás.

El laberinto era un bosque de cipreses que formaban una infinidad de largos y estrechos corredores comunicados entre sí, el que a su vez se situaba en medio del extenso bosque y aunque los humanos sabían que estaba ahí,  no conocían su procedencia.

Por otro lado los del mundo de Eliv, sabían que ese laberinto había sido creado por los primeros padres para camuflar la puerta que comunicaba los dos mundos y aunque algunos humanos, los más aventurados se habían arriesgado a explorarlo, jamás salieron de ahí con vida, porque se extraviaron sin encontrar una salida.

En cambio los del mundo de Eliv conocían cada corredor, cada rincón, cada árbol, cada cosa nueva que entraba ahí, porque les encantaba dar paseos por sus intrincados pasillos; les gustaba la paz solemne que de ellos emanaba, y lo que para los humanos daba la sensación de ser sobrenatural, para ellos era la cosa más cotidiana.

Así fue que un día ella se encontró al extraviado Santiago, un joven humano, hermoso y asustado que, “andaba más perdido que el arca de la alianza” —palabras del mismo muchacho cuando estuvo fuera del laberinto y le agradeció por su ayuda—, pero ella respondió que no tenía que agradecer, sin embargo no añadió que le había bastado verlo para desear ser vista por él, así que rompiendo dos normas ese día, se mostró a Santiago y lo ayudó a salir del laberinto; cosas que les estaba prohibido hacer, pero fue todavía más allá, salió al mundo humano para, en días posteriores, entrevistarse con él.

De esa manera conoció más del mundo humano, pero lo mejor desde su perspectiva fue que su amor era correspondido, porque Santiago jamás faltó a las citas, enamorándose ambos cada día más.

—El mundo de los humanos es muy bonito, consejera —dijo Eliv defendiendo su posición—, y Santiago me ama. Sé que no me fallará.

La bella mujer movió la cabeza de un lado a otro, pero sin decir más, le tendió la copa de fino cristal y ella bebió del elixir prohibido.

¿Qué crees, Eliv, qué o quién murió en el que antes fue tu mundo?


Golpeando con fuerza su corazón, Susana se incorporó en la cama. Se tocó el pecho como si así fuera posible calmar la angustia y luego notó que ya estaba sola... otra vez.

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« Respuesta #5 en: Noviembre 06, 2015, 09:29 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (E)
« Respuesta #5 en: Noviembre 06, 2015, 09:29 pm »
F de Fuente

Felipe trotó detrás de Viento, como había llamado a su caballito con alas -así le decía su madre, caballito con alas por más que él la corrigiera diciéndole que no era un caballo, sino un pegaso-, y él le había puesto ese nombre porque era tan veloz que, cuando corría, se elevaba algunos centímetros del suelo.  Con tan poco tiempo de nacido, aun no podía controlar bien sus alas, así que solo se limitaba a correr, y al niño le parecía excelente que no volara. Temía que al ascender más alto, se le escapara para siempre.

Muchachito y pegaso se encontraban en la pista que el abuelo tenía para entrenar a sus caballos que participaban en alguna carrera cada año; jugando alegres, aprovechando Felipe que Viento se había quedado solo, pues casi siempre estaba rodeado por los trabajadores de la hacienda, cosa que solía poner muy nervioso al bello cuadrúpedo, molestando a la vez al niño, quien no quería verlo sufrir por eso.

Era por eso que ahí estaba, haciéndolo correr para que descargara toda su ansiedad, aunque Felipe no podía seguir su paso. Por lo tanto, cuando se cansó, lo detuvo tomando las bridas y saliendo de la pista, se dirigieron a otro grande terreno cerca del establo; una especie de jardín que tenía una fuente en medio; bastante honda y amplia.

Y la fuente era así de espaciosa porque en el agua nadaba un imponente pez; una adquisición costosa y capricho del abuelo. Por lo tanto, era la mascota preferida de Don Fabián, así que lo cuidaba con exageración, siendo el animal de un hermoso color dorado con franjas anaranjadas en los costados.

También solía atraer a las personas para admirarlo, y Felipe no era la excepción, así que como había hecho costumbre, se dirigió a la fuente para jugar con él un rato antes de entrar a la casa para la cena. El sol estaba ocultándose y ya no debía entretenerse mucho, por consiguiente solo se conformó con acariciarlo un poco -lo que evidenció que al pez le gustaban mucho las personas, pues se dejaba tocar-, y a verlo nadar con una elegancia innata.

Entonces, cuando estaba por retirarse, una incontable cantidad de burbujas que dieron la ilusión tanto de vista como de oído de que el agua hervía, rodearon al pez. Viento se movió inquieto ante el espectáculo, moviendo las alas con fuerza, pero sin levantar el vuelo y el niño se retiró del borde de la pileta, aunque no con la suficiente rapidez, así que de en medio de las burbujas se levantó una extraña mano que tenía los dedos unidos por una fina capa de piel y sujetó a Felipe por la camisa intentando sumergirlo en el agua.

El chico gritó espantado y echándose hacia atrás, se desprendió de la mano que desapareció en el fondo junto con las burbujas, quedando Felipe sentado en el suelo por la fuerza del empuje, pero casi de inmediato se puso de pie y sin acercarse mucho al bordillo, miró la nítida transparencia de la ya tranquila agua, gritando aterrado de nuevo al distinguir la cosa que lo había sujetado.

Su amigo el pez ya no estaba ahí... o sí estaba, pero se había transformado, y su amigo Viento, intimidado por sus gritos, corrió a la seguridad que conocía; la del establo.




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« Respuesta #6 en: Noviembre 15, 2015, 02:33 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (F)
« Respuesta #6 en: Noviembre 15, 2015, 02:33 pm »
G de Gato

Tres hombres que todavía se encontraban en el establo, miraron entrar a Viento e ir a su cubículo en donde se quedó quieto, entonces salieron alertados por los gritos del niño y acudieron presurosos hasta la fuente.

—¿Qué pasa, Felipe? —preguntó uno de ellos observándolo atento, buscando alguna herida, un daño o algo en el niño.

Entonces el muchacho señaló el agua para que miraran ahí. Una fina y larga figura se movió debajo nadando hacia el otro extremo de la fuente mientras que los hombres retrocedían un paso preguntando a un mismo son, pasmados por lo que podían ver bajo el transparente líquido a pesar de la penumbra que iba reemplazando la luz del sol.

—¿Qué es eso?

La cosa en el agua se quedó quieta, porque se sintió amenazada ante los desconocidos y ellos pudieron observarla atentos, incrédulos por lo que veían, con el miedo bien reflejado en sus rostros.

—Aquí está pasando algo muy, pero muy raro —dijo uno de ellos retrocediendo—. Primero ese pegaso y ahora una sirena. Son aberraciones del averno.

El hombre se dio la vuelta para salir corriendo de ahí, pero Susana, quien había sido advertida por su sentido sensorial sobre la nueva criatura, lo detuvo y sentándose en el bordillo de la fuente, dijo con frialdad:

—No son aberraciones del infierno, sino solo criaturas que no deben estar aquí —Los barrió a todos con mirada endurecida—. Y ninguno de ustedes debe hablar con nadie de esto, ¿está claro?

Ellos se miraron entre sí y asintieron mientras ella palmeaba la superficie del agua, atrayendo a la criatura hasta su mano, quedando la cabeza bajo la palma. Susana la acarició para transmitirle confianza, pues solo ella podía percibir lo asustada que estaba. Los humanos eran la amenaza, no la criatura y cuando logró calmarse un poco, asomó la cabeza y todos exclamaron un "¡oh!", pues el rostro pertenecía al de un niño, así que eso de ahí era un pequeño tritón que carecía de cabello, adornando su calvicie una larga cresta que brotaba en la parte de la frente superior alargándose en medio del cráneo hasta la nuca y sus ojos eran negros, grandes y redondos, la nariz muy pequeña y una fina línea hacía de boca. Su torso también parecía humano, pero de la cintura hacia abajo era un pez, terminando sus extremidades en una cola parecida a la de las ballenas, siendo todo su cuerpo de un tono gris plateado.

