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Expresión escrita / Re:Las Malditas [+16]
« Último mensaje por Snade en Febrero 18, 2019, 10:06 pm »
IV. Ahogada en silencio

Revisando el ático de casa en busca de un objeto perdido, Mika encontró su sorpresa inesperada, digna de huevito Kinder: Numerosas fotos de su infancia se presentaban ante ella en aquel viejo formato anterior a la era digital, cuando estaba de moda sacar fotos de bebés desnudos, y mandar a revelar el rollo por un desconocido que se reiría secretamente de ciertas situaciones plasmadas.

Fue pasando las hojas de los álbumes, y repasando vivencias que creyó haber olvidado; Una de ellas, que quería ignorar sin éxito, porque llamaba a su puerta todas las mañanas al despertar.

Envidiaba a Nagisa, su amargada amiga con un hermano mellizo. También la odiaba cuando menospreciaba las ocurrencias de Evolet, porque consideraba hasta insultante que no disfrutara el simple hecho de tenerlo a su lado, vivo.

"Si supiera", se repitió mientras analizaba la imagen nítida de su propio mellizo asesinado.

Michaela largó un suspiro y guardó todo, dejando las cosas en su lugar, tapando aquella caja de pandora con la manta polvorienta que la cubría antes de hallarla.

—¿Encontraste el costurero de tu abuela? — Preguntó la madre de Michaela, distraída con un trabajo de costura a medio hacer— Ay, Miki. Cambia esa cara, pareciera que hubieras visto un fantasma.

—Más o menos...

—Bueno, ¿Entonces?

—No lo encontré en el ático ni en ningún otro lugar de la casa. Revisé todo.

—¡Dios! No puede ser que se pierda todo por aquí. Seguro fue tu padre, tan desordenado que me saca de quicio.

Antes que se fuera, Michaela agarró la tela inacabada que su mamá arruinó con silicona caliente en vez de bordarla, todo por no encontrar el dichoso costurero. Quería llamar su atención, y logró captarla.

—Papá sí es desordenado, pero respetuoso.

>>Encontré los álbumes cuando Robby y yo éramos chicos. La fecha está cerca, y se me ocurría que nos concentráramos más en eso, disfrutar las fotos que en la manta; no está para verla...

La Sra. Watt frunció el ceño sin más, sin medir reacción. Arrancó la susodicha manta del débil agarre de Michaela, provocando que se rasgara un poco al estirarse el tejido de forma abrupta.

Michaela supo enseguida que esa conversación no iría más allá de sus buenas intenciones, finalizaría ahí, quedaría olvidada otra vez, sin tocar tema por ese día o el resto de su vida.

Tal vez era muy impaciente, pero no toleraba la idea de enterrar la existencia de su hermano, a pesar de que ya no se paseara por toda la casa anunciando con bombo y platillos que él rebosaba de energía; porque no podía hacerlo. Siquiera comprendía porqué cometió la estupidez de meterse con gente pesada, y por eso no podía ensuciar el plato que su mamá ponía sobre la mesa desde ese día, su trágica defunción.

¿Estaría carente de empatía? ¿O su dolor era menor al de sus progenitores? ¿Y si ella superaba a mayor velocidad los infortunios de la vida? Capaz ninguna anterior. Si algo aseguraba, era que supuraba tremenda frustración.

Trató de no azotar la puerta antes de irse. No iba a dar explicaciones, tampoco reprocharía nada. Decidió hacer una serie de cosas por su cuenta, sin ayuda, sin expresar su situación de forma muy abierta. Como era ella.

Compró lirios amarillos en la entrada de aquel cementerio. Inhalaba duelo involuntariamente, manteniendo sus pensamientos al margen, mente en blanco y rígida.

Uno, dos, tres pasos. Caminaba sobre el sendero típico de almejas molidas que predominaba en La Floral, presente ahí también.

Las esculturas elegantes de ángeles protegiendo las bóvedas de fallecidos estremecían cada fibra endurecida, peor al concienciarse de una macabra alegoría: avanzaba hacia la lápida de Robby, donde tarde o temprano ella iba a reencontrarse con él, estando tomado de la mano con la muerte; invitándola a emprender un viaje misterioso hacia otro lado ¿Dónde? ¿Hasta cuándo? ¿Siempre con esa figura aterradora en medio de ellos, incluso ya inertes en el mundo terrenal?

Puso los lirios en ese triste pedazo de tierra. No sabía qué decir, teniendo miles de palabras atascadas en la garganta.

Desde atrás alguien puso un simple ramo de dientes de león. Mika volteó. Era Amatista. Examinó esa cara gélida, inexpresiva, que podría asociar con la parca viniendo a cumplir su trabajo pendiente.