Entonces de pronto, se escuchó un gruñido gutural e identificaron que procedía de un gato que, en actitud amenazadora, se acercó a la fuente, deteniéndose cerca, pivoteando el siamés la cola deliberadamente, luego soltó una serie de chillidos mientras que el otro gato apareció por otro extremo de la pileta y acercándose hasta la pared, levantó la cola y la golpeó con fuerza, chillando con molestia.

El tritón, reconociendo que era el origen de la irritación de los gatos, se sumergió hasta el fondo y desde ahí miró como los felinos en breve, se asomaron cuando saltaron al borde, mostrándole sus fauces llenas de filosos dientes, sus cuerpos hinchados, la parte de atrás arqueada para mostrarse más grandes, lanzando saliva, silbidos y chillidos, así como zarpazos sobre el agua.

Y solo Susana supo que el pequeño tritón estaba aterrado y lloraba.



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« Respuesta #7 en: Noviembre 23, 2015, 09:43 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (G)
« Respuesta #7 en: Noviembre 23, 2015, 09:43 am »
H de Hada

 —¡Es una completa locura! —farfulló Don Fabián postrado en su silla— ¿Cómo mi precioso pez pudo transformarse en eso?

Estaban en la habitación del joven matrimonio y Santiago, parado en la puerta del cuarto de baño, no podía dejar de ver la bañera llena de agua en donde el pequeño tritón reposaba y el que no podía dejar de sentirse temeroso, sobre todo de esos felinos que, enjaulados en el cuarto, no dejaban de gruñir y chillar.

—Eso pienso, papá, que es una locura —asintió Santiago bastante perturbado—. ¿Cómo es posible esto? Creo que es culpa de la cocinera. ¡Sabrá Dios que le pone a las comidas que nos hace ver cosas que no existen!

O estaba soñando, todos en la hacienda estaban teniendo un sueño colectivo, seguro y sí.

—No debería ser posible, pero lo es —respondió Susana con expresión inalterable mientras tomaba las jaulas en donde ella misma había encerrado a los alterados gatos—. Y estos amiguitos deben irse de la hacienda. Mientras el tritón esté aquí, cero gatos. Ahora esas criaturas son nuestra responsabilidad.

—¡No, tía! —protestó Felipe, quien había ayudado a Susana a llevar al tritón hasta donde estaba ahora para protegerlo de cualquier peligro que pudiera enfrentar quedándose en la fuente—. Yo crie esos gatitos, son como... mis hijitos.

—Lo sé —respondió Susana con voz tierna—, pero será solo temporal.

Le dio las jaulas a Santiago y sin mirarlo, le pidió ahora con voz neutra:

—¿Puedes encargarte de estos? No entiendo por qué odian al tritón, así que por favor, sácalos de aquí.

Santiago tomó las jaulas, las miró y luego asintió.

—Yo me encargo y no te preocupes, Felipe, los pondré en buenas manos  y cuando...

Pausó al pensar: “cuando despertemos del sueño, volverás a tenerlos.”

Mas terminó así:

—Cuando todo esto pase, los tendrás de nuevo.

Con tristeza, el niño asintió y miró como su tío adoptivo se dirigía a la puerta de salida, pero Susana lo detuvo en el umbral al decirle:

—La cena se retrasó, así que si ya terminante,  me gustaría que cenaras con nosotros, ¿puedes?

—Claro, espérenme en el comedor. Avisaré a María que por hoy terminamos. A ella también le dará gusto pasar tiempo con Felipe.

María. Susana crispó las manos, respiró hondo y trató de serenarse mientras su suegro y felipe iban a su propia habitación a asearse, haciendo ella lo mismo, encontrándose de nuevo en el comedor más tarde.

Ya sentados los tres ante la mesa, esperaron pacientes la llegada de Santiago y María, los que al ingresar a la estancia lo hicieron en silencio, pero en cuanto comenzaron a comer, entre Don Fabián, Santiago y María entablaron una charla sobre los sucesos extraños.

Sin poder decir nada relevante, Susana sintió frío a pesar de que un agradable fuego ardía en la chimenea. El otoño no estaba tan avanzado, pero ya podía sentirse la baja temperatura que anunciaba el invierno en cuanto descendía el sol, así que la calidez de la chimenea era reconfortante, sin embargo, el sentir de Susana fue por otra cosa.

—¡Miren! —exclamó de pronto Felipe señalando precisamente el fuego.

Los adultos miraron y sorprendidos observaron como las llamas se alargaban y luego encogían, entonces una de ellas se creció tanto que salió afuera del cubículo que formaba la chimenea, como si fuera un brazo y en la punta se formó algo semejante al puño de una mano, el que explotó en decenas de chispas que rociaron el suelo haciendo humear la madera, lo que hizo que Santiago se apresurara con la servilleta de tela en mano, a golpear las chispas con certeros servilletazos para apagarlas antes de que se produjera un incendio.

Pero sucedió que una chispa no se dejó apagar, pues como si tuviera vida propia, la pequeña llamita se elevó en el aire y se desplazó con rapidez de un lado a otro como si de una luciérnaga se tratase y Santiago, sorprendido, dejó de perseguirla y de lanzarle golpes con la servilleta cuando la pequeña llama  fue a pararse en la mano de Susana, la que de inmediato protegió a la criatura poniendo la otra palma ahuecada sobre ella.

—No es una llamita de fuego —dijo solemne—, sino que es un Hada.

—¿Un qué? —inquirió María levantándose de la mesa, su rostro desfigurado por el asombro.

—Un Hada —repitió Susana y quitó la mano para mostrarle la diminuta figura, la que parecía una humana, pero con alas parecidas a las de las mariposas.

—¡Genial! —clamó Felipe maravillado— Tinker Bell.

Tendió la mano y el Hada se trasladó posándose en la suave piel del niño.

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« Respuesta #8 en: Diciembre 17, 2015, 12:42 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (H)
« Respuesta #8 en: Diciembre 17, 2015, 12:42 pm »
I de Invasión

—Susana, no dejé el trabajo temprano para que ahora no quieras ir a esa obra. ¿Y ese reclamo que me hiciste cuando equivocaste los días?

—Yo quería ir, pero ahora es diferente. Ya no tiene caso.

—¿Qué significa eso?

Susana se miró por última vez en el espejo. El resplandor que antes era su aura se había tornado por completo oscuro, como sinónimo de un luto anticipado.

—¿Me sigues amando, Santiago?

Él se movió con inquietud, aunque no dudó al responder.

—Con toda mi alma.

Ella se levantó y lo enfrentó mirándolo con tristeza.

—El verdadero amor es fiel —le dijo dolida— ¿En qué fallé?

—Susana, tú no fallaste en nada.

Y la miró sintiéndose el peor de los hombres. Ahí estaba ella, dándole a conocer que sabía lo de la traición y aun así, sin reprocharle nada. En verdad era un canalla y se preguntó de nuevo qué le había sucedido para traicionarla de esa manera.

Abrió la boca para disculparse, pedirle perdón, mostrarle su arrepentimiento, pero un profundo sonido proveniente del baño lo dejó mudo y tuvo qué taparse los oídos para soportar el silbido de alta frecuencia, una serie de ellos que parecían cantar una canción de lamento.

Sin destaparse los oídos, vio a Susana apresurarse al baño, así que fue detrás de ella y ambos miraron la bañera notando que el tritón estaba bajo el agua, recostado en el fondo en forma fetal y era quien emitía la serie de sonidos.
Una clara advertencia, así que Susana salió del baño y corrió a la ventana para asomarse afuera. Sorprendida miró la multitud que había invadido la propiedad y muchos rodeaban a Viento, quien aleteaba asustado ante las manos que lo tocaban, cegado por los flash de las decenas de cámaras, lastimándolo y su sufrimiento había llegado hasta el tritón, como si las criaturas estuvieran comunicadas telepáticamente.

La invasión era un hecho. Algún empleado había denunciado las anomalías que estaban sucediendo en la hacienda.

El tritón siguió llorando el tormento de Viento mientras que Santiago y Susana salían corriendo de la habitación y luego de la casa, pero en cuanto los vieron, fueron cercados por la muchedumbre; algunos periodistas sobre todo comenzaron a empujar a los demás para ponerse en primera fila y bombardear con preguntas al matrimonio, mostrándoles un vídeo en tablets y celulares, de Susana y Felipe con las criaturas. Alguien los había grabado y ellos ni en cuenta.