—¿No vas a decir nada?

—¿Qué quieres que diga? No soy de muchas palabras— Contestó Amatista, calentándose las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

—Estamos igual.

—No. Yo no tengo nada que decir, pero tú no expresas lo que sí quieres. A la larga eso es malo, nada agradable.

—¿Qué haces aquí? — Michaela se impacientó; no porque le cayera mal Amatista, si era su amiga, sino porque ella exponía sin rodeos sus sentimientos acallados, siguiendo el patrón inconsciente dentro de casa.

—Vengo todos los días. Mi manera de apoyarte, supongo...

>>En realidad quiero evitar situaciones que me causan frustración. La muerte me causa frustración, y peor cuando una amiga sufre así, sola; pasa a ser impotencia. No es bueno.

—No puedes solucionar la muerte.

—Nadie puede, y acá estoy. Estoy segura que es mejor acompañarte así, y sobrellevar esto juntas como amigas, en vez de dejarte sola y desesperada. Eso... eso es una muerte segura.

>>Te sigo desde el funeral. Vengo todos los días, diferentes horarios, tratando de encontrarme contigo. No puedo ofrecerte muchas palabras, solo un brazo firme, si te sirve.



Amatista inclinó un poco el hombro, encorvando su inmaculada postura casi exclusiva de un aristócrata con firmes estructuras protocolares, descubriendo el brazo, exponiendo más piel que en su normalidad diaria ocultaba con prendas de encaje bordado. Lágrimas ajenas deslizándose sobre su piel no iban a ensuciarla, o resquebrajar su fría finura. Eso parecía.

Mika se desarmó, poniendo una mano sobre sus ojos, y extendiendo una mano en dirección a Amatista, pretendiendo que ella correspondiera a su amague y abrazara el despojo que el duelo más jodido de su vida resquebrajó a una "Maldita". Y, obvio, aprovechó el reducido espacio que Amatista ofreció como desahogo.

Amatista correspondió, pensativa.

Se quedaron toda la tarde ahí, hasta que Michaela vació sus penas en forma de lágrimas sinceras y palabras enredadas, también contundentes cuando la tristeza se aplacaba por momentos.

Amatista fue capaz de ponerse en un papel sororo desde su posición femenina, complementándolo sin pena con su máscara social de "Maldita". No era un problema para ella mantenerse a raya cuando de fusionar -personajes- se trataba; no hablando de proteger desviando la atención, cambiando el foco principal hacia otro eje desvariado pero bien construido.

Ella tenía tanto miedo de perder a su gente importante, y tanto terror a experimentar ese dolor nauseabundo que contemplaba en su quebrada amiga, que pretendía servir tanto en la mesa de dios como del diablo; negando empatía en entera porción, fingiendo comprender la totalidad del asunto.

¿Y porqué? Porque su postura no tenía un solo término académico, denominación cotidiana, definición de diccionario o infinidad de explicaciones patológicas. Se resumía en un nombre: René.

Amatista le debía todo. Y ella, gustosa, era capaz de justificar sus fechorías en un retorcido secretismo.

Una parte de ella misma se reflejaba en Mika: Introvertida, espinosa, semi solitaria... Capaz a esa realidad le tenía miedo. La similitud de su naturaleza. Un espejo voraz, más claro que el agua.

Y René era lo que ella deseaba para sí: un espejo en el cual reflejarse, aun distorsionado, como artilugio de feria. Sabiendo que él fue el involucrado que provocó las penas eternas de Mika. A su vez, un anti héroe que le dio su merecido a su hermano abusador. Qué cosas.
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Expresión escrita / Re:Las Malditas [+16]
« Último mensaje por Snade en Febrero 18, 2019, 10:04 pm »
Me quedé sin notebook por años, hasta que pude comprar una. La historia sigue.

III. No se borra con el codo, ni se barre con el viento


Casi atardecía en la ciudad, y desde el puente de la mujer la espectacular paleta cálida se tornaba más intensa a menudo que los minutos avanzaban sin piedad.

Ese cielo cálido le recordaba a Nagisa que su existencia era el fragmento de un punto, flotando a la deriva, siendo llevada por los remolinos pícaros del fresco, pero que fulguraba intensamente. Sus inseguridades quedaban en el segundo puesto en comparación del rencor asesino que se alzaba en la cima del firmamento, convirtiéndose en una hoguera descontrolada; roja, anaranjada, amarillenta... arrasándolo todo.

Sueños e ilusiones no eran nada en su vida. Ella vivía de realidades, no se daba el lujo de construir castillos en el aire, sino plantando pies en la tierra, aunque esta acabara por tragarla y conducirla a sus desconocidas profundidades.