—Sabemos que este vídeo que anda en You Tube es real, porque nosotros mismos lo hemos comprobado con el pagaso, así que, ¿dónde están el tritón y esa luciérnaga? ¿Es un hada? —se escuchó uno— ¿Dónde los tienen?

—¡En la casa! —gritó otro— ¡Escuchen ese sonido!

—¡Maldito sea el soplón! —exclamó Santiago mientras tomaba la mano de Susana para no perderla, pues la multitud era terrible.

Desde su habitación, Don Fabián, mirando por la ventana y sin destaparse los oídos, pues la alta frecuencia del llanto del tritón hacía incluso cimbrearse la casa, murmuró espantado:

—¡Santo cielo!

Notó angustiado como su hijo y nuera no podían romper el círculo humano y más allá, Felipe, tratando de defender a Viento, había sido arrojado al suelo en donde se vio a punto de ser pisoteado.

La gente parecía haber enloquecido y la invasión estaba por extenderse al interior de la casa, pues muchos, atraídos por el intenso y extraño canto, querían ver a aquél engendro así como a la luciérnaga en forma de humana.

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« Respuesta #9 en: Enero 01, 2016, 05:54 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (I)
« Respuesta #9 en: Enero 01, 2016, 05:54 pm »
J de Junco

En su habitación, María, quien estaba en la ducha cuando escuchó el canto, salió aun con jabón y había hecho lo mismo que todos, asomarse por la ventana cuando el escándalo afuera le advirtió de algo serio, así que desde ahí miró el peligro que corría su hijo ante el ataque de esa gente.

Después de que Santiago le dijera que tomaría la tarde libre y ella podía hacer lo mismo, había hecho planes para ir con Felipe a la ciudad, pues el niño necesitaba ropa nueva, por lo que aprovecharía para comprársela, así que mientras ella se arreglaba, Felipe la esperaba con Viento.

En ese momento su corazón saltó de miedo ante el pensamiento de que algo pudiera sucederle a su hijo, así que envolviéndose en una bata, salió corriendo por el pasillo.

—¡María! —la llamó Fabián al pasar frente a su cuarto— ¡Espera!

Ella no quería esperar, sino llegar pronto al rescate de Felipe, pero la urgencia en la voz del hombre la detuvo y él, asomándose por la puerta, le ordenó:

—¡Anda! ¡Que se cierre la casa que están por entrar también aquí!

María asintió y emprendió la carrera llamando a gritos a la servidumbre, pero se dio cuenta que ya las sirvientas estaban cerrando puertas y ventanas, así que no se entretuvo en eso y estaba por salir cuando una luz  se detuvo ante ella.

—¡Uff! —bufó María manoteando con la mano, airada— ¡Quítate de mi camino, Tinker Bell!

El hada esquivó los manotazos y voló alrededor de María dejando brillitos en el aire que parecieron formar una barrera que contuvo a la mujer, entonces, cuando vio que no podía moverse, el hada detuvo el vuelo ante ella y haciéndole gestos con las manos, le pidió que se calmara.

—¡Qué! —exclamó María enfurruñada— ¿No sabes hablar mi idioma? ¿O eres muda? ¡No te entiendo! ¡Déjame ir a ayudar a mi hijo!

El hada movió de un lado para otro la cabeza, pues por más que le hablara en su idioma, era tan pequeña que no la escucharía y mejor fue a la puerta principal, la que estaba siendo golpeada por decenas de manos para echarla abajo, pero la puerta era maciza y soportaría el ataque, así como las demás, no obstante, la ventanas eran frágiles y ya se escuchaba cómo rompían los cristales con la intención de ingresar por ellas.

Por lo tanto, voló con rapidez a la chimenea y elevándose, salió por ahí al techo, entonces, ubicando a Felipe y a Viento, levantó los brazos para luego extenderlos delante de ella y de sus dedos brotaron esos brillitos que formando como una especie de relámpago, largo y delgado al entretejerse unos con otros, para dirigirse después directo hasta el niño y el pegaso.

La energía golpeó el suelo y ahí donde dio, nació un junco gigante, luego el relámpago se deslizó alrededor de Felipe y Viento produciendo que más juncos gigantes crecieran, uno tras otro sin dejar espacio entre ellos, moviéndose como si tuvieran vida propia para separar a los pequeños del gentío, por lo que en breve, una barrera de juncos de seis metros de alto estuvo entre los invasores y los residentes de la hacienda, todo en medio de gritos de pánico por parte de las personas que corrían para todos lados ante la súbita escena, además de que los que estaban en las puertas y ventanas fueron tomados por las raíces que se levantaron del suelo, enrollándose en sus piernas, cinturas, pies y brazos para después ser lanzados lejos.

Felipe, sin saber exactamente qué había sucedido, miró el alto muro, luego vio como la energía iba reptando por el suelo formando un corredor con paredes de juncos a ambos lados y pronto su visión fue enfocada en Susana y Santiago, quienes también habían sido apartados de la multitud de esa manera, poniéndolos a salvo.

Mientras que afuera, el espectáculo era aterrador, pues los altos juncos siguieron brotando bajo los pies de las personas, las que tuvieron que huir despavoridas y una vez desalojadas de la propiedad, miraron asombrados, trémulos de miedo, los altos muros que se habían formado, resguardando el territorio de Don Fabián.

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« Respuesta #10 en: Abril 16, 2016, 07:08 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (J)
« Respuesta #10 en: Abril 16, 2016, 07:08 pm »
K de Kilómetro

—No podemos quedarnos aquí —dijo Susana haciéndole señas a Felipe para que se acercara a ellos—. Debemos irnos. Vendrán más. Harán la guerra contra nosotros. Éstas eran pocas y aun así ocuparon como un kilómetro a la redonda.

—¿Un kilómetro a la redonda? ¿La guerra? Susana, no seas exagerada.

—¡Qué miedo! —exclamó Felipe al llegar a su lado. Acarició a Viento, el que finalmente había conseguido calmarse.

—Está bien, exagero en lo de kilómetro a la redonda, pero por si no lo notaste, esas personas sí eran muchas y estuvieron a punto de matarnos. Sin ser intencional, claro, pero estaban dominadas por la ambición, todos querían a Viento. ¿Qué hubiera pasado si llegan a Urko? ¿O a Izaro? Volverán y esta vez sí ocuparán un kilómetro a la redonda, sino es que más. Debemos irnos de aquí.

—¿Quiénes son Urko e Izaro, tía?

—Así se llaman el tritón y el hada. Cuando veas a Izaro dale las gracias, pues fue ella la que nos salvó.

Santiago frunció el ceño con disgusto, recordando el vídeo que les habían mostrado. ¿Quién se había atrevido a ponerlos en peligro?

Debió ser alguien en el interior de la casa, porque Izaro el hada —¿y cómo es que su esposa conocía sus nombres?—, no había salido antes al exterior, así que solamente sabían su existencia la familia y la servidumbre, pero aparecía también en la grabación. Miró a Susana, quien comenzó a caminar y al avanzar ella iban abriéndose pasillos, separándose los juncos de forma fantástica; así tuvieron acceso al interior de la casa.

En la sala estaban Don Fabián y María, como la servidumbre doméstica, menos una. La madre de Felipe había quedado libre de los brillitos, así que corrió a abrazar a su hijo, quien avergonzado, le dijo separándose:

—Estoy bien, mamá.

—Papá, ¿tú que opinas?

Don Fabián miró a Santiago y muy serio, respondió:

—No comprendo muy bien qué está sucediendo, pero lo que sea, creo que va a empeorar. Debemos irnos de aquí, Santiago.

—¿Y perderlo todo, papá?

—Conservaremos lo más importante, la vida de estas criaturas fantásticas. Escucha Santiago, esto ya se dio a conocer por todas partes y vendrán más, incluidos a los del gobierno, lo sé y se los llevarán, querrán estudiarlos o yo qué se qué... pero lo peor, se llevarán también a Susana.

—¿Qué? ¿De qué hablas, papá?

Don Fabián movió la cabeza exasperado y miró a su hijo con dureza. La parecía mentira que fuera tan... inocente, o ignorante más bien.

—¿Es que no has notado que tu esposa no es como nosotros? ¿No te has dado cuenta que comprende a estas criaturas porque ella misma es... diferente?

—¿Qué? —Santiago miró pasmado a Susana.

—No soy de este mundo —afirmó Susana con voz llena de pesar, no por su procedencia, sino porque las cosas se habían puesto así de mal... y lo que faltaba.

—Tal como lo sospechaba —asintió Don Fabián sin sorpresa—, pero no hay tiempo para explicaciones. Nos iremos por el lago, pues habrá vigías en los caminos. Hay que ir al muelle, al bote.

—¿Y a dónde iremos? —inquirió María visiblemente asustada por los inauditos acontecimientos.

—¿Recuerdas la cabaña que compré el año pasado? Nadie, a parte de ti sabe que me pertenece. Allá estaremos seguros por un tiempo.

—¿Y nosotras, patrón? ¿Qué hacemos?

Don Fabián miró a la cocinera y a las dos domésticas, una de las que había preguntado, mas notó que faltaba una.

—Irán con nosotros, por supuesto. Supongo que los demás empleados están bien, ¿Y dónde está Cleo?

Cleo era la más joven de las sirvientas y no hacía mucho que había ingresado al servicio doméstico, de hecho, había pasado a formar parte un par de días después de que Santiago se hiciera cargo de la hacienda, pero no estaba ahí con sus compañeras, que debería estar y ellas no supieron informar a Don fabian de su paradero, por lo que terminaron por encogerse de hombros mientras Izaro el hada, que había entrado también y revoloteaba por ahí, —entretenida en querer hacer volar a Viento y el que ya controlaba mejor su levitación—, se acercó a Susana y le susurró al oído, así que después ella informó:

—Izaro dice que todos los trabajadores están bien, que aunque también los sacó fuera de la propiedad, ninguno de ellos sufrió daño, que de hecho, no hirió a nadie. Solo los asustó. Pero tampoco sabe nada de Cleo.

—Espero que también esté bien. Entonces vámonos, no podemos perder más tiempo.

Después de sus palabras, se escuchó una lámpara de pie que, situada en una esquina, fue a dar contra el suelo cuando Viento la golpeó con el ala.

El pegaso realmente se veía extraordinario moviéndose en el aire en la sala que, aunque era muy amplia, él la empequeñecía cuando abría las blancas alas, aterrizando a veces sobre los sillones.

Pero los humanos gozaron por un momento del espectáculo, pues era algo que jamás habían visto.

—Si de donde procedes existen criaturas como esas —dijo por último Don Fabián, señalando a Viento y a Izaro—, entonces tu mundo es precioso, Susana.

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« Respuesta #11 en: Mayo 09, 2016, 02:36 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (K)
« Respuesta #11 en: Mayo 09, 2016, 02:36 pm »
L de Luna

El bote se deslizó por el agua de uno de los lagos más grandes del país, impulsado por el potente motor.

Habían salido de la casa hacia el muelle llevando a Urko el tritón envuelto en mantas húmedas, cargándolo Santiago en brazos, pero al llegar a donde un navío de mediana estructura estaba, Susana conversó con Urko en un extraño lenguaje que sólo ellos y por supuesto Izaro, pudieron entender.

Miraron asentir a Urko y entonces Susana le pidió a Santiago que lo llevara al agua y lo dejara libre.

—¿No escapará? —inquirió Santiago inseguro.

—Urko sabe que está mejor a nuestro lado, así que no te preocupes, nos seguirá.

Santiago la miró mientras ya los demás abordaban el bote, entonces fue que preguntó con voz tenue.

—¿Con quién me casé, Susana? ¿Quién eres en realidad?

Y fue que recordó que no sabía mucho de ella, solamente que estaba sola, que no era del país y le gustaba mucho la naturaleza y la música, pero eso para él había sido suficiente.

—Pertenezco a una raza primitiva, a un mundo que ustedes los humanos solo conciben en su mente. Ustedes lo llaman mundo de fantasía.

—¿Y dejaste ese mundo por mí? —cuestionó él sintiéndose de pronto insignificante, pequeño, pero no por pertenecer a la raza humana, sino por su infidelidad. Susana lo había dejado todo por él y ¿cómo le había pagado?

—Santiago —Se acercó a él y acariciando su mejilla, le dijo llena de amor—, no hablemos de eso. Ni tu padre ni Felipe deben jamás saberlo. Lo que sucedió no se puede borrar y no tiene caso que ellos se enteren.

Después se dio la vuelta para subir al navío, pero alcanzó a escuchar la voz de él:

—Perdóname, mi amor.

Después hizo lo que le había pedido. Puso en el agua a Urko y vio como el tritón se sumergió.

En el cielo, una luna en su cuarto creciente proporcionó la suficiente luz para permitirle ver como Urko salía del agua en acrobáticos saltos dando una espectacular e inolvidable visión, aunque por momentos, grandes nubes que estaban formándose de pronto, la oscurecían.

Así que ahí estaban, recorriendo la tranquila superficie del lago, rota solo por el contínuo saltar de Urko que al lado del navio, hacía pituetas en el aire para caer una y otra vez en el fondo, jubiloso por su libertad, jugando también con la estela que el motor dejaba tras de sí.

Y Susana, mirándolo con una media sonrisa; recargada en un costado en la borda, con Izaro sobre su hombro, sintió nostalgia al levantar los ojos para ver la creciente luna que aquellas atrevidas nubes opacaban. Pensó en su pasado, en su gente, en su mundo, pero pronto salió de sus cavilaciones al ver como varios helicópteros surcaban el cielo y algunos de ellos tenían enormes reflectores que utilizaban para ver abajo, así que fue inevitable que un par de ellos iluminaran el navío, mas Urko, en cuanto vio los círculos de luz sobre la superficie, no volvió a asomarse, sino que se mantuvo sumergido.


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« Respuesta #12 en: Mayo 21, 2016, 09:15 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (L)
« Respuesta #12 en: Mayo 21, 2016, 09:15 am »
M de Monstruo

—¡Los del bote! —les llegó una voz por un megáfono— ¡Deténganse!

Ante el timón, Santiago lanzó una palabra soez, luego exclamó:

—¡Pero si no pierden tiempo los malditos!

Felipe trató de tranquilizar a Viento, quien bajo la luz del reflector, comenzó a moverse inquieto, aleteando con fuerza.

—¡No les haremos nada! —informó el del megáfono—. Solo queremos que nos acompañen y hablen con nosotros.

El sonido de tres helicópteros —uno de los cuales era de la prensa—, y que se habían quedado como suspendidos sobre la embarcación era tan fuerte, que opacaba el propio motor del barco, así que Viento se puso más nervioso.

Mientras que otros se habían retirado con rumbo a la hacienda, pues personal científico y del gobierno iba a bordo y querían acordonar las inmediaciones de la propiedad de Don Fabián para estudiar todo ese crecimiento de la fantástica fortaleza, además que para esa hora, todo lo que había sucedido y la confirmación de que sí existían criaturas fantásticas, recorría los noticieros en televisión  e internet, para beneplácito de los medios de comunicación que estaban subiendo sus raitings.

Creciendo hasta el cielo porque ahora los personajes estaban en vivo, pues los de la prensa estaban grabando y pronto transmitieron la persecución del bote, enfocando cada que podían a Viento, pues de las tres criaturas, era la visible.

Entonces sucedieron varias cosas. Una metralleta lanzó balas frente al navío para detenerlo. Susana gritó asustada por Urko, quien miró los proyectiles entrar al agua, así que se puso debajo del bote, cuidándose de la hélice.

Y casi de inmediato, otra ráfaga fue rociada a un costado y ante ésta, Viento comenzó a elevarse, ya sin control de Felipe, quien tomado del brazo por María, lo hizo bajar a cubierta mientras Susana ordenaba a las otras mujeres ayudar a Don Fabián a ponerse a resguardo por lo que a la vista solo quedaron Susana, Santiago y Viento, con Izaro sobre su lomo, animándolo a mantenerse en el aire.

Santiago siguió sin detenerse, maniobrando en zigzag por el lago cuando más balas lo siguieron, pero sin perder el objetivo de su meta, a la que poco a poco se aproximaba gracias a que la atención de los integrantes de los helicópteros fueron atraídos por Viento, quien eleccionado en el vuelo por el hada, casi logró el equilibrio; desplazándose por el aire alcanzando gran altura, maravilloso bajo los círculos de luz que lo siguieron, pero de pronto, dejó de aletear y comenzó a caer cuando sobre él, una enorme nube fue dibujando una figura.