"Terreno rocoso, una montaña que sale de la tierra. Esa cima congelada toca el cielo".

―Evolet y su poesía de baño― Se repitió por enésima vez. Enésima vez parada en el concreto del puente, tres veces por semana, todos los años.

―La poesía de baño de Evolet... Juraría que si respetara la métrica clásica, aceptarías la creatividad de ese mellizo papucho que tienes. Dale un respiro.

―Tiempos pasados eran mejores.

― ¿Cuándo no sufrías trastorno obsesivo compulsivo?

―Cuando no sabía el significado del orden.

―Lo bruto nace de una roca craneal ¿Qué esperabas? Aún persistes con eso de los pies sobre la tierra.

Nagisa no pronunció palabra alguna ante su amiga postrada contra el barandal, una chica de facciones angulosas y cabello teñido de un naranja fantasía. Una bruja transgresora danzando graciosa en medio de su bosque profanado, sin quemarse, sólo disfrutándolo.

Leona no pertenecía a "Las Malditas". Fuera de Nagisa, una chica dual, asistiendo a un instituto privado sin tanto renombre; piernas de palo, cuerpo cuadrado desde su raíz y falda planchada, tabla por tabla. El resto, desastre en toda regla.

Así y todo, mejor amiga de Nagisa. Secreto sucio y casi tabú entre los miembros del grupo. Y también Leona era su propio enigma prohibido, vestido de mujer.

―Haría lo que fuera por cortar esa suciedad y torcedura, para siempre. No soporto compartir existencia con alguien dispersado, un tiro al aire, un irresponsable que deja hasta sus hijos tirados por otro roñoso de mente― La voz de Nagisa se atrofió un poco, gracias a su creciente angustia y sentimientos encontrados que surgían por el agrio recuerdo de su padre. ¡Quería escupirlo!―. Cumpliendo sus fantasías aireadas, apoyado por otra masa de mentes raquíticas, enfermas, abandonó sus proyectos seguros de vida. Y aquí yo, ordenando sus desastres. Libertad y una mierda...

―Lo único que no puedes organizar y escapa de todo tu control.

Leona suspiró y bajó la mirada a sus pies, frustrada.

―Lo único que no puedo volver a poner en su sitio, porque me ganaría una demanda de esa comunidad homosexual disparatada. Tal vez años de cárcel por romperles la cabeza.

― ¿Y si te dijera que tu padre usa minifaldas en vez de una camisa dentro de sus pantalones? Digo, una falda lisa se ve hasta presentable.

―Ya nada me sorprendería. Igual no disminuiría mi odio hacia él, al contrario.

>>Una falda planchada no camufla su desvío. Una cosa no quita la otra.

Los naranjas se disolvieron. Fríos azules acompañaron la faceta final de la melancolía lapidaria de Nagisa, congelando las laderas de sus montañas emocionales, no permitiendo que todo resentimiento subiera a la cima, y ella quedara intacta, sin contaminar la pureza no explorada del arriba y continuara sobrepasando las nubes grises, reverenciando un cielo libre, sin ataduras, esperando el abrazo de ella, su no consentida enemiga.

―Debo irme. Ya oscureció. No te quedes sola más tiempo, vuelve a casa y toma algo con ese papucho de abuelo que tienes.

―Adiós...

Leona, alejándose de la escena, escondió expresiones alegres habituales.

¿Cuánto tiempo serviría darle la espalda sin recibir un cuchillazo mortal? Ahora se salvaba, porque la verdad no salía a la luz. Pagaba el daño de un tercero, asumía la culpa de Jun Kawamori, y no podía recriminárselo.

Deseaba con todo el corazón restaurar el equilibrio degenerado por el dolor de esa señorita. Irónico. Ordenarla a ella, reina del metodismo indudable.

Recuperaría a Nagisa, travestido o no. Leona o Leon.

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Minijuegos / Re:A mi me descuidan dos segundos y...
« Último mensaje por Estanison en Diciembre 06, 2018, 07:09 am »

A mi me descuidan dos segundos y...
Procrastino de nuevo.
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Minijuegos / Re:Di lo que quieras o....Muere!
« Último mensaje por Estanison en Noviembre 19, 2018, 07:30 pm »

Lo piensas mucho... Y al final no haces nada.
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Minijuegos / Re:Di lo que quieras o....Muere!
« Último mensaje por Misha-Chan en Noviembre 09, 2018, 11:59 am »
Pasé como una hora intentando recordar la contraseña de esto.
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Gamer Zone / #NewsGamerIN_ShortVersion #PlusModeRT #RTesumen [NOVIEMBRE 2018]
« Último mensaje por Estanison en Noviembre 02, 2018, 01:57 pm »

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