Un monstruo enorme.

Gigante.

Uno que rápidamente dejó de ser una bonita nube para transformarse en una oscura bestia alada, cuyos ojos rojos brilaron en el manto nocturno, pareciendo dos luceros caidos del cielo, pero feroces, hostiles ante las miradas de los cazadores que depositaron su atención en el monstruo, siendo éste el protagonista ahora, con su cuerpo corpulento de serpiente, sus garras de león, pero potenciadas en fuerza y tamaño; sus grandiosas alas parecían ser la mezcla de las del águla y el murciélago, largas y poderosas.

Y lo peor que pudieron hacer los de los helicópteros fue arrajarle la luz de los reflectores, pues en cuanto se vio iluminado, la ferocidad del dragón creció y abriendo la boca, lanzó primero un imponente rugido cuyas ondas sonoras agrietaron el cristal de los reflectores así como las ventanillas de las máquinas voladoras, desestabilizándolas y luego lanzó fuego repetidas veces.

Extensas, gruesas e indetenibles llamas que los envolvió incinerándolos en cuestión de segundos.

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« Respuesta #13 en: Julio 25, 2016, 01:52 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (M)
« Respuesta #13 en: Julio 25, 2016, 01:52 pm »
Oops, tengo muy abandonado esto, pero ya volví  :lol:

N de Noche

Entre tanto, Viento alcanzó a controlar la caída antes de dar contra el agua, batiendo las alas vigorosamente y cuando se hubo equilibrado, voló bajo siguiendo el bote con Izaro adelante de él, dejando atrás una lluvia de fuego.

Desde la embarcación, Susana miró al dragón, el que elevándose en las alturas, pareció tapar por un momento la poca luz de la luna y la noche se tornó más oscura que lo habitual, pero ella sabía que era por lo que el dragón representaba.

Destrucción y muerte.

Simplemente ya no podía quedarse al margen y debía actuar, así que en cuanto llegaron a la orilla del lago, les informó al desembarcar.

—Debemos detener esto.

—¿Qué podemos hacer? —cuestionó su esposo, pero Susana se quedó en silencio.

¿Cómo decirle que lo necesitaba para detener todo eso? Temía por él, porque implicaba su vida.

—¿Y ese monstruo era un dragón, verdad? —preguntó ahora el esposo al no obtener respuesta.

—¿Un dragón? —inquirió Felipe sin dejar de palpar a Viento buscándole una herida o algo así, pero luego se volvió a su madre para reclamarle—. ¿Ves mamá? ¡Por meterme ahí abajo no vi a ese dragón! ¿En serio era un dragón?

Izaro se puso ante él y a señas le mostró cómo de feroz era la bestia, robando el desaliento del chico por sus cómicas muestras.

—Papá —habló Susana dirigiéndose a su suegro, pues así le gustaba que lo llamara, el que permanecía en silencio, meditativo— ¿Está lejos esa cabaña?

—Mmm, no, pero me parece que por ahora no seremos los personajes principales, ya alguien vino a robarnos el protagónico, ¿me equivoco?

Susana miró a través del lago y todos siguieron su mirada. A lo lejos, del otro lado del lago, pudieron ver el resplandor de las llamas que devoraban parte del bosque, continuando la devastación en la trayectoria del dragón hacia la gran ciudad.

—No creo que ninguno estemos a salvo con esa criatura volando por ahí —obvió María, estremecida hasta los huesos por las vivencias.

—Y es por eso que hay que recuperar el equilibrio —susurró Susana mirándolos a todos—. Esta noche muchos conocerán al monstruo de sus pesadillas y me temo que más criaturas pronto aparecerán.

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« Respuesta #14 en: Julio 28, 2016, 01:32 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (N)
« Respuesta #14 en: Julio 28, 2016, 01:32 pm »
Ñ de Ñango

—No quiero dormir —dijo Felipe—. ¿Qué tal si regresa el dragón?

Ya se encontraban en la cabaña, la que se escondía entre los árboles de un apacible entorno, así que sus nuevos aparatos, celular y tablet no servían para nada. La señal de internet se perdía en el bosque.

La choza estaba amueblada y tenía lámparas de aceite para alumbrarse. Habían llegado ahí entrada la madrugada después de caminar por senderos poco transitados ya que la vivienda había sido fabricada para aislarse del mundo, lo que le había gustado mucho a Don Fabián, pues le gustaba en ocasiones vacacionar lejos del bullicio y eso que la vida en la hacienda era relativamente tranquila.

—El dragón no volverá, Felipe, porque ahora está muy ocupado explorando este mundo, buscando una morada para él, puesto que no viene solo —respondió Susana, llevándose una mano al pecho ante el horrible presentimiento que la sobrecogía de preocupación.

Una sospecha que no estaba equivocada, porque en ese instante en la ciudad, podía verse un escenario escalofriante.

Gente aterrada corriendo por las calles para ponerse a salvo del infierno volátil que arrasaba edificios y casas por igual. Plañidos agónicos que parecían no terminar.

Los más arriesgados de la prensa haciendo tomas sin censura de personas quemándose vivas, en cumplimiento de reportar las últimas noticias a riesgo de sus vidas.

Enfocando también al feroz dragón que incineraba con su aliento todo a su paso, derrumbando incluso los aviones de combate más avanzados de la moderna tecnología humana, como el F-35 Lightning, aun al más silencioso, al F-22 Raptor.

No había proyectil que hiciera daño al inmortal, porque eso parecía ser el dragón y los bombardeos desde el suelo hacían menos, contribuyendo más bien a acrecentar la terrible ira de la bestia.

Así pues el asunto era horroroso. La batalla en el cielo era ensordecedora a causa de los proyectiles que explotaban al contacto de las llamas expulsadas de la enorme fauce y la agilidad del dragón para esquivar las balas era sorprendente, pero por si eso fuera poco, la pesadilla se convirtió en el apocalipsis cuando una gran llamarada que lanzó el dragón, comenzó a comportarse de manera extraña.

—¡Vean eso! —gritó la reportera que, junto con algunos camarógrafos, seguían la trayectoria del dragón desde un helicóptero—. ¿Está surgiendo de ese fuego otro dragón? ¡Oh, Dios, mío! ¡Creo que sí! ¿Están grabando eso?

Las cámaras hicieron tomas de acercamiento y bien se pudo ver como el fuego iba delineando la figura de otra bestia, emergiendo la serpiente alada del mismo color que las llamas, imponente por el tamaño, aunque más fina que el primero, siendo de seguro la hembra del dragón.

—¡Oh, Dios, mío! —vociferó de nuevo la reportera, su voz llena de un profundo y contagioso pánico— ¡Atrás! ¡Vámonos de aquí!

Pero fue tarde. La dragona lanzó una llamarada alcanzándolos... y fue lo último que los caza noticias vieron.

Sin embargo en la cabaña, el panorama era diferente y Santiago insistió a Felipe para que se acomodara por ahí y descansara, pues deseaba conversar a solas con su esposa. Tenía muchas dudas que ella debía aclararle.

Todos estaban cansados, así que las mujeres, incluida María, como Don Fabián, habían buscado donde recostarse para dormir, por lo que sólo Susana, Felipe, Santiago e Izaro estaban despiertos.

Afuera, en un pequeño estanque descansaba Urko y Viento se había echado en el porche frente a la puerta, así que la tranquilidad parecía reinar, pero el niño siguió en su empeño de no dormir.

—No has comido en muchas horas, Felipe —renegó Santiago ante la testaruda negación del niño, recordándole que se habían saltado la cena—, y ahora no duermes. Serás un ñango* si sigues así.

—¿Un ñango? ¿Qué es eso?

—Un flaco. Serás un flaco descolorido y débil.

Felipe sonrió divertido, luego respondió en su defensa.

—Tío, nadie se enflaca por saltarse la cena o no dormir una noche.

—De acuerdo, Felipe —intervino Susana apacible—, tienes razón, pero debes descansar, así que anda, a dormir.

Y la joven bostezó ampliamente, lo que hizo que Felipe también lo hiciera y finalmente aceptara.

—Está bien, descansaré, pero cuiden bien a Viento. ¿No va a escaparse, verdad? Ese dragón no le hará nada, ¿cierto?

—No, no se escapará y ya te dije que esa bestia no vendrá —respondió ella guiando al niño a un lugar apropiado para que se recostara.

Santiago miró con admiración a su esposa, porque a pesar de no pertenecer a su raza, se condolía y preocupaba por ellos. Susana era una hermosa joya y él era un canalla.

Miró ahora a María, dormida en la cama en medio de las dos sirvientas —la cocinera yacía en el suelo, sobre un viejo tapete—, y su padre se había recostado en el grande y descolorido sofá que de seguro tenía chinches, y al ver a su amante, lo bonita que era, no pudo menos que sentirse más culpable, preguntándose por enésima vez qué le había sucedido para traicionar a su esposa con ella, puesto que conocía a María mucho antes de conocer a Susana y jamás le había atraído de manera romántica. ¿Por qué ahora sí?

De pronto un juvenil rostro tomó desprevenida su mente.

Cleo. ¿Dónde estaba la joven sirvienta? ¿Y por qué al pensarla le causó un estremecimiento de temor?


*Ñango en México significa flaco y aunque la palabra es Ñango, donde crecí se suele decir: ñengo.

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« Respuesta #15 en: Julio 29, 2016, 02:44 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (Ñ)
« Respuesta #15 en: Julio 29, 2016, 02:44 pm »
¡Ooooooh! ¡Cuántos emoticos! ¡Genial, más qué genial!  :1f427: (Me gustan los pinguinos) Y... ¿es esto un gatito?  :1f431: Bueno, actualizo  :1f418: ¡Un elefantito!  :1f62e:

O de Ordinaria

Susana ayudó a Felipe a acomodarse en el sofá mediano, mirándolo con cariño, y el miedo de que algo le sucediera a ese niño tan encantador, la entristeció.

¿Qué había hecho? Bien le advirtió la consejera lo que sucedería al darle su amor a un humano. Confió tanto en él, que se cegó y no quiso ver las futuras consecuencias; ni siquiera las imaginó.

De pequeña, la consejera solía contarle una historia donde una de ellas había dejado su mundo al enamorarse de un humano y había sido muy feliz. También le había explicado que ese amor debía ser íntegro, leal, sin contaminación, algo que vivió la de su raza con ese humano, así que ella idealizó de igual manera su amor.

Por lo tanto, bebió del elixir prohibido, la sustancia mágica que le otorgaba la libertad de poder separarse de su árbol, pues las hadas de los bosques no podían vivir apartadas del árbol con el que se unían desde su nacimiento, aunque sí podían separarse de él unos cientos de metros, pero sin falta debían volver a éste si querían seguir viviendo.

Mas el elixir mágico les permitía una separación en distancia y tiempo indefinidos, produciendo una especie de hibernación en el árbol en su ausencia para que la vida de ella no se apagara lejos de él, sin embargo, había un doble y alto precio qué pagar, de ahí que también al brebaje se le conociera como prohibido.

Uno de esos pagos era que al beber la sustancia, no podía volver a su árbol a menos que el mortal all que se unió, muriera por causas naturales, además de que esa persona no debía saber quién era ella para proteger su mente, pues los hombres que llegaban a verlas tal como eran, parecían enloquecer, culpándolas de lanzarles poderosos hechizos, de ahí que casi nunca se mostraran a los ojos humanos.

El segundo era todavía peor, pues si la causa por la que se bebía el brebaje fallaba, todos pagarían las consecuencias, porque había leyes que jamás deberían pasarse por alto y la principal era no abandonar su árbol por amor a una criatura que no perteneciera a su mundo.

En su caso, esa causa —el amor íntegro que le debía su esposo—, había fallado y el equilibrio se había roto trayendo las conocidas condiciones, no obstante, había una manera de recuperarlo, pero esa forma era la que no quería emplear Susana.

Porque Santiago debía morir. El sacrificio de ambos, y solo porque era necesario llevarlo a cabo, era que podía volver a su mundo.

—Susana —susurró Santiago al ver que se había sumido en tal mutismo y por un momento pensó que se había quedado dormida, sentada al lado de Felipe.

Entonces ella levantó la mirada mirándolo con ojos vacíos y estremeciéndose, recordó cuando ella le pedía que no la dejara apagarse. Su triste expresión lo golpeó y alcanzó a comprender. Que el apagamiento de ella por su deslealtad, había producido la desgracia.

Si esa clase de traición en una pareja normal traía mucho sufrimiento, ¡cuánto más lo haría el que fueran de mundos diferentes! Entendió por qué ella le pedía que no pasara tanto tiempo con María. ¡Qué necio había sido!

—Lo lamento tanto —dijo con cuidado, porque Felipe, aunque tenía los ojos cerrados, no parecía dormir, pues su respiración no era como la de alguien que duerme.

Así que fue hasta ella y levantándola, la alejó unos pasos del sofá y luego la abrazó para susurrarle en el oído:

—Perdóname, mi amor. No sé qué me sucedió. Si tan solo hubiera conocido que estas serían las consecuencias de mi deslealtad, no hubiera obrado como lo hice.

Susana correspondió al abrazo y también en un murmullo, respondió.

—Tú no sabías. Si hubieses sido fiel siempre, jamás te hubieras enterado, porque debemos cuidar de no revelar a nuestros esposos humanos nuestra verdadera identidad, eso es para su propia protección.

—No lo comprendo, pero tú sabes. ¿Hay algo que podamos hacer para revertir todo esto?

—Ya no podemos revertirlo. El daño que se a hecho permanecerá, pero podemos recuperar el equilibrio.

—¿Cómo?

Se separó un poco para mirarlo amarga antes de informarle.

—Ambos debemos morir, Santiago.

El hombre tragó saliva. La estrechó y suspirando, inquirió:

—¿No hay otra forma?

—No.

—Quiero ver tu verdadera apariencia, Susana. ¿Qué eres? ¿Cómo eres? Porque supongo que esta forma ordinaria que tienes no es la verdadera, ¿verdad? Si hemos de hacerlo, quiero verte como en realidad eres.

Susana sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y se alejó un poco de él ¿Y si al verla como era, enloquecía? Así había sucedido con todos aquellos que las habían visto, porque las de su raza tenían una presencia muy poderosa. Además, su figura ordinaria era lo que él amaba, pues con esa forma se había presentado a él desde el inicio. Entonces Izaro se acercó a susurrarle algo, lo que iluminó su mirada y asintiendo, permitió que su verdadera imagen brotara ante la mirada de Santiago.

Y la de Felipe que, efectivamente no dormía, así que cuando Izaro voló alrededor del hombre iluminándolo, se levantó del sofá y se acercó a los adultos, observando como ahora el hada volaba en torno a él sin saber ninguno de los dos que era para proteger su mente ante el impacto de la nueva figura de Susana, quedando Eliv expuesta a sus sorprendidos ojos.

Así contemplaron arrobados a la hermosa driada de cabello largo en un rojo dorado, reflejándose ese color también en su piel, pues las driadas cambiaban su tono de piel y cabello dependiendo la estación del año, de esta manera podían camuflarse en el bosque pasando desapercibidas.

En invierno su tono de piel y cabello era blanco, en otoño tenían el color que mostraba ahora y en primavera y verano su piel era dorada con el cabello verde. De grandes ojos color violeta, rasgos delicados parecidos a los de las elfas, incluso las orejas en punta y un cuerpo delgado y ágil, poderoso, sinuoso, fino.

Sin duda lo más hermoso y fantástico que los varones habían visto.

Y Santiago, con su mente protegida y bien nítida gracias a Izaro, quedó naturalmente hechizado por tal ser, sintiendo como en ese instante el amor que había entre ambos parecía fortalecerse, por lo que convencido de lo que haría, musitó casi para él:

—Moriré por ti, amada mía.

A continuación se acercó a ella para besarla, pero antes de hacerlo, un ruido afuera los alertó.



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« Respuesta #16 en: Julio 30, 2016, 03:09 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (O)
« Respuesta #16 en: Julio 30, 2016, 03:09 pm »
P de Plan

Los cuatro salieron al porche y descubrieron que Viento había hecho el ruido al extender sus alas derribando una silla que estaba a un lado de la puerta, pero lo que más les llamó la atención, fue que el pequeño pegaso levitaba dirigiéndose al bosque.

Su blanco cuerpo podía verse en las penumbras, pero más allá de él poco era lo que se observaba, ya que la oscuridad era total en el boscaje, entonces de entre la arbórea, surgió la figura de alguien e Izaro se elevó en las alturas para formar una pequeña bola de luz y así iluminar al visitante.

Era una persona a la que Eliv reconoció, así que caminó a donde Viento se había detenido, unos metros antes del límite del bosque y tras ella Santiago y Felipe.

—¡No lo puedo creer! —exclamó Eliv, feliz de verlo—. Tahiel ¿eres tú?

—Soy yo.

Respondió Tahiel mirando a Viento, quien se acercó a él con total confianza y ambos presentaron un cuadro fantástico cuando el elfo lo acarició.

Porque sí, Tahiel era un alto y delgado Elfo, rubio castaño. Orejas en punta y rasgos finos, bellos, mostrando un cuerpo fuerte bajo el apretado atuendo que vestía; unos ajustados pantalones y túnica también estrecha, pero flexible, de mangas largas y cuello redondo; ambos de color verde oscuro. Calzaba botas altas y portaba en sus manos un arco, llevando en su espalda una aljaba llena de flechas.

Después el elfo dirigió su atención a las personas, deteniendo sus ojos grises en Eliv. Ella tal como era, sin esconder su naturaleza con el disfraz humano. Tan hermosa como siempre.

—Se parece a Legolas —le murmuró Felipe a Santiago, quien pretendió no darse cuenta del gusto que mostró su esposa al ver a ese ser— ¡Jamás creí conocerlo en persona!

—¿Qué haces aquí, Tahiel? —preguntó ella acercándose al elfo y abrazarlo para después darle un beso en la mejilla—. Sabes que está prohibido buscar a alguien que ha dejado por voluntad propia su mundo.

—Lo sé, pero ahora hay un poderoso motivo para hacerlo, pues todo lo que está sucediendo es culpa de Taliana. Un plan bien premeditado —informó en el idioma de los humanos, visiblemente dichoso por el recibimiento de Eliv.

Y Santiago sintió que un nudo se formaba en sus entrañas al ver la escena. La familiaridad entre el elfo y su esposa le pareció muy desagradable

—¿Qué? —Eliv no pudo escucharse más sorprendida— ¿Taliana? ¿Por qué ella querría hacer esto?

Y antes de que Tahiel respondiera, del bosque provino una risa, tan espeluznante que los estremeció a todos.

—Porque pertenece a la oscuridad y aborrece tanto a los elfos altos como a los humanos y su plan está funcionando a la perfección —dijo Tahiel preparando su arco con una flecha para apuntar al interior de aquella oscuridad, pero bien sabía que aunque tuviera el poder de la infravisión, no podría ver a Taliana.

Porque ella era una elfo oscura y ambos sabían muy bien que pertenecía a una raza mala, con mente retorcida, gustosa de hacer el mal, poderosa bajo el manto nocturno, aunque frágiles bajo la luz del sol, lo que les fastidiaba mucho.

—¿Por qué haces esto, Taliana? —gritó Eliv a la maleza oscura— ¿Qué ganas tú?

—¿Ganar? —se escuchó la voz, haciéndose visible poco a poco una forma de mujer—. Estoy cansada de ustedes, siempre rompiendo las leyes; haciendo estos tratos con los humanos, mezclándose con los inferiores.

—¡Cleo! —exclamó Santiago sorprendido cuando la reconoció.

Y al parecer, su intención era que los que la conocían con esa imagen la reconocieran, pues en cuanto lo hizo, su forma humana cambió y se hizo visible ante los observadores su verdadero aspecto. Una elfo delgada de orejas puntiagudas, piel morena y cabello largo, tan negro como la noche y sus ojos parecían ser dos profundos y oscuros pozos, perceptibles a pesar de las sombras, cautivantes y peligrosos.

—Así que tampoco eres de este mundo y tomando una forma humana, te infiltraste en mi casa haciendo que...

Santiago no pudo continuar por el aturdimiento al comprender todo el plan de esa mujer. Algo había hecho con él y María para que ambos decidieran traicionar a Susana. Y ni siquiera tuvo qué preguntar si ella había subido el vídeo al internet, porque era claro que sí.

—Pobres y débiles mortales, tan fáciles de manipular —Se burló Taliana riendo de nuevo sátira, y mientras la figura desaparecía haciéndose una con la noche, advirtió—: Ya es tarde, Elive. Tu mundo se está destruyendo con cada suceso que pasa aquí y cuando la oscuridad lo invada todo, entonces podremos andar en la superficie.

Y desapareció por completo en medio de su risa desquiciada.

—No entiendo cómo pudo exponerse al día por tanto tiempo —expresó Eliv al recordar a Cleo la sirvienta, yendo por toda la casa, atendiendo las labores domésticas. ¿Cómo es que no descubrió que era una elfo?

—Ellos también tienen sus pociones, Eliv —respondió Tahiel—. Y de alguna manera descubrió lo que sucedería si tú te apagabas. La oscuridad está invadiendo nuestro mundo. Esa es la mayor desgracia, pues muchas vidas dependen de la luz. Tu mismo árbol lo hace, si él muere, no habrá nada qué hacer. La mayoría de lo que hay en la superficie morirá y este mundo, el de tu esposo, será reemplazado por el nuestro.

—Y eso es lo que quiere Taliana —asintió Eliv pensativa—, que el de los humanos perezca y solo exista el de la fantasía. Sí que es un ambicioso plan.

 :1f42c: :1f42c: :1f42c: :1f42c: :1f42c: :1f42c:

Continuará :)



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« Respuesta #17 en: Agosto 01, 2016, 09:51 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (P)
« Respuesta #17 en: Agosto 01, 2016, 09:51 am »
Q de Quebrar

Ahí estaban.

Frente a un enorme y ancho precipicio; tan profundo que causaba mareos al mirar abajo.

Así que Santiago y Eliv retrocedieron de la orilla, pero Tahiel se acercó hasta el límite del borde y miró como buscando algo en la pared de piedra que se levantaba del otro lado, formando parte de una elevada montaña.

No había sido fácil llegar ahí.

Tampoco había sido grato para Santiago despedirse de su padre, el que ya no volvió a ver a su nuera, pues mientras Santiago volvía a la cabaña después de la llegada de Tahiel, para despertar a Don Fabián y despedirse de él —una muy dolorosa despedida que desprendió lágrimas por parte de los dos—, ella se introdujo en la maleza junto con el elfo, triste por irse así, sin agradecer en persona el cariño que su suegro le había dado desde que la conoció, pero estaba segura que él comprendería, porque era un hombre muy sabio.

Y Felipe a regañadientes, tuvo que seguir a Santiago.

El niño quería acompañarlos, pero de ninguna manera se le permitió, consolándose con Viento, el que se quedó a su lado, además debía cuidar a Urko.

Así emprendieron un largo y peligroso recorrido que duró varias horas a pie por el bosque, dirigiéndose al lugar donde estaba otra puerta, la conocida por los elfos altos y que Tahiel había utilizado para adentrarse al universo humano.

—¿Estás seguro que aquí está otra puerta a nuestro mundo? ¿No hubiera sido mejor ir a la del laberinto? —inquirió Eliv mirando con desconfianza el vacío oscuro del precipicio; completa oscuridad a pesar de los cálidos rayos del sol que hacía horas iluminaba la vida terrestre.

Luego miró a los lados notando que a kilómetros no había nada más que ese precipicio y detrás de ellos el bosque que habían dejado.

—Como sabes, Eliv, hay más de una puerta y esta es otra, así que tranquila, además, estoy seguro que en el laberinto ya hay custodios. Taliana y los suyos no permitirán que vuelvas para arruinar su plan y lo bueno es que son pocos los que saben la ubicación de ésta; solo los mayores de mi raza. Únicamente necesito abrirla. ¿Ven aquél sello?

—¿Sello? —preguntó Santiago mirando la pared por todas partes sin ver el dichoso sello— ¿Cuál sello?

—Ese de ahí, ese círculo —Lo señaló con la mano, pero Santiago continuó sin verlo, pues este era un pequeñísimo círculo, como un botón de camisa casi del mismo color de la pared—. Solamente lo tengo que quebrar.

Al escucharlo, Izaro comenzó a volar sobre el precipicio diciéndoles con eso que ella iría hasta la pared de roca a romper el sello, pero la voz urgente de Tahiel la detuvo.

—¡Izaro, no!

El hada se detuvo a varios metros del borde y miró brotar a todo lo largo y ancho del precipicio un extraño vapor azul que buscó envolverla, pero se devolvió alcanzando la orilla de nuevo, sin embargo no logró mantenerse en el aire, sino que cayó y si no llegó al suelo fue porque Eliv alcanzó a tomarla en sus manos mientras que los gases se disipaban.

—Son vapores venenosos, una trampa para proteger la entrada —explicó Tahiel acercándose a Eliv para examinar a Izaro—. Sólo se desmayó. Si la hubieran tocado, habría muerto.

Entonces tomó su arco, sacó de la aljaba una flecha y colocándola en el arma, la tensó y se preparó para disparar diciendo:

—Solo tengo un tiro. Si esta flecha da en el muro, pero no en el sello, esos vapores volverán a levantarse y saldrán contaminando un par de kilómetros al frente y a los lados.

 :1f308: :1f308: :1f308: :1f308: :1f308:

Continuará.


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« Respuesta #18 en: Agosto 04, 2016, 03:11 pm »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (Q)
« Respuesta #18 en: Agosto 04, 2016, 03:11 pm »
R de Roca

Santiago retrocedió al escucharlo, pues como él continuaba sin divisar el círculo, supuso que debía ser muy pequeñito, perdiéndose en la distancia, así que dudó que el elfo le diera.

Mas Tahiel, concentrado en el punto a dar, soltó la flecha y esta pasó veloz por el precipicio acercándose a la pared mientras Santiago retrocedía otros pasos, sin despegar la mirada del proyectil que parecía tardar en llegar, pero no era más que la ilusión que la ansiedad parecía darle.

La flecha llegó a su destino, clavándose en el botón a quebrar y al hacerlo, la fuerza del disparo traspasó la pared y ninguno de ellos vio su trayectoria, la que fue a través de una cueva oscura en donde volvió a impactar, pero ahora en algo parecido a una palanca, la que se movió como si tuviera una especie de censor produciendo un estridente ruido.

Y ese sonido llegó a los visitantes afuera, quienes miraron como se abría una grieta ancha en la pared semejando una puerta y del suelo de esta brotaba una brecha de roca, como una estrecha calzada que fue creciendo hacia adelante, alargándose sobre el precipicio y no se detuvo hasta llegar a la orilla donde estaban Eliv y compañía, tendiendo así un puente para pasar y entrar a las entrañas de la montaña.

Por lo que Tahiel fue el primero en dar el primer paso sobre el camino de roca y los venenosos vapores ni se asomaron. Fue entonces que Eliv y Santiago lo siguieron, el hombre sin querer mirar abajo y ella sí, maravillándose de la profundidad que parecía no tener fin. El que cayera ahí seguro moriría mucho antes de llegar al suelo.

Después, en cuanto entraron por el portal, el puente retrocedió volviendo a ocultarse en la pared y un nuevo sello apareció en el lugar del otro. También se cerró de inmediato la puerta y ahí quedaron, en medio de la completa oscuridad.

Sin embargo, Tahiel utilizó su infravisión para guiarlos, aunque Eliv podía ver un poco en la oscuridad, así que el único ciego ahí era Santiago, quien sujeto del brazo de su esposa, los seguía en completo silencio.

Silencio que terminó cuando al salir de la cueva después de andar por ella algunos minutos, quedó deslumbrado ante lo que vio.

—¡Cielos! —fue lo que pudo decir, con admiración.

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« Respuesta #19 en: Agosto 06, 2016, 08:47 am »

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Re:Una Historia Contada de la A a la Z (R)
« Respuesta #19 en: Agosto 06, 2016, 08:47 am »
S de Sílfide

El panorama al dejar la cueva era muy hermoso. Una ladera de montaña embellecido por el vuelo de hermosas mujeres que tenían alas como de libélula. Unas las tenían transparentes y otras manchas que irradiaban luces de diferentes colores. Sus rasgos eran suaves y las había de diferente color de cabello como el violeta, castaño, negro, verde, rubio y azul, todas luciéndolo largo.

Al nivel de la pendiente en la que estaban, llegaba la elevación de los árboles, un bosque cuyas raíces se arraigaban al pie de la montaña, extendiéndose hacia todos lados, teniendo del lado derecho un manantial de aguas termales, por lo que el vapor que de ahí brotaba, permitía el reflejo de los rayos del sol produciendo un arco de colores.

El lado izquierdo podía verse un campo de flores sobrevolado por pájaros pequeños y medianos de todos los colores, resaltando los azules y rojos en brillantes tonos y tanto pájaros, flores, arcoíris y mujeres daban un hermoso colorido al verde bosque.

Pero lo que más había llamado la atención de Santiago, eran las mujeres, las que podían observarse en su mágico vuelo gracias a que pasaban de árbol en árbol y de estos a la ladera, pues a ellas les gustaba vivir en las alturas, ya fuera en las copas de los árboles o en las altas montañas.

Había entre ellas un murmullo musical, porque sus voces eran entonadas y parecían cantar al hablar, un canto precioso que embelesó a Santiago, quien no pudo moverse cuando Tahiel comenzó a descender, siguiéndolo Eliv con Izaro aun protegida en sus manos, pues no había recobrado el sentido.

Entonces, mirándolo una de ellas, voló hacia él, pero Eliv volvió y parándose frente a él, le susurró:

—Sal del encanto, Santiago. Que la sílfide que viene ahí no note tu debilidad o te quedarás para siempre aquí.

Santiago parpadeó varias veces para salir del encantamiento, pero se le hizo difícil moverse cuando la bella sílfide se puso frente a él, en el aire, moviéndose con gracia y agilidad atrayendo a otras, mientras que unas más habían rodeado también a Tahiel, pero él era inmune a sus encantos.

La sílfide que había llegado primero a Santiago voló a su alrededor, acariciando con sus suaves manos su rostro, pero Eliv, poniéndose entre ella y él, dijo con una voz parecida a las de las sílfides, en el mismo lenguaje de Santiago.

—Es mi esposo y lo necesito.

—¡Ah! —expresó la mujer apartándose del hombre—. Así que eres tú. La que ha causado todo este caos.

Las sílfides que se habían acercado los rodearon, atentas a la respuesta de Eliv.

—Sí, soy Eliv y estoy aquí... estamos aquí para detenerlo. Él es Santiago, Tahiel el de allá y ella es Izaro.

La primera asintió mirando a Izaro desmayada en la mano y haciendo una señal, hizo que las demás se apartaran, luego dijo.

—Soy Kendra y nos hemos reunido aquí porque en algunos de nuestros territorios la oscuridad ya reina. Muchos fuimos a ver al hada de la luz, pero ella no puede combatir la eterna noche, es algo que la supera y muchas especies cuya vida depende por completo de la luz, agonizan sin remedio, además, los elfos oscuros están aprovechando la invasión de las sombras caminando entre estas para aniquilar a los más debilitados proclamándose los futuros gobernantes de este mundo.

—Lo siento —se disculpó Eliv con sentimiento, sintiendo el dolor de esas pérdidas.

Las sílfides eran criaturas del aire y estaban vinculadas con las ninfas y las driadas. Eran seres amigables y comprensibles.

—Yo lamento que lo suyo termine así —dijo Kendra, refiriéndose a la relación de Eliv y Santiago.

A continuación tocó con la punta del dedo índice a Izaro y esta despertó, notándose desorientada al querer volar, por lo que Eliv la mantuvo un poco más en su mano hasta que la pequeña hada recobró el equilibrio y con eso, las sílfides les permitieron partir.

Así que Santiago se dejó llevar por Eliv, todavía bajo el pasmoso efecto de tan bellas damas. En su vida jamás pensó ver tal cosa. Su imaginación al leer libros de fantasía era de verdad muy pobre.

